jueves, 14 de agosto de 2014

Hugh Benson, Cincuenta años después. Por Shane Leslie (1885-1971) The Tablet 21/11/1964

Algunas consideraciones:
         Shane Leslie (hasta antes de su conversión John Leslie, tercer baronet de Glaslough, Monoghan) fue uno de los conversos más importantes de Benson en su época de Cambridge. No me cabe duda que el autor de este artículo, ya bien entrado en años, habla desde el corazón, un corazón que ha visto pasar dos guerras mundiales y en ellas a muchos de sus amigos morir. Por estos días se han recordado los 100 años del inicio de la Gran Guerra que marcó a una magnífica generación que quedó muy dañada espiritual, psicológica y físicamente. Este hombre pertenece a esta generación de grandes conversos: Knox, Benson, Sassoon…
Tiene además de artículos en The Tablet y de una mención en su autobiografía,  un librito que escribió con otros amigos de Monseñor Benson, titulado “Memorials of Robert Hugh Benson” y él personalmente es el autor del capítulo dedicado al Apostolado de Benson en su época de Cambridge, a su regreso de Roma. Se nota al leer este libro y todos los demás escritos sobre Benson,  el gran aprecio hacia el hombre que lo condujo a la Ciudad Eterna y el dolor que le causó la inesperada pérdida del amigo cura.

         Dios mediante me dedicaré durante estos meses que quedan a recordar no solamente los 100 años de la Gran Guerra, sino además los 100 años de la muerte de Benson. Iré publicando – Dios mediante - algunos artículos periodísticos de aquellos años que dicen relación con la conmosión que causó su muerte,  y además algunos aparecidos en los años posteriores.  
Beatrice.

Hugh Benson, Cincuenta años después, por Shane Leslie

The Tablet 21/11/1964

¿Cuánto tiempo sufre el corazón de un hombre viejo la pena o el duelo por la muerte del querido amigo hasta que se apaga la tranquila nostalgia y finalmente desaparece? Cincuenta años parecen ser suficientes, especialmente después de todas las pérdidas que mi generación ha sufrido. Me he encontrado a mí mismo recordando a su vez la muerte de los ancianos, de los de mediana edad y muy a menudo a los jóvenes del pasado.

Hace cincuenta años atrás Hugh Benson, mi amigo de los días de Cambrigde murió demasiado repentinamente, y pienso que jamás me he olvidado de su encanto y carácter. Una imprevista primera visita a su tumba en Hare Street en una remota esquina de Hertfordshire ha renovado la antigua puñalada, y todos aquellos años han sido desenrollados como una cortina esta misma semana.

Si él hubiera sobrevivido, ahora sería un hombre viejo, quizás ya no reconocible por ser el joven y ferviente que acarreó tanta excitación, entretención y fuerza espiritual a aquellos que lo amaron, ambos hombres y mujeres, y que por entonces – pienso – éramos tan o más jóvenes que él.

Tuve la oportunidad de acompañar a un grupo de jóvenes de Cambridge en una peregrinación a su tumba, en una  calle solitaria cerca de Buntingford. En la campiña, antes tan reconocida en bicicleta o a pie, la vida de los setos y de las aves parece haber sido reducida. Los amplios campos se han ensanchado hacia el horizonte. Los pequeños villorrios han perdido algo de su aspecto rural y ruinoso. El tractor, las máquinas e incluso los motores en cualquiera de sus formas eran, por aquel entonces, desconocidos. El caballo está extinto y solamente el magnífico follaje del otoño sigue siendo tal cual era en Octubre de 1914.

Aquí en la huerta junto al camino Hugh Benson fue enterrado en medio de una veintena de enlutados amigos. Éstos hubieran sido más si la Primera Guerra no  hubiese arrojado a tantos de ellos hacia nuevas rutas y ocupaciones. Pero el Cardenal Bourne con sus clérigos y un pequeño coro de Westminster marcaron la ocasión. Ahí estaban presentes los vecinos y algunas devotas señoras que se habían establecido en el villorrio.

Capilla en memoria de R.H en Hare Street House, foto del padre Nicholas extraía del blog
romanmiscellany.blogspot.com 
Únicamente unos pocos años antes por casualidad Benson había mejorado esta pequeña mansión. Parecía indeseable e invendible. Parecía una compra barata, pero existía la feliz sospecha de que estaba embrujada. En cualquier caso el narrador de historias de fantasmas e investigador de apariciones insistió en que esto era cierto. ¿Quién puede leer la Luz Invisible o el Espejo de Shalott sin saber cómo el escritor creía y sentía acerca de esta materia?

Todo el campo ha cambiado mucho. La solitaria tumba está coronada por una encantadora y juguetona iglesia, tal como a él le hubiera deleitado jugar con ella. Aquellos que conocieron y amaron a Hugh pensaban en él como en un niño. ¿No sonrió Pio X cuando Hugh le preguntó si podía decir la misa en Tremans,
Tremans, Sussex
 la casa familiar, y agregó a su apostólica autorización: “Pero tiene que pedirle permiso a su madre”, la viuda del Arzobispo de Canterbury?

A esta pequeña iglesia entramos por primera vez para escuchar a Monseñor Gilbey decir la misa de Requiem por este aniversario. En medio de la maciza piedra gravada de la sepultura y en pequeño altar se alza un hermoso velo (reja, rood-screen, n. de tr.):
Rood-screen de la capilla de R.B. Benson, foto del padre Nicholas
el amoroso deseo de todo ritualista, altos eclesiásticos y conversos de aquellos días. El velo fue nuestra prueba: a través de todo el este de Inglaterra y Fenland no hubo ninguna iglesia antigua despojada que no tuviera rastros de velos o gradas que condujeran a algún olvidado crucifijo en un pasado católico.

Este sagrado memorial  existe gracias a la acción de la señorita Lyall, quien con algunos otros viven en casas de campo restauradas y esperaban de este modo prestar un servicio a su idolatrado sacerdote. Al final, Hugh solamente habría pasado una o dos semanas seguidas aquí. Siempre andaba corriendo a través de Inglaterra para predicar sermones o tomar parte en las misiones – incluso fuera en América, donde él fue aclamado como un prima donna. Ciertamente fue el único sacerdote inglés  de entonces y de siempre que tuvo un éxito salvaje en los púlpitos americanos.

Su hermano Arthur construyó la Lych-gate en memoria de su hermana Margareth. Toda esta esquina pareció cambiar, y ni la casa ni el jardín parecen embrujados. Hugh dejó todo el terreno a los arzobispos de Westminster para que se convirtiera en un lugar de descanso para los fines de semana…su villa para necesarias vacaciones. La pequeña cervecería a la cual Hugh transformó en su capilla y talló y labró como su especial juguete está ahora convertida en un lugar para la basura. Solamente la escalera de la casa conserva el recuerdo de su cincel y de sus activas manos. Los establos se convirtieron en garajes, y Hare Street House, que ha pasado de arzobispo en arzobispo,  se ha transformado en una plácida residencia suburbana, como sería del agrado de la literatura de algún agente inmobiliario.

Pero no podía ser de otra manera. Alguna vez fue un juguete y un sueño, y el soñador ha encontrado la manera de jugar en el Paraíso.

 

 

 

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