domingo, 18 de octubre de 2020

Las Cartas de Roma, por Monseñor R. H. Benson (2)

 Nota de la Traducción: al cumplirse un nuevo aniversario del fallecimiento de Monseñor Benson este 19 de octubre publico la segunda parte y final de las cartas de Roma. No tiene desperdicio que las lean, añorarán sin duda haber estado en la Roma de San Pío X.

                                                                        Las Cartas de Roma (2)

Sobre el día de Navidad:

(viii) “La Misa de medianoche aquí en San Silvestro in Capite fue hermosa la noche pasada. Detrás del altar mayor hay una puerta, de alrededor de cuatro pies de alto, abierta hacia una pieza pequeña donde las monjas suelen oír la misa. Esta habitación estaba convertida en un establo, con una escenografía de un cielo azul, con nubes y árboles detrás, y un techo de madera encima con enredaderas y un pequeño pilar como muro sujetándolo. Al frente un gran fardo de paja con el Niño santo recostado sobre él con los brazos extendidos, y todo envuelto con una luz brillante. Estaba realmente hermoso, y había una orquesta con un arpa en el lado oeste de la galería. Esta mañana, después de la Misa cantada, el sol súbitamente hizo brillar el oro del altar y al Niño que yacía en el portal. Repentinamente todas las velas se volvieron amarillo ahumado.”

Uno ha visto este efecto una docena de veces, pero es necesario que Monseñor Benson lo exprese:

“Ayer después de mediodía fui a Santa María la Mayor, y escuché una parte de las Vísperas y vi la Cuna expuesta en su relicario de cristal y plata. Y luego ¡fui a la Iglesia Armenia Unida a la Misa de las 4 de la tarde! Fue todo muy raro, con música y matracas bárbaras; con las palabras de la Consagración cantadas en voz alta y un velo blanco que súbitamente corrió por el altar después de la Elevación, mostrando al celebrante detrás de una especie de neblina, y luego una vez retirada el sacerdote ¡estaba usando una corona con joyas! Sin embargo, esto da un gran sentido de catolicidad y está completamente en contra de la idea de que Roma tuerce todo a su propio estándar.

Santa María Mggiore
Santa Maria Maggiore

“Esta es la mejor Fiesta de todas, ¿no estás de acuerdo? Dios viene a nuestro nivel, mientras que nosotros tenemos que aspirar a Él. Supongo que es por esto por lo que es más popular. Aquí la Iglesia aún es un hormigueo de gente, con un tintineo continuo de las campanas hasta mediodía desde no sé qué hora desde esta mañana. Por supuesto que todos los sacerdotes están diciendo sus tres Misas hoy, y la devoción de la gente va más allá de toda descripción, y creo, en realidad, que especialmente es la de los hombres, quienes forman la mitad, si no más, de toda la feligresía del mediodía. Cada uno trae su propia silla y reclinatorio, y se plantan donde les place, en cualquier ángulo, apuntando en dirección a cualquiera de las misas que les guste. De pronto uno se encuentra con gente arrodillada en línea recta frente a uno y comenzando a escuchar esta misa. Casi todos los fieles escuchan las tres Misas de ese día. Yo estuve observando a un hombre muy bien vestido esta mañana, cuyos labios se movían incesantemente; y a otro, un niño campesino de pelo ondulado absolutamente extasiado e inmóvil arrodillado sobre las piedras, con su cara oculta, creo, durante una hora y media. ¡El sentido de reverencia está más allá de cualquier cosa que yo jamás haya soñado fuera del cielo!

Esta mañana un niño me siguió desde fuera de la iglesia y de pronto tomó mi mano y la besó,  tal como aquí hacen ellos a los sacerdotes. Me temo que esperaba un regalo de Navidad, ¡pero fue una conmovedora manera de solicitarlo!”

El padre Benson fue a Nápoles para la época de Navidad. A los que les gustan las imágenes de las palabras recordarán una o dos frases de uno de sus libros, describiendo las flautas de los pastores delante de una imagen de marfil de la Madre de Dios mientras atravesaba la bahía temprano en la mañana. El Vesubio yace “enorme y violeta” frente al rosado amanecer. Continuando con la carta dice abajo:

“La religión napolitana es maravillosa, una devoción muy intensa, combinada con muy extraña manera de comportamiento. Fui a Misa y a comulgar esta mañana y la gente estaba rezando en voz baja durante la comunión y cuando entraban. Y ahí estaba la más notable imagen que yo nunca había visto: ¡Nuestra Señora vestida en seda azul con un pañuelo de encaje en la mano!”

El padre Benson evidentemente no había estado aun en Mantua, donde en la gran Iglesia de San Andrés Nuestra Señora de los Siete Dolores todavía tiene un pañuelo de encaje y está vestida con un muy elaborado y ajustado vestido de terciopelo negro, adornado con diamantes y un ¡collar de Medici!

En otra carta de Nápoles donde se deleita con el pensamiento de toda la creación, animada e inanimada,  siendo atrapado y  absorbido por la Iglesia Católica como medio de hacer honor y gloria al Divino Creador en la belleza y en el esplendor, el padre Benson dice:

(viii) “Esta mañana había un gato sentado sobre el riel del comulgatorio al momento en que la Sagrada Comunión estaba siendo dada. A nadie le llamó la atención. No parecía estar fuera de lugar, ¿no parece bastante loco?”

(ix) “ Ahora déjame hablarte un poco más sobre Roma, y todo esto te concierne a ti. Primero que están los servicios de la octava (Epifanía). Estamos aquí teniendo, como creo que ya te conté, la mayoría de los ritos Orientales. Son muy curiosos y algunas veces grotescos. Existe la extraordinaria costumbre de hacer sonar varillas largas sobre el altar, que tienen las cabezas tintineantes, y que tienen como fin mantener a las moscas alejadas del Santísimo Sacramento y del sacerdote. En alguno de estos ritos el sacerdote usa una especie de corona imperial después de la consagración y en muchos de ellos la comunión se da en las dos especies. Todo esto es una sorprendente muestra de la catolicidad de la Iglesia. No existe la opresión del individualismo del cual la Iglesia es a menudo acusada. Hay aquí un maravilloso predicador italiano, con una hermosa articulación, muy agraciados gestos y extraordinaria pasión, y la iglesia está todos los días repleta. Desearía poder seguirle, pero todavía no sé el suficiente italiano."

San Silvestro in Capite

“[San Silvestro in Capite] es una iglesia hermosa. Me gustaría poder describírtela. Primero, tiene la típica arquitectura italiana y está cubierta por todos lados de frescos y unas pequeñas galerías a la izquierda con un enrejado a través del cual uno escucha algunas veces la Misa. A lo largo del final de la galería es para el coro y los músicos. Tiene cuatro capillas a cada lado y un amplio descanso con cuatro o cinco peldaños para subir al altar mayor.

“Temprano en la mañana hay ahí mucho movimiento en la Misa y en la Meditación…Yo siempre me adentro en una de las capillas frente a donde está reservado el Santísimo Sacramento y donde se dicen la mayoría de las Misas. Excepto por las velas es muy oscura. La Misa continua en dos o tres altares a la vez y generalmente presencio el final de tres o cuatro consagraciones y cerca de dos Misas completas, y así continúa  desde las cinco y media hasta las ocho. Luego el amanecer comienza a entrar sigilosamente, y más y más gente llega y uno los ve arrodillarse por todos los ángulos. Algunos están sentados, otros de pie atendiendo a los distintos altares. Tienen el extraordinario poder de seguirlas perfectamente aún sin un misal, según parece, en profunda oración. Uno no esperaría esto salvo de los religiosos o de la gente que tiene un entrenamiento especial, pero supongo que eso es la más elevada forma de oración para aquellos que pueden hacerlo. Parecen haber avanzado bajo la superficie hasta el silencio de la Gracia, y la Misa Rezada es exactamente el culto que lo ajusta y lo hace fructificar. Uno siente que el mundo en su totalidad está en una especie de intranquila e inútil actividad cuando se capta donde está el alma de estas personas. Todos los gritos de la calle y hasta la expectación de escuchar que la guerra se declara [Enero de 1904] y el correo inglés, todo esto parece tan externo y superficial. Porque justo aquí abajo, si se pudiera llegar ahí y detenerse, está la realidad.

Sin embargo, me parece que este es el lugar donde quienes somos católicos realmente nos conocemos el uno al otro, a los que ya partieron y a Nuestro Señor; y que Roma, Woodchester, nuestros propios hogares y el mundo entero están justo aquí. Si pudiéramos hacer un solo esfuerzo más y llegar ahí, y que la Misa que un sacerdote dice no es otra Misa, sino la misma como la que el Padre ________ dice en Inglaterra y la que un desconocido sacerdote dice en Australia.

Bueno me temo que esta es una carta triste, pero mi única excusa es que justo ahora no estoy bien del todo…Sabes que no es por la falta de una felicidad y gratitud intensa en mi corazón que no puedo poner todo por escrito. Debo dar lo mejor de mí para compensar, agradeciendo a Dios más y más por todas las grandes gracias que Él te ha dado.”

(x) “Para nosotros esto es tan inexplicable, cuando hemos tenido la gran gracia de entrar en la Iglesia y cómo los demás no lo ven también…esto es inexplicable, eso es el final de todo. Pero justamente porque estamos en la certeza total del catolicismo, podemos morar en la vida común en Cristo que nosotros, los del Cuerpo de Cristo, compartimos con aquellos que son de su Alma.

A mí me parece cada vez más que pronto habremos convencido a nuestros amigos que tenemos el corazón entero y fiel en nuestro catolicismo, y que podemos, después de todo, fijarnos más en lo que tenemos en común con ellos que aquello con lo que diferimos. Es realmente horrible escuchar a veces a los viejos católicos hablando de todos los que están fuera de la Iglesia como Anti-Cristo, y a mí me parece que quizás uno de los más grandes trabajos que nosotros los conversos podemos hacer es mostrarles a los viejos católicos que nuestra vida fuera de la Iglesia era real y cristiana, aunque equivocada e imperfecta.”

(xi) “Esta mañana recé por ti bajo excepcionales circunstancias, justo después de recibir la comunión de manos del Papa. Alrededor de unas cincuenta personas asistimos a la misa en su capilla privada en una pequeña habitación abierta donde nos arrodillamos con el altar a la vista. Dijo la misa con tal simplicidad y humildad como lo haría un cura rural. No necesito decirte lo conmovedor que fue y todo lo que significó para mí. ¡Hace un año en un domingo como éste yo comenzaba mi misión en Cambridge! No hay mucho que describir en cuanto a la Misa. Imagina una inmensamente alta habitación tapizada con gobelinos rojos adamascados; una puerta de doble hoja y un gran altar de oro justo delante de la barra para comulgar y un santo, simple y viejo sacerdote con un rostro cobrizo cubierto por una casulla con joyas y una capa blanca y tres acólitos de blanco y escarlata sirviéndole, con un silencio de ultratumba, roto por el suave rumor de una voz algo patética. Él nos dio a todos la comunión personalmente.

(xii) “Te estoy enviando dos hojas, realmente Valentinas, porque ellas provienen de la capilla-catacumba de San Valentín en su día. (Por favor dale una al Padre__________.) Fuimos a escuchar la Misa ahí, cantada y ejecutada por los Padres Palotinos y sus estudiantes. La capilla-catacumba se abre a través de una puerta en la ladera de una colina, y las mismas catacumbas se abren en pasadizos en el mismo nivel hacia la izquierda, pero se han echado a perder porquelos Agustinos, quienes las convirtieron en celdas aparentemente, no terminaron lo que estaban haciendo…”

“Pienso que los [nacidos católicos] tienen la idea de que la mayoría de los clérigos anglicanos predican una especie de calvinismo en traje negro, y que precisamente unos pocos tontitos jóvenes  se colocan estas vestiduras algunas veces como una especie de “broma” detrás de puertas cerradas. Me parece que cada vez más que el primer paso para convertir es borrar este tipo de malentendido. La conversión de Inglaterra no podrá tener lugar hasta que Inglaterra sea comprendida. Toda la posición de los hombres de la High Church se asemeja a la de los viejos católicos: completamente insincera, y no puede ser considerada de buena fe, se hace más posible comprender su error al ver por sí mismo qué extraña posición es. ¡Ayer de nuevo leí los Treinta y nueve Artículos! Y me parece tan raro cómo los pude haber firmado (tal como lo hice y como miles lo están haciendo hoy) con una absoluta buena fe y sinceridad…”

“…El Miércoles de Ceniza estuvo muy conmovedor en San Juan de Letrán, donde fui por puro aprecio a John Inglesant, quien recibió las sagradas cenizas ahí. Qué maravilloso libro, es respecto a la vida interior.”

En Pascua el padre Benson escribe:

(xiii) “Aquí hay tanto por decir que uno no sabe por donde empezar, pero supongo que lo más importante es la Misa del Papa en San Pedro.”

San Pío X

“¡Fue sobrecogedor! La iglesia entera estaba empedrada con cabezas y sobre este enorme pavimento llegó el enorme dosel con la gran figura con joyas bajo él y los solemnes seguidores saludándolo detrás. Fue uno de los más vivos momentos. Al frente venía una interminable hilera de mitras avanzando a lo largo. Entonces el canto llano fue como una enorme intencionada voz hablante que de vez en cuando, gritaba en ese imponente lugar. Y desde luego, el gran momento final fue en la elevación, con un silencio de ultratumba, roto solo por las trompetas de plata exultantes en el domo. Esto da la sensación de una extraordinaria consumación: el Vicario de Cristo ofreciendo a Cristo, en el centro del mundo, con los representantes de todo el mundo cristiano ahí, y los ángeles resoplando las trompetas en lo alto. Uno siente como si todo lo que era importante o real estuviera enfocado ahí. Y luego, la procesión saliendo nuevamente en silencio y de vez en cuando, las trompetas resoplando por todas partes. Nosotros también fuimos hacia fuera y toda la piazza era una multitud negra…Justo en ese momento tuvimos el scirocco, y densas nubes y truenos y un blanco resplandor sobre todas las cosas. Lo más cansador y para poner a prueba al temperamento. Los ingleses pululaban por todas partes con rojas guías Baedekers bajo el brazo.”.                    .                .                   .                    .

“Han comenzado a llegar de nuevo las pruebas del libro de las Devociones de la Pre-Reforma y es simplemente una alegría corregirlas. Sin embargo, estoy tremendamente apenado de que a los católicos no les importe este libro. Es demasiado Sajón y precisamente palabras como “amistoso” por el momento no están permitidas. Pero estoy seguro de que a ti te gustará. Las devociones son una extraordinaria mixtura de pasión y moderación, de fuerza y delicadeza…Esta es una carta melancólica, estoy atemorizado por la tormenta y el leve estado febril son responsables. Tiemblo al pensar en los calurosos meses que vienen.”

Desearía que fuera posible reproducir, en el texto de la siguiente carta, la delicada esquelita de un hermano lego Benedictino con una larga escoba ilustrada en el original. Tiene cerca de una pulgada y un cuarto de alto, y es absolutamente fiel a la realidad, a pesar de la propia crítica del artista. La carta fue escrita desde San Anselmo.

(xiv) “________ _______ y yo hemos pasado un encantador tiempo en este monasterio Benedictino, en un retiro. Por lejos este el  mejor retiro que he tenido desde un punto de vista subjetivo. No hay reglas, ni direcciones y hacemos exactamente lo que queremos. Nos levantamos cuando queremos, rezamos mucho tiempo, cuando y donde queremos y, en consecuencia, es una especie de anticipo del Paraíso. Los benedictinos irradian tranquilidad y amor a Dios, y tienen sentido del humor y nos proveen de baños fríos. En realidad, no se me ocurre qué más esperar. Es un monasterio nuevo, muy grande, con una Iglesia-Abadía muy alta, con una avenida de encinas y lagartijas; con una colina azul a la distancia y viñedos por todos lados; con grandes habitaciones, frío mármol y escaleras. Cantan como los ángeles y su ceremonial es ideal. Esta tarde tuvimos vísperas pontificiales y ellos las hicieron como si (y es verdaderamente así) lo más importante del mundo fuera orar bien a Dios. Sentí que ahí estaba la plenitud del tiempo y del espacio. Tengo una galería en el techo toda para mí.”

“Hay unos encantadores hermanos legos que parecen gnomos (he dibujado mal el hábito, pero por supuesto te dará una impresión general) que le hacen a uno la habitación, barren el lugar y uno de ellos me subió tu carta esta tarde.”

.              .                  .              .             .               .

“Siento que podría retirarme aquí para siempre. Propiamente hablando cada uno es de diez días, pero espero que acorten los otros; ya que treinta días de retiro en seis semanas es bastante largo. Pero no me importa si por último ellos no lo hicieran…No he visto nada como Mirfield desde que me fui y eso era el Cielo…”

“Mi primera Misa ciertamente va a ser sobre el cuerpo de San Pedro. Pero las fechas son absolutamente inciertas hasta el momento. Te lo haré saber lo más pronto posible, cuando yo lo sepa…La manera italiana es así:  aspirar un poco de tabaco cuando se les pregunta por alguna cosa y decir: “¡Fa´niente, el tiempo fue hecho para los esclavos!”

“Tu relato sobre el religioso francés y la Salve Regina es de lo más conmovedor. Pero qué espléndido es que Inglaterra le diera refugio. Es una especie de acto de reparación para Tyburn, y puede brindar inmensas bendiciones…”

“Me temo que a los viejos católicos no les gustará mi “Libro del Amor de Jesús”. Su gusto por el inglés está completamente corrompido por las modernas oraciones latinizadas, llena de palabras como “amigable” “condescendencia” “fervor” y así. Se necesita ser educado en el Book of Common Prayer para saber lo que la lengua inglesa puede significar en la oración. Sin embargo, espero que los conversos y los anglicanos comprarán el libro….”

“…Esta es una carta muy inapropiada para estar escrita en un retiro, y temo que las personas piadosas la llamarían “des-edificante”. Pero no puedo hacer nada y no tengo tiempo para escribir otra.”

Cualquier comentario acerca de estas maravillosas cartas ciertamente sería muy “des-edificante”, aunque hay mucho acerca de lo cual el corazón arde por decir. Sin embargo, Monseñor Benson siempre y en cualquier momento escribió la más conmovedora descripción de la Misa del Papa en San Pedro por Pascua que yo, por mi parte, nunca he visto.

La carta de San Anselmo fue escrita en mayo de 1904. El padre Benson fue ordenado sacerdote en la Fiesta de San Antonio de Padua el 13 de junio. Después dijo su primera Misa, no sobre el cuerpo de San Pedro, sino sobre el altar de San Gregorio en la Colina Celia y regresó a Inglaterra.


domingo, 4 de octubre de 2020

Las cartas de Roma, por monseñor R.H. Benson (1)

 La presente traducción corresponde a la primera parte del capítulo de Las Cartas de Roma de monseñor Robert Hugh Benson. Estas se encuentran en el libro publicado en forma póstuma titulado "Spiritual Letters of Monsignor R. Hugh Benson to one of his convert" (Cartas espirituales de R. Hugh Benson a uno de sus conversos) y contienen una colección de cartas que monseñor envió a este converso suyo en un periodo que van desde el final del periodo anglicano de Benson, es decir, noviembre de 1902, hasta junio del año 1914, año en que murió. 

Mi idea es poder traducir el libro en su totalidad, pero no quiero hacerme de falsas expectativas ya que también estoy traduciendo Initiation, y la verdad es que a veces el inglés de Benson, como el Newman por ejemplo, definitivamente me superan y no avanzo a la velocidad que quisiera. Dios dirá si es posible y si, en efecto, vale la pena.

Les dejo entonces esta primera parte de la traducción. Los detalles de las descripciones que hace de la Roma de San Pío X son exquisitos y nos hacen añorar el no haber tenido la experiencia de un pontificado como este, en una Roma que respiraba y exhalaba catolicismo.

Beatrice

                                                                      Las Cartas de Roma



El lector más superficial de los libros de Monseñor Benson estará familiarizado con su estilo descriptivo. Pero la diferencia entre sus libros y sus cartas es mucho más que la que hay entre una amplia y sumamente acabada pintura y un boceto de una acuarela de poca importancia a lo mejor en sí misma, pero eminentemente característico y más sugerente en su incompleta perfección que incluso un estudio acabado. Más alguno de estos exquisitos dibujos a lápiz – tal como ese de la Misa del Santo Padre – son pequeñas miniaturas perfectamente acabadas con su propio consumado y distintivo arte. Sin embargo la mejor parte son los bocetos, y la dificultad está en escoger lo más atractivo donde todo es bello en este portafolio de brillante impresionismo producto de una mente maestra que ha lanzado el color y el trazo con una mano certera.

 Por último, estas cartas romanas tienen un especial interés para sus amigos. Nos otorgan su primera impresión como un católico en la Ciudad Eterna, la cual él aprendió a conocer muy bien en los últimos años. Las novelas de monseñor Benson contienen singularmente pocas descripciones de Roma, aunque éstas en “Iniciación” y “El Cobarde” puedan compensar esto por su gran belleza.

Aun así no puedo recordar ninguna imagen como las que se citan actualmente, y es por eso por lo que quizás pueda decir que su posesión me inspiró primero el deseo de ofrecer algunas de las cartas de monseñor Benson al mundo.

El día después de su llegada a San Silvestre escribió:

(i) “Roma es como una suerte de sacramento de la Nueva Jerusalén. Tu reconoces las cuatro señales de la Iglesia encarnadas en las calles y en las iglesias: La unidad es visible. Iglesia tras iglesia son precisamente lo mismo, con el Santísimo Sacramento como un corazón latiente en cada una. La santidad es evidente en los rostros de los religiosos, de los sacerdotes y de los niños que uno conoce, así como también en la gente común y corriente en sus oraciones en todas partes. La catolicidad es evidente.

Esta mañana yo, un inglés, arrodillado con italianos frente a un altar italiano, escuchando a un sacerdote alemán decir la Misa, ¡acompañado de un monaguillo negro de África!

Y escuchas cada una de las lenguas del mundo civilizado en las calles. Por la apostolicidad sabemos que los mismos San Pedro y San Pablo murieron  y yacen aquí. El sucesor de Pedro y Vicario de Cristo está aquí, en la sede apostólica, irradiando la unidad de la fe ¡en toda la Ciudad y el Mundo! Es maravillosamente bueno para nosotros estar aquí. La última vez estaba fuera de la comunión con todo esto, y corrí a mi iglesia propia como una especie de Zoar. Era desconfiado e infeliz con todo. ¡La bondad de Dios se lleva a uno de los pies!

Me pregunto cómo va todo contigo y si ahora vas viendo las cosas más claramente. Me pregunto cómo te fue en la conversación con _____ ___ ,sin embargo, desde mi punto de vista es incluso perfectamente natural que Dios levante almas santas como la tuya para hacer el muy peculiar y delicado trabajo que se debe hacer en Inglaterra, y por supuesto Él debe permitirles estar en perfecta paz y confianza en cuanto a su posición o no podrían hacer su trabajo. Pero para nosotros, que hemos escuchado el Llamado, esto es muy diferente: estar incómodo es una sílaba del Mensaje Divino, recibir la completa certeza de la Fe es el Mensaje completo.

Mientras tanto, te envío una foto del Santo Padre. Él predica a la gente una vez cada dos semanas en los Jardines Vaticanos. _____ _____ fue a escucharlo y dijo que su simplicidad y ternura eran extraordinarias.  Como un gran párroco santo hablándole a su gente.

Ayer fui solo a San Pedro. ¡Es indescriptible!...Rezo continuamente para que puedas ver la luz completa y claramente. Es todo más fácil y coherente cuando la última neblina se pliega.

(ii) Permíteme desearte la mayor felicidad y gracia de Dios, y más que nada el gran don que yo estoy seguro que te está descendiendo a ti desde “Padre de las Luces.”

Ya que quieres saber más sobre Roma, déjame contarte sobre el domingo. Fuimos a escuchar al Papa predicar. Fue en un inmenso patio con el cielo azul sobre nuestras cabezas. Habían sido colocados contra el final del muro un gran palio rojo y el trono, sobre una plataforma. Dos guardias suizos lo custodiaban. El patio, las ventanas y el techo estaban llenas con una multitud de 20.000 personas de todas las naciones del mundo. Por fin vimos a los alabarderos moviéndose atrás a lo largo del claustro, y la multitud comenzó a inclinarse y a aplaudir. Entonces una tropa de prelados comenzó a desparramarse, y al final de todo él llegó caminando, enteramente vestido de blanco radiante, sonriendo, bendiciendo y saludando con su mano. Luego se sentó y el coro comenzó a cantar un himno. Después el predicó con una voz fuerte, con gestos, con una extraordinaria paternidad y una amorosa mirada en su rostro…

El entusiasmo era extraordinario. Se sentía que ahí estaba el fundamento de todo. Era el sacramento de la unidad de Dios y del Cuerpo de Cristo…El nacionalismo es una cosa pobre comparada con la unidad que podemos ver aquí. Se observa que la promesa de Cristo no ha fallado y que la teoría romana es la única que hace posible creer.

Cuando él hubo finalizado entonó una especie de versículo y todos respondieron, y luego dio la bendición apostólica y se propagó un gran “Amén” por parte de la multitud. Entonces alguien le colocó una capa escarlata y un sombrero. Se levantó ahí nuevamente, radiante, y la multitud una vez más se alborotó de entusiasmo, aplaudiendo una y otra vez, mientras él se iba de la plataforma bendiciendo y saludando con su mano y después de un rato desapareció. Fue como un día de Pentecostés. “Partos, Medos y Elamitas…los oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios.”

Todo esto es un asunto de “visión” no de argumento. De pronto esto se hace evidente, emerge del caos, y uno se pregunta cual ha sido la dificultad en el mundo. Esta emerger de la teoría al hecho es una experiencia extraordinaria. En la Iglesia de Inglaterra yo adoptaba teoría tras teoría, escudriñando libros para partidarios e historia para la evidencia. Y ahora he sido llevado fuera hacia una especie de día soleado, con muchas cosas y dificultades que quizás no tendría, pero dentro de la Realidad, con las promesas de Cristo y el reino hecho manifiesto.

Podría seguir por siempre y no debo. Evidentemente que es cierto eso de que el más simple de los argumentos es el mejor, y que la evidente catolicidad, apostolicidad, unidad y santidad de la Iglesia Romana valen mil veces más que la posible catolicidad… de la Iglesia de Inglaterra. Ahí sentía como si yo tuviera que defender a la Iglesia de sus enemigos, ahora siento que es ella la que me defiende de los míos.

Otra cosa que me impresiona enormemente es la fe del pueblo. Ayer por unos minutos me arrodillé frente a la imagen de Nuestra Señora Esperanza de Inglaterra, y en tres minutos, primero un hombre joven vino, se arrodilló, sumergió su dedo en el aceite de la lámpara y se persignó; luego vino un anciano, rezó la oración por la conversión de Inglaterra en italiano y besó el vidrio en el cual estaba la imagen y entonces un tercer hombre vino y oró. Después me fui hacia la imagen tamaño natural de la Pietá. Un hombre mayor llegó casi al mismo tiempo murmurando una oración mientras caminaba, sostenía con ambas manos un rosario cerca del conjunto, se levantó, se aproximó, tocó el pie de Nuestra Señora y después besó su mano. Eran gente pobre y de clase media.

En la tarde fui a la galería donde estuve solo. La bendición fue dada abajo. Nada interesante, música horrible, y el continuo crujido y quejido de las sillas. No había órgano ni coro. Un público de setenta a ochenta personas ( solo lo ordinario para un día de semana por la noche) y un silencio sin aliento y absorto en el momento mismo. La atmósfera de fe y de adoración era abrumadora. Desde un punto de vista físico esto era especialmente poco atractivo…aún así estaba este público, dispersado en un gran grupo desordenado, todos adorando a Esto que estaba en una custodia en una pequeña oscura capilla lateral. Y eso ocurre noche tras noche durante todo el año y la iglesia es en absoluto una excepción.

Ayer en la mañana fui a ver al Papa y a los cardenales yendo al consistorio. La multitud de unos cientos repletaba el pasillo donde yo estaba para simplemente verlos pasar por ahí un par de veces, esperando de pie una hora y media antes y tres cuartos de hora en el intermedio. El Santo Padre caminó bendiciendo a su paso, con una gran joya en su dedo, con su mitra y su brillante solideo. La gente gritaba: “Evviva il Papa” y unos cuantos franceses: “Evvivá il Papa-re”, pero al Papa no le gusta esto y lo ha prohibido”.

¡Oh deseo poder explicarte mejor la convicción que tengo! Hay muchas cosas que no me agradan…pero en cuanto a la Iglesia Católica, simplemente no hay ninguna duda. Eso es todo, es el fin del asunto.

Es increíble como la pequeña Inglaterra es conocida (y aunque suene arrogante decirlo así, estoy seguro que la gran obra que Dios tiene para los conversos ingleses es explicar…lo que la Iglesia de Inglaterra ha hecho y está haciendo). Aún así Su pretensión va más allá de la duda o cuestionamiento una vez que uno la ha visto. Su gente puede ser estúpida, derrochadores de dinero, ambiciosa, viciosa o cualquier otra cosa dicha por sus enemigos, pero Ella es la Esposa de Cristo y la Madre de todos nosotros…

“…te recordaré de un modo especial el domingo. Quizás precisamente ese día Dios puede darte el mejor regalo de cumpleaños que jamás hayas tenido. Rogaré por eso.”



Un amigo anglicano me pidió que le preguntara al padre Benson si las historias contadas en “La Luz Invisible” eran verdad. Es una pregunta que aún se hace a veces. He aquí la respuesta:

(iii) “Estoy muy agradecido por lo que dices acerca mi libro… Sobre la “veracidad del libro” debo explicarte cómo fue que se escribió. Yo tenía un gran número de historias sobre cosas que eran literalmente “verdaderas” y tenía el propósito de hacer un libro con ellas. Sucedió que se lo mencioné a un clérigo en cuyo juicio confiaba y fue muy enfático conmigo al decir que yo no tenía derecho a hacer públicas estas cosas y que abandonara la idea. En vez de eso hice este libro de historias, ninguna de las cuales sucedió realmente, pero todas aquellas, creo, y haciendo un paralelo con la realidad, hay algunos elementos en muchas de ellas que son verdad de hecho. Me aferro con fuerza al hecho de que la “ficción espiritual” es como cualquier otra “ficción”. Está destinada a contener cosas que de una u otra manera han sucedido o deben suceder alguna vez. Lo que traté de hacer fue tomar cosas que yo sabía eran ciertas y las representé de tal modo que cualquiera pudiera entender.

…No necesito decirte lo agradecido que estoy de que te encuentres tan cerca de dar el paso hacia la luz plena…Siempre parece como si Dios diera la correspondiente compensación. El mero hecho de estar fuera a plena luz del día, después de las medias luces, crepúsculos y sombras (por muy hogareños y queridos que sean, por mucho que contengan de propia belleza y verdad de Dios)  esta claridad de la luz el sol es la alegría más intensa. ¡Qué difícil es explicarlo! Las metáforas de la luz y del crepúsculo parecen lo mejor por lo menos en mi propia experiencia. Uno no se asusta con las sombras bajo la luz del sol, porque sabe lo que son; pero en el crepúsculo uno no tiene la certeza de si son monstruos, hoyos o trampas. Por ejemplo, los escándalos clericales, las apostasías, los errores episcopales, los horribles accesorios del culto, todas aquellas cosas son terribles a la luz del sol y lo tientan a uno a dudar, a enfriarse o a deprimirse. Sin embargo, a la luz del sol son desagradables y lamentables, pero no son nada más.

Hoy fui a escuchar Misa, en el día de Santa Cecilia, en las catacumbas de San Calixto, donde fue encontrado su cuerpo descansando tranquilamente a su lado…Ayer visité la su basílica y escuché el “In Organis Cantantibus”, su antífona, cantado magníficamente sobre su cuerpo donde este yace bajo la cripta, debajo del altar mayor.

Bueno, hoy día salimos temprano, seis millas aproximadamente sobre la Via Appia. El cielo azul y el sol radiante, las ruinas, los cipreses, los colores y los sonidos eran indescriptibles. Entonces por fin llegamos y vi a los Trapenses quienes las custodian y nos introdujeron en la profundidad. Alrededor de sesenta pies. Todos los pasillos  están picados, como sabes, en la roca sólida. ¡Existen alrededor de quinientas millas de catacumbas en Roma! A ambos lados mientras íbamos bajando había compartimientos llenos con los restos mortales de santos y mártires. Al final encontramos su capilla. Resplandecía con las velas y el techo estaba casi oculto por los crisantemos y dalias. Justo estaba terminando la misa rezada. Creo que de alguna manera fue la experiencia más extraordinaria de mi vida. Ciertamente esto me ha impresionado más que cualquier otra cosa que haya visto en Roma. Fue abrumador mirar los rostros de la enorme multitud (ahí con suerte en la habitación había lugar para el sacerdote y su asistente) husmeando afuera de la cavidad a cada lado; escuchar las mismas palabras y el mismo acento; ver el mismo tipo de rostros,  y todo en el mismo lugar como en el tiempo de Santa Cecilia. El el sentido de continuidad, de comunión de los santos y la Iglesia Católica es indescriptible.

Y luego la misa cantada superó todo. Un pequeño coro cantó Palestrina de manera exquisita. Había tres sacerdotes alemanes vestidos de carmesí en el altar. Escuchar todo lo que siguió bajo el techo de piedra, sesenta pies bajo tierra y saber cómo los cristianos, nuestros conciudadanos, concurrimos a las mismas ceremonias en la misma lengua y adoramos al mismo Cordero dieciséis siglos atrás en el mismo lugar: todo esto tuvo un extraordinario efecto sobre todos nosotros. Conmigo estaban un sacerdote americano y otro irlandés y ambos sintieron lo mismo. Todas las respiraciones y los movimientos se detuvieron y sobrevino un silencio como de muerte al sonido de la campana, y de la mezcla del incienso con el aroma de las flores…¡bueno es inútil tratar de describir esta tranquilidad! Después salimos hacia fuera cuando la misa terminó, a través de los pasillos y vi los frescos de la Última Cena, de Jonás saliendo de la ballena, de la paloma de la paz y el In Pace, a cada lado.

Al final subimos nuevamente por una larga escalera por la que se desparramó un rayo de sol. Arriba en el aire penetrante y claro, a tres millas a través del campo, vi Roma. Ruego a Dios para que algún día tú  veas todo esto por ti mismo. Voy a ayudar en Misa pronto un día de estos aquí y, espero, en uno o dos años, decir una.

Este atardecer fui a las Vísperas Primeras de San Clemente en su basílica y besé su relicario, el de San Lorenzo y el de San Ignacio de Antioquía, y recé ante el cuerpo de San Clemente y de los cuerpos de San Cirilo, Metodio y Catalina. Solo imagina todo el significado que tiene para uno ¡sus reales cuerpos que sufrieron y murieron! Incluyo un par de hojas de las decoraciones de la catacumba hoy, las recogí del suelo y ellas han escuchado la misa aquí también. Oré especialmente por ti en la misa de las catacumbas y ofrecí por ti nuevamente mi comunión. Como estoy seguro que la crisis está cerca, le suplico a Dios una y otra vez para que esté contigo.”

Otra nota sobre las indulgencias:

(iv) “No sabemos lo que significa un “día”. Llámalo x, una cantidad desconocida. Se debe usar alguna medida y el día canónico de penitencia es uno obviamente. Que todo esto cuenta para para que cada esfuerzo espiritual que hagamos (y nuestra determinación está garantizada al cumplir ciertas condiciones precisas de oración) nos exima mucho de la pena temporal. Esto es muy natural. Un padre podría decir esto a su hijo: tú no necesitas asistir a las reuniones familiares, pero si lo haces, tendrás media hora menos de colegio; y si asistes un par de veces al día, tendrás una hora de remisión.”

Sobre la fiesta de la Inmaculada Concepción:

(v) “Esta noche, en esta espléndida Fiesta, acabo de ir a la iglesia y prendí una vela por ti, tal como era tu deseo. Opté por “Nuestra Señora, esperanza de Inglaterra” donde suelo rezar por ti, y ahí está y arderá por ti mañana.

Este lugar es, como siempre, maravilloso. La forma de culto es muy llamativa para la mentalidad inglesa, pero ayuda de manera admirable a la fe cuando uno empieza a comprender que el catolicismo significa inclusión en lugar de exclusión de otras religiones: todas las cosas son nuestras, ya que nosotros somos de Cristo y Cristo es Dios. La manera en la que el dominio de Roma ha pasado de la esfera temporal a la espiritual es muy impresionante…los antiguos templos se han convertido en iglesias y los obeliscos y las columnas se ha coronado con la cruz o con un santo cristiano. También las antiguas imágenes se han consagrado y han sido rebautizadas. Podría continuar para siempre, pero no debo.

Estaré muy ansioso hasta escuchar que está a salvo, aunque desde luego no debería estarlo…Bueno, sé que Dios te tiene de la mano entonces, ¿Por qué debería estar ansioso?”

Con respecto a un “inteligente y sarcástico” folleto, el Padre Benson:

(vi) No puedo soportar estos ataques al anglicanismo, aunque uno siente que las teorías anglicanas son francamente imposibles. Sin embargo, la amargura al decirlo me parece detestable y no es nada bueno…Hay un gran consuelo en la idea de que el catolicismo incluye a todos los [anglicanos] que acoge (lo sabríamos si no lo hiciera) y es una mera cuestión de tiempo, en este mundo o en el próximo, cuando todos ellos le acojan también. Ir del anglicanismo al catolicismo es más una aceptación que una renuncia… ¡Sí! Sé a lo que te refieres con “Si todas las iglesias fueran como _______ _______,”. Pero entonces ¡no sería la Iglesia de Inglaterra! Creo yo que la Iglesia no podría mantener el estándar de ­­­­­­­­­­­­­­________ ________ en todas sus parroquias sin estar en comunión con la Iglesia Católica. Esto es porque ella no puede reconocer que es solo humana y que el cimiento de la Roca de Pedro es lo único estable. La sucesión de hombres santos puede mantener el estándar en alto, pero en la Iglesia Católica se mantiene ¡sin necesidad de ellos!

En la misma carta:

“Se puede casi llegar a decir que la “subjetividad” no tiene nada que ver con el egoísmo o el orgullo de lo que tiene medir seis pies de altura. Es un método de pensamiento y por supuesto, tiene su peculiar peligro, exactamente como lo tiene la objetividad. Creo que es una cuestión complicada hasta qué punto se debe desarrollar un método, cualquiera sea de los dos, o desarrollar lo que te falta con el fin de lograr estar equilibrado. En términos generales se podría decir que la imaginación, la intuición, el ingenio y etc, etc, son subjetivos, y que la estabilidad, las habilidades prácticas, el poder de gobernar son objetivos. Al menos es lo que yo creo. Es un fascinante estudio psicológico. Desearía realmente conocerlo.”

Esta carta anuncia la próxima publicación de “Un libro del Amor de Jesús”. El padre Benson dice que está “encantado” por eso.

“Son hermosas oraciones y versos. Creo que te encantarán".

                    


lunes, 7 de septiembre de 2020

El fallecido Monseñor Robert Hugh Benson, por el R.P. Joseph H. McMahon, ph.d.

 


Si Monseñor Benson hubiera vivido hasta el 18 de noviembre de 1914, habría cumplido cuarenta y tres años. Sin embargo, en la madrugada del 20 de octubre (nota de la traducción: en realidad el 19 de octubre) llegó la gran cita: la llama que había ardido con tanta fuerza durante dos décadas de su vida activa ardió tenuemente y cesó en forma gentil dejando a numerosos corazones llorando su fallecimiento y al mundo más pobre debido a su pérdida.

 Las circunstancias  de su muerte son, quizás, bien conocidas. Ellas han sido registradas por su amigo el Canónico Sharrock. En septiembre, aunque no se sentía tan bien como siempre, Mgr. Benson había escrito al Canónico para decirle que al final no se sorprendiera si era incapaz de completar su compromiso de predicar en la Catedral de Salford los domingos de octubre. Era característica su puntillosidad en mantener sus compromisos. El que escribe puede dar testimonio de su conocimiento personal de cómo sagradamente Mgr. Benson considerada este deber declinando absolutamente renunciar a un compromiso en la más pobre de las iglesias de la provincia en favor de una invitación a la más elegante iglesia metropolitana. Su carta al Canónico, por lo tanto, era una indicación de que él consideraba su condición como algo serio. Sin embargo, fue a Salford y predicó el 4 de octubre. No obstante, se notó que carecía de su acostumbrado vigor. Al día siguiente él insistió en ir a un convento, en una ciudad adyacente, donde pasó la semana predicando un retiro.

Se predicó el segundo sermón de la serie en Salford el 11 de octubre. Dos cosas fueron inusuales. No pudo subir los escalones sin dificultad, ya que generalmente él subía corriendo. Después de su sermón se sentó exhausto en una silla en la sacristía y permaneció inmóvil por un momento. Al día siguiente partió a Londres, pero en el camino a la estación de trenes experimentó tal agudo ataque de dolor en su pecho que fue llevado de vuelta a la casa del Obispo y puesto en la cama, y se llamó a un doctor. El diagnóstico fue “falsa angina de pecho.” A partir del hecho que la neumonía sobrevino rápidamente y en vistas al desacuerdo entre los doctores sobre la existencia de la “falsa angina de pecho”, pareció que los síntomas iniciales eran en realidad los de una neumonía. De cualquier forma fue esto lo que hizo sucumbir a Mgr. Benson. Cuando se le anunció que se consideraba prudente administrar los últimos sacramentos, él se comportó con la más edificante fortaleza, efectuando las respuestas y evidenciando el más vivo interés en todo lo relacionado con los solemnes ritos. Como era su característica preguntó cómo debería comportarse en esta nueva experiencia. En cierto momento, justo antes de su muerte, interrumpió las oraciones por los moribundos para hacer alguna petición o para enviar un mensaje. Retuvo su conciencia maravillosamente hasta unos pocos minutos antes del fin, y dio un ejemplo de piedad y de confianza en Dios que fue lo más impresionante para aquellos que rodeaban su cama, entre ellos estaba su hermano A.C. Benson.

De acuerdo a sus instrucciones escritas, su cuerpo fue llevado a Hare Street House, cerca de Buntingford, a la capillita en la cual él había gastado tanto trabajo y afectuoso trabajo. Sus exequias fueron celebradas en la presencia del Cardenal Arzobispo de Westminster, sus parientes inmediatos y los más cercanos amigos, mientras que cientos esperaban afuera en los prados aterciopelados sobre los cuales él había trabajado tantas veces. Un sexteto de coristas muy bien preparados de la gran catedral católica de Inglaterra cantó exquisitamente el sublime réquiem, bajo la dirección personal del Sr. Terry. Y así él fue recostado para descansar a los pies de la gran cruz en su adorado jardín. Es entendido que ahora la finca es propiedad de la Diócesis de Westminster para ser usada como residencia de verano del Ordinario, y así su carácter será preservado.

 Por una feliz elección su querido amigo, el R.P. Cyril Martindale, el culto jesuita, ha sido seleccionado como su biógrafo. La simpatía, intimidad, los gustos literarios, la elocuencia de estilo, la distinción, caracterizarán la historia de su vida tan escasa y simple de hechos en un sentido, y sin embargo, tan intrincada en razón de su relación con los demás. Hasta que la biografía tan ansiosamente esperada aparezca, sería inapropiado aventurar detalles biográficos. Sin embargo, ahora es el tiempo apropiado para registrar impresiones.

Sin ser irreverente séame permitido acomodar a Robert Hugh Benson la frase que la Sagrada Escritura usa para describir la Presencia de Dios: “una llama de fuego.” La intensidad que todo lo absorbiera y que todo lo consumiera fueron las características dominantes de su vida. Los teólogos definen a Dios como acto simple. Con la debida mesura los Escolásticos describen la perfección de la actividad , totus in eo. El poeta pagano pone sucintamente el rol de la acción perfecta: Age quod agis. Lo que fuera que Robert Hugh Benson hizo lo hizo poderosamente, con toda su energía, con todo su ser. Esto fue cierto tanto si la ocupación era la prédica que él consideraba más elevada o lo más simple; la diversión de su pequeño amigo “Jim” de Iniciación, o los coristas de dulce voz de Westminster, de quienes era muy aficionado. La intensidad se mostraba en cada relación de su vida y en toda su variedad. Por ejemplo, en la mesa del desayuno él prácticamente era inconsciente de la comida y comía mecánicamente, tan absorto estaba en la lectura de su enorme correspondencia. Su interés en las conversaciones de mesa otras veces, lo hacían inconsciente de las viandas ya sea que fuera una sencilla comida de una casa del clero o una suntuosa mesa de un millonario. La abstinencia era la regla de la comida para él.

 Su actitud hacia su voluminosa correspondencia revela su misma intensidad. Fue consultado sobre casos de conciencia por numerosas personas de diferentes partes del mundo. Muchos de aquellos nunca intercambiaron una palabra hablada con él; muchos más lo conocían solo a través de sus libros; sin embargo, la mayoría de ellos había sido su audiencia de los maravillosos sermones que él predicó en dos hemisferios, mientras que otros lo han consultado personalmente. Su correo era una clínica espiritual. De las consultas que tuvo conmigo deduje su variado carácter. Curiosamente aunque no tuvo una confesionario regular, los crímenes más extraños y repugnantes de la degradada humana naturaleza llegaban a él para ser juzgados. Su interés en las pobres víctimas del pecado y del crimen era a la vez patético e intenso. Entre él y sus corresponsales se estableció un perfecto entendimiento. Su maravillosa percepción de la naturaleza humana le resultó muy útil.

Fueron muchos los viajes emprendidos y dio extrañas entrevistas, algunas veces de un hemisferio a otro, para ayudar a un alma que luchaba por hacer lo correcto. Las cartas sin respuestas fueron una constante obsesión para él. Cuando la enfermedad lo confinó a la cama, yo tuve que traer un taquígrafo para tomar su dictado. Su mente no descansaba si pensaba que alguna pobre alma estaba esperando las palabras necesarias de consejo o confort, o a veces, de severa reprimenda.

 En los detalles de su trabajo sobresalía esta misma intensidad. A menudo cuando se encontraba viajando en diversos medios de transporte, ya sea el metro lleno de gente común o un tranvía, o en un lujoso automóvil de uno de sus amigos considerado como un hijo, cuando partíamos pedía permiso para leer su oficio que, a menos que estuviera imposibilitado bajo un estrés físico real, insistía en leer a diario a pesar de la enorme presión de trabajo que incluía a veces cinco sermones o alocuciones al día en puntos muy distantes.

Tal era su concentración que era inconsciente de todo lo que lo rodeaba. El resultado de tan maravillosa facultad era que leía muy rápidamente. Desafiado un día después de la tremenda hazaña de terminar de leer un libro difícil en unas pocas horas, Benson respondió mostrando su disposición a ser preguntado sobre el libro entero y allí expuso sus características más destacadas.

En la preparación de sus sermones fue notable esta misma característica. La rapidez en el hablar y la vehemencia con la cual él derramada el torrente de palabras bien escogidas, aunque sencillas, ponían frente a los oyentes imágenes verbales que lo llevaban a casa. Verdades impactantes deleitadas con frases elegantes, estimuladas por perspectivas de visión inusuales. Todo parecía tan fácil y natural como para engañar al oyente en cuanto al exigente esfuerzo de producción. En la conversación familiar Benson solía decir que por tres años había escrito cuidadosamente cada sermón que había dado. Consideraba estos años perdidos. La experiencia le fue guiando a adoptar un sistema que involucraba una tremenda labor, pero que producía un espléndido resultado. Antes de poner una palabra en el papel, el sermón entero había sido pensado en sus líneas generales. Entonces era analizado en sus principales divisiones, y luego en sus subdivisiones. Todo esto era puesto en forma prolija y precisa en una página de su maravilloso cuaderno (el análisis de un sermón nunca se excedió de una página). Bajo cada encabezado era anotada una indicación de alguna llamativa ilustración, un lema o alguna frase pintoresca. Muchas de estas fueron escritas mucho después de que el sermón hubiera sido predicado. Todo era aprovechado. En consecuencia, sus cuadernos presentan una fascinante imagen de su vida y experiencia personal. Cuando estaba hablando, la página del cuaderno pendía frente a su visión mental como una imagen. Si algo ocurría que lo perturbada, se avergonzaba y, a veces, se sentía irremediablemente perdido. No podía componérselas y mucho menos hacer algo improvisado. Cualquiera perturbación en la feligresía era apta para resultar fatal. Esto rompía la intensidad de su concentración de la imagen mental de su sermón. Este hecho explica su pronunciación vacilante y el tartamudeo cuando hablada en una habitación pequeña o a un número reducido de oyentes. Tomaba consciencia de ellos en un sentido más individual que cuando se dirigía a una multitud. No le era molesta la vaga percepción de un gran número, pero tener consciencia de unos pocos lo avergonzaba y quebraba su concentración. Todo esto exigía una labor paciente y persistente. Le he escuchado dar el mismo sermón varias veces bajo diferentes circunstancias. A excepción de los cambios necesarios para adaptarlos a estas circunstancias, no había la más mínima variación, sin embargo, la preparación inmediata requería horas de trabajo. Él solía decir que se comprometería a convertir en predicador a cualquier hombre que siguiera su planificación. Creo que poco emprenderían esto si supieran el trabajo, muchas veces repugnante, de cómo fue repasar una y otra vez la complejidad de esos esqueletos, por no decir el esfuerzo intelectual necesario para pensarlo todo de antemano en el vacío.

La misma flameante intensidad mostró en su vida religiosa. Fue el más ardiente y persistente buscador de la verdad. Incluso en la conversación ordinaria él insistía en un grado notable sobre esta precisión. Cuando se llegaba a una verdad religiosa su mente no estaba satisfecha hasta que las preguntas se desgranaban hasta su base definitiva. Cuando mediante aquellas muy ligeras ocurrencias que él ha mencionado en sus Confesiones de un Converso sus convicciones como anglicano fueron perturbadas, hubo de seguir lo inevitable. Afortunadamente para él, su profundo sentimiento religioso y su cepa mística lo condujeron a la visión católica de la revelación y de la autoridad. Al fin con su mente permanentemente tranquila con respecto a los estupendos fundamentos de su fe religiosa, su pasión se convirtió en su amor personal por la Iglesia Católica. A él, más allá que la mayoría de los hombres, le fue dada la visión de la Iglesia como el cuerpo místico de Cristo, y su amor personal por Cristo inflamó su amor a ella con quien Él se ha identificado así místicamente a Sí mismo. No pudo ni entender ni simpatizar con lo que yo me aventuro a llamar la actitud práctica de tantos católicos hacia la Iglesia. Su amor era una llama de fuego. De ahí la inspiración de su prédica, de ahí también la desconcertante variedad de su obra. Con la voz, en el contacto personal; a través de la novela, en el escenario; mediante el sermón, la novela, la obra de teatro, él trató de hacer que los hombres conocieron y amaran, como él lo hizo, el Cuerpo Místico del Señor.

Cualquiera que alguna vez lo escuchó predicar el sermón sobre la parábola de la red, sabrá lo que quiero decir. La hermosa, y en algunos casos encantadora, descripción de la Misa, notable en “¿Con qué autoridad?”, también nos ilustrará el punto. El sermón tan a menudo predicado como uno de caridad al estilo inglés es igualmente esclarecedor. Nadie que alguna vez lo escuchó puede olvidar su apasionada respuesta a la sórdida objeción de que los católicos prodigamos demasiado dinero en la belleza de nuestras iglesias, rituales, etc. Su fulminante contraste al uso de piedras preciosas para adorno de las mujeres, y el destello de inventiva con el cual él casi gritando al final dio la respuesta: que si no coronaban al Salvador con oro y joyas, Él aún podría usar la Corona de Espinas.

A pesar de que muy pocos de los cientos de miles que lo escucharon predicar durante la corta década de su vida católica se dieron cuenta de la intensidad del trabajo ligado a sus fascinantes discursos, sin embargo, cada auditor reconoció la tensa energía de su entrega. Aparentemente Mgr. Benson tuvo muchos obstáculos. De figura delgada y por debajo de la estatura media, con el rostro y rasgos que, aunque eran llamativos al mismo tiempo no eran atractivos; una voz que era estridente y no modulada; un tartamudeo en el hablar que en la conversación privada algunas veces se tornaba doloroso; una pobreza en los gestos que era notable. Un orador profesional podría haber indicado cada una de las razones de porqué Benson debiera haber fracasado como predicador. Pero cuando uno se acostumbraba, la voz áspera se hacía suave a medida que su tema se desarrollaba. Su delgada figura se estremecía en vibrante respuesta a los sentimientos que se conmovían a través de todo su ser, reconociendo la reprimida vehemencia y el nervioso vigor que causaba que ese ágil cuerpo se columpiara de arriba abajo, a un lado y al otro, balanceándose ridículamente sobre sus dedos de los pies, amenazando constantemente con perder el equilibrio, pero siempre restableciéndolo para atarlo a las fluidas bandas de soprano púrpura y luego proceder nerviosamente a desatarlo. Mientras, la mente se deslumbraba, el gusto se saboreaba, el corazón se movía, la voluntad se despertaba por el torrente de palabras que, como un río cristalino, llevaba a su seno visiones de gloria, revelaciones de belleza, manifestaciones de poder, y así uno se daba cuenta del hechizo del don divino, del poder de la palabra de Dios reflejada en la palabra del ser humano en acción.

El esfuerzo de Mgr. Benson fue llegar al hombre común. Cuando uno ve, como tantas veces lo vi, grandes multitudes paralizadas sin aliento por sus palabras, supe que las más altas verdades encontraban reconocimiento y alojamiento en las mentes y corazones más humildes. Se puede dar uno cuenta del efecto de una llama intensa que, ardiendo  en el crisol de su propia mente y corazón toda la verdad que él había tan trabajosamente asimilado y hecho suya, se lanza a su lugar de reposo en los corazones y mentes humanas, y que en adelante viviría en ellos como la “palabra que procede de la boca de Dios.”

Nos queda lamentar su pérdida. Él no lamentó su temprana muerte. Cuando, tan frecuentemente sucedía, sus amigos íntimos, o puedo calificarlo diciendo amigos al comienzo de su intimidad, se quejaban de su hormigueante actividad y de la continua tensión que parecía oponerse a la ordinaria humana prudencia, la respuesta desaprobatoria era invariablemente: “Es mejor así. Yo lo sé. Lo mejor es dejarme llevar mi vida como yo sé.” Y así la llama de fuego ardió brillantemente hasta el fin inesperado, y al cesar ha hecho que la oscuridad diga cuan brillantemente había ardido.

American Catholic Historical Society of Philadelphia, marzo 1915, vol.26, N°1, págs., 55-63

Traducción de Beatrice Atherton, para Bensonians

 Texto original en inglés aquí

jueves, 2 de julio de 2020

Víctimas del Vernáculo, por Peter Kwasniewski

                                    

Nota de Bensonians: el presente texto corresponde a un subcapítulo del libro del profesor Peter Kwasniewski "Resurgimiento en Medio de la Crisis, Sagrada Liturgia, Misa Tradicional y Renovación en la Iglesia, publicado el año pasado. Los animamos a comprar y a leer este estupendo libro aquí: https://www.amazon.com/dp/1621384535/ref=dp-kindle-redirect?_encoding=UTF8&btkr=1


                                                               Víctimas del Vernáculo

           Contradiciendo derechamente la Constitución sobre la sagrada liturgia del Concilio Vaticano II, que planteó un uso moderado del vernáculo y amonestó contra cambios innecesarios o inorgánicos, las autoridades de la Iglesia impusieron en la Iglesia latina una liturgia enteramente en vernáculo, con una exclusividad súbita e iconoclasta. El resultado no fue esa nobleza lingüística de las ceremonias bizantinas o las del alto anglicanismo (1), sino una atmósfera horizontal, superficial, conversacional, carente de sabor espiritual. Supuesta la predominante ausencia de disciplina espiritual –ausencia epitomizada por el exagerado minimalismo de las rúbricas del nuevo misal, lo que, a su vez, conduce a la formación de un clero carente de entusiasmo– , el vernáculo no puede sino estimular la emocionalidad que lleva a las personas al reino de lo subjetivo. Mientras más “entra” el celebrante en los textos, glosando, desvirtuando y criticando, más artificial e impostado y vanidoso lo va volviendo todo, convirtiéndolo en una especie de “show” unipersonal o monólogo teatral, no en un compartir en el “pretérito perfecto” del Calvario ni en el “futuro perfecto” del Reino hecho presente aquí y ahora. El sacerdote que simplemente, y con reverencia, lee el antiguo Missale Romanum y hace suyas las oraciones del mismo, subordinándose totalmente al ritual de la Santa Madre Iglesia, se convierte en el portavoz de una Tradición viva que emana del Señor vivo. Esto requiere ascesis en el sacerdote, sí; pero también la requiere de los fieles: éstos también tienen que negarse a sí mismos, empuñar, como quien dice, su misal personal y seguir al sacerdote a fin de entrar en el misterio de la cruz, renovado sobre el altar del sacrificio. A nadie se le permite brillar o emitir maravillosos trinos; todos deben arrodillarse y adorar. 

            La nueva liturgia no puede evitar atraer la atención hacia la personalidad del celebrante porque el vernáculo es el área de expansión de éste, el ámbito de su habla cotidiana, y si hay algo que se le ha alentado a hacer, desde el primer día de seminario, es a “conectarse con la gente”, “hablarle en su idioma”, ser “uno de ellos”. Y así, tiene que ofrecer la Misa en la misma vena, rellenando con familiaridades, expresiones coloquiales, agudezas, anécdotas, saludos de día festivo, pequeñas informaciones –y a partir de esto la infección se contagia también a las partes fijas de la Misa, cuyas fórmulas comienzan a reflejar sutilmente cualquier forma particular de pastoral o de perspectiva teológica que el sacerdote haya acertado a desarrollar–. Las raíces del problema son bien obvias: en Occidente, por más de mil años, nunca se hizo ningún esfuerzo sistemático por emplear un vernáculo noble en nuestros ritos (2) ; de ahí que no hayamos desarrollado, como en Oriente, la costumbre de reverenciar al máximo los textos litúrgicos en la lengua del lugar (3). De hecho, uno de los errores colosales de la fallida reforma fue creer que, tal como el culto en vernáculo, con mucho canto por parte de la asamblea, funciona en Oriente o entre los protestantes, iba a funcionar también perfectamente entre los católicos, lo cual significa ignorar el hecho, enorme como una catedral, de que durante siglos el alma católica fue educada por la guarda del silencio, por la reverencia, por el arrodillarse, por el mirar y, en una medida que es mucho mayor  que lo que los reformadores captaron o admitieron, por el latín y, en menor medida, por el canto gregoriano, su compañero por naturaleza. Cambiar súbitamente esos hábitos del alma, apartándola de ellos, no sólo vino a consolidar la discontinuidad con el pasado, sino también a matar por inanición aquellas virtudes espirituales propias de la Iglesia de Occidente. Esta pasó de tener algunas virtudes a no tener ninguna. 

Como escribiera alguna vez Robert Hugh Benson, la Misa tridentina es una danza sagrada que requiere de máxima concentración para ser ejecutada y pide, con insistencia, cuidadosas preparaciones antes de comenzar, para no decir nada de los años de preparación que requieren los ministros más importantes. Muchas personas mayores, clérigos o laicos, preferirían no volver a la Misa tridentina, porque es más exigente tanto espiritual como físicamente. El Novus Ordo es un acontecimiento social realizado rutinariamente, que puede llevarse a cabo con una preparación comparativamente mucho menor. Esta diferencia se advierte igualmente entre los acólitos tradicionales y los actuales “ayudantes de Misa”. Los primeros tienen que estar bien enseñados e incluso capacitados para realizar sus movimientos elegantemente, sincronizados, en especial en la Misa solemne, en tanto que los segundos pueden aprender los detalles del Novus Ordo en cosa de minutos, ya que consisten en poco más que sostener en alto un libro o tomar unas vinajeras. Tanto en el caso del sacerdote como del ayudante hay también una diferencia en las vestimentas: el sacerdote tradicional usa varias capas de telas a menudo ricas y hermosas, que deben ser revestidas de determinado modo, y el acólito tiene, al menos, la antigua sotana y el sobrepelliz; pero el sacerdote moderno se echa encima unos pocos ítems, coronados por una cubierta de tela polyester, y su ayudante, varón o mujer, lleva algún tipo de ropaje que no alcanza nunca a quitar de la vista sus zapatillas deportivas (4). 

          El modo cómo los ministros en el altar se mueven, oran, se inclinan, hablan y cantan refleja y representa la realidad de lo que está teniendo lugar. En el rito clásico romano, los ministros claramente trabajan, con la atención fija en algo que está por sobre ellos mismos, por sobre el pueblo. Su papel es difícil; tienen entre manos un asunto que es serio, un “asunto del Padre”. Casi siempre transpiran profusamente en la Misa Solemne o en la cantada. En el Novus Ordo, sea que transpire o no, el sacerdote parece llevar a cabo movimientos destinados a captar y retener la atención de la gente, y sostiene con ésta una suerte de diálogo. Recuerdo otra observación de Mons. Benson: en la antigua Misa, el sacerdote, aun cojeando, sube las gradas y se pone a trabajar. Tiene algo serio que hacer, y lo hace, no por la gente, en primer lugar, no teniéndola a ella como referente, sino teniendo en vista el trabajo que hay que hacer, el opus operatum (5): lo que hace es adorar al Padre en espíritu y en verdad, adentrándose en el sacrificio supremo de su Hijo unigénito en la Cruz. He aquí la razón de por qué está de cara al Oriente, hacia el Cristo que ha venido y que vendrá. Cristo es su señor, su “empleador”, si se quiere. El sacerdote le rinde cuentas sólo a Él. El sacerdote de la nueva Misa, ¿responde, ya sea literal o metafóricamente, a Cristo o, más bien, a la gente? La desorientación física del sacerdote, su volverle la espalda al Oriente y darle la cara al Hombre, su poner cabeza abajo la jerarquía de Misa y pueblo, simboliza con una justicia poética digna del Dante el estado del alma occidental y la crisis esencial de la Iglesia Romana en esta Edad Oscura.

           

(1) N. del Tr:. El autor se refiere a las ceremonias de la High Church anglicana, cuya liturgia conserva una atmósfera ceremonial solemne de que carecen, a menudo, las de la Low Church, más cercanas a los “servicios de oración” del protestantismo en general.

(2) No quiero decir con esto que Occidente se haya equivocado al no usar el vernáculo en los ritos; muy por el contrario, como lo sostiene San Juan XXIII en su Constitución apostólica Veterum Sapientia, de 22 de febrero de 1962. Lo único que quiero decir es que nunca se acostumbró a los católicos a un vernáculo solemne y canónico, al contrario de lo que ocurre con los anglicanos y su traducción isabelina de algunos elementos de su patrimonio litúrgico latino.

(3)El respeto del sacerdote bizantino por los textos del Misal es tan profundo que incluso cuando celebra la liturgia en su lengua materna, jamás altera las palabras o las rúbricas: ambas cosas han sido determinadas por normas, como alguna vez fue también el caso en Occidente. Lo único que se agrega alguna vez es el nombre de los enfermos, de los difuntos o de quienes hayan pedido oraciones. Y, por cierto, la homilía es suya propia. 

(4) Como lo recordarán los católicos de más edad, el gusto en los ornamentos –para no mencionar siquiera el tipo de arquitectura de las iglesias y el diseño del presbiterio– ya había comenzado, desde antes del Vaticano II, a sufrir la infección de un utilitarismo superficial. Ha habido otras épocas en la historia de la Iglesia en que ha decaído el gusto y el estilo artístico-litúrgicos. Con todo, sería difícil imaginar una banalización más completa, un sacrificar más despiadadamente lo sustantivo a la moda efímera, que lo que presenciamos hoy a nuestro alrededor.

(5) Aunque es verdad que en tiempos preconciliares hubo también una buena medida de desacralización del rito romano –por ejemplo, cuando el celebrante decía la Misa a una velocidad vertiginosa, haciendo las señales de la cruz prescritas sobre la oblata tan rápidamente que ya no eran signos inteligibles de la cruz–, no se dio, sin embargo, una “cultura” de la banalidad que dejara a los asistentes sin aliento: por lo general, los fieles todavía eran capaces de experimentar la Misa como una fuente visible de gracia y de paz invisibles.

viernes, 19 de junio de 2020

Te diré mi amor Rey mío (III) por José A. Ferrari

Archivo:Sagrado Corazon de Jesus comisioned by García Moreno ...

Te diré mi amor, Rey mío III


Te diré mi amor Rey mío,

Señor de los indefensos,

los que aguardan como niños

junto a la vera del tiempo.

 

Los que por débiles sienten

la fuerza de Dios, partiendo

riscos de temores vanos

 y cerrazones de invierno. 

 

Te diré mi amor Rey mío

acrecentando talentos

de tus arcas bienhechoras

sobre mi lomo carguero.

 

Bordeando el acantilado

que mira hacia mis anhelos

descubro viejos tesoros

bajo un océano inquieto. 

 

Te diré mi amor Rey mío

queriendo el bien que no puedo,

arrinconado en las sombras

de todos mis desaciertos.

 

Pero alzada la mirada

confiado en el firmamento

veo hiladillos de plata

adornando mi desierto.

 

 

Te diré mi amor Rey mío

con decires desparejos

  hechos de cal y de arena,

volcados en estos versos.

 

Como la rústica ciencia

de antiguo trovar coplero

quiero sanar mis heridas

con redoblado gracejo.

 

Te diré mi amor Rey mío

hasta perder el aliento;

la cuesta se hace pesada,

los vendavales violentos.

 

Cada senda es un retazo

de tu constante recuerdo

y cada estrella un indicio

de tu solar sempiterno.

 

Te diré mi amor peleando,

solo quiero por pertrechos

el filo de La Escritura

al frente de tus ejércitos.

 

Que el tumulto descarado

y los campos cenicientos

resurjan de sus cenizas

lo mismo que mis adentros.