sábado, 16 de agosto de 2014

Morir en la Santa Misa

        No voy a escribir sobre el libro que monseñor Benson tiene sobre Santo Tomás Becket, porque  no he tenido la posibilidad de leerlo.  Ustedes recordaran la historia de Becket y las circunstancias que rodearon su muerte mientras rezaba la misa. Más bien voy a relatarles acerca de una extraña y algo aterradora situación que vivimos ayer en la misa de la Asunción de Nuestra Señora.

    P.Jaime rezando la misa tradicional en Valparaíso
          Nosotros vamos siempre a la misa tradicional que se reza en Valparaíso, en un encumbrado cerro que mira al puerto y a los movimientos de los estibadores que no descansan de descargar los buques que llegan de todos lados. Ese día justo antes de la misa nos habíamos confesado todos los que podemos comulgar, es decir mi marido, mis tres hijos mayores, mi madre y esta pobre mujer. La hora pasaba, pero no había mayor apuro porque aunque ustedes no lo crean, con mi familia somos los únicos que vamos a esta misa. Sí señores, mientras en otras partes no cuentan con la gracia de tener la misa tradicional, nosotros somos los únicos feligreses que a eso de la 13:00 hrs. van cada domingo a una vacía iglesia porteña. La hora y aparente la lejanía han ahuyentado a los en su mayoría viñamarinos feligreses que hasta hace tres años iban a la misma misa en el borde costero de Viña del Mar, a la capilla del desparecido Sanatorio Marítimo san Juan de Dios. Los mismos que le pidieron al padre Jaime Herrera que rezara la misa a raíz del Motu Propio del 2007 ahora brillan por su ausencia y han abandonado a este pobre cura que sufre una devastadora  enfermedad degenerativa que le ocasiona dolores terribles y que a pesar de esto, sigue rezando la misa ahora casi exclusivamente para mi familia. 
          Un poco más tarde de lo habitual entonces comenzó la misa. Mis hijos acolitaron como siempre, y todo iba desarrollándose normalmente hasta que justo antes del Canon de pronto sentí que la puerta de la iglesia a mis espaldas se abría y que unas personas habían entrado. No le di mayor importancia, nunca me volteo a ver quien entra, y traté de seguir atenta. Pero después de un rato se comenzaron a sentir ruidos y voces, luego un par de golpes en las bancas...yo trataba de seguir concentrada en la misa. Luego uno de los bulliciosos individuos, que a lo lejos se notaba que era un delincuente...tienen ese no sé qué, esa manera de moverse y de hablar que es característica, se acercó a la primera banca justo detrás de los acólitos y trató de llamar su atención llamándolos y pidiéndoles que se dieran vuelta, pero ellos se mantuvieron impertérritos. Algo me olía mal, no sabía si estaba medio perturbado, drogado, loco, pero el individuo en cuestión andaba tramando algo malo. Sin embargo,  nos mantuvimos serenos, siguiendo la misa, como si nada pasara, tranquilo-nervioso como le dicen ahora,  y creo que esto lo descolocó y frenó al menos el intento de acosar a los acólitos. Hasta ahí  todo transcurrió con relativa calma, terminó la misa, el padre deja el presbiterio y el fulano se le acerca antes que el sacerdote suba a la sacristía, para pedirle llenar una botella con agua bendita de la pila bautismal. Al mismo tiempo mi esposo, que se sienta detrás mío, me comenta que otro sujeto con el que andaba el de la botella ha sacado dos pendones de la Virgen de Guadalupe que estaban colgados a cierta altura en los pilares de la iglesia y que se ha arrancado para fuera. Mi esposo corrió a avisarle al padre...yo me quedé de una pieza porque en mi intento por concentrarme en la misa no me había dado cuenta del robo. Mi esposo no quiso intervenir antes por prudencia y para no interrumpir la misa. Armar una pelea en medio de la Consagración no es muy atinado que digamos.
          Gracias a Dios y al sacristán que afortunadamente estaba en ese momento presente, se lograron recuperar inmediatamente las imágenes, ya que los tipos eran conocidos delincuentes del barrio. Sin embargo,  todos nosotros quedamos con una sensación extraña, incluido el padre:
- Temí cuando estaba de espaldas que me apuñalaran - nos confesó. Sí, yo también pensé lo mismo. Incluso reflexionando posteriormente pensé que podrían habernos atacado a todos.  ¿Morir en la misa tradicional recién confesados? Es un  honor demasiado grande que no merecemos, y menos yo.
          No sé porqué siempre cuando estamos en misa tengo la extraña sensación que alguien va a entrar y le va a hacer algo al padre. Llamémoslo una mala intuición. Ojalá que nunca pase nada y que todo quede en un mal presentimiento, pero tanto al padre como a nosotros, ese día nos hizo reflexionar sobre el avance del mal, que ya no respeta ni a las iglesias, ni a la misa, ni a las imágenes sagradas ni nada. "Pareciera que más que nunca el demonio anda desatado" - nos decía el padre. Y efectivamente, la gente está más idiota que nunca. Idiota en el sentido etimológico de la palabra, es decir, casi lobotimados.  No puedo referirme de otra manera a la masa humana que vive actualmente de espaldas a Dios, con el cerebro aturdido por un liberalismo que los ha hecho volverse paganos que aceptan desde la homosexualidad como un derecho hasta el aborto. Nosotros estamos sufriendo las consecuencias de vivir conforme a lo que Dios nos pide: somos unos parias - a mucha honra - a los ojos de la sociedad actual, y el bulling moral al que somos sometidos a diario nos ha hecho refugiarnos cada vez en la oración y en la vida sacramental. Algo pasó en el mundo después de la renuncia de Benedicto, algo que nosotros no sabemos que hizo reventar lo que estaba en latencia: ha aumentado significativamente la maldad en el mundo. Observen bien lo que está pasando en el mundo, en sus propios países, en sus propias ciudades, en sus mismos barrios... se mata por un celular, se golpea a los ancianos, se los viola incluso. En los colegios los niños en su mayoría solamente piensan en sexo y en tomar, en pasarlo bien, en reventarse con drogas. Nadie quiere hablarles sobre el pecado, sobre el Temor de Dios, sobre el Infierno. No digo todas estas cosas para que andemos asustados con miedo,  no se puede vivir con miedo porque éste paraliza. Hay que seguir luchando, desde la trinchera, haciendo lo que nos corresponde como soldados católicos, sin dejarse amedrentar, sin ceder a lo que Dios nos ha ordenado.
           Dios y Nuestra Señora no permitieron que nos pasara algo en la Fiesta de la Asunción. Nos protegió a todos, a mi familia y al padre.  Y les pido especialmente por la salud del padre Jaime que está pronto a cumplir 25 años de sacerdocio el próximo año. Los dolores permanentes hacen que cada día pueda moverse con mayor dificultad y es uno de esos curas con celo sacerdotal y siempre disponible para administrar los sacramentos a la hora que sea, en el lugar que sea y a quien sea que se los pida sin esperar nada a cambio.  Que Dios le bendiga y que nosotros podamos seguir contando con este buen cura.

2 comentarios:

  1. ¿Beatrice, rezan ustedes ,la oracion de San Miguel al termino de la misa?. Es bonita , merece la pena saberla de memoria, no entiendo las misas tradicionales sin recurrir a esta oracion de Leon XIII. ¿En las misas cantadas no se reza ?. Ni las tres avemarias. Que desproposito .

    ResponderEliminar
  2. Estimado Luis: en esta misa a la que asisto - siempre rezada - rezamos siempre las tres Ave María, La Salve (si corresponde al tiempo litúrgico), la Oración a San Miguel Arcángel y el Cor Jesús Sacratisimum. Por lo que a mí me ha tocado asistir a misas cantadas, se canta mientras el sacerdote lee el Último Evangelio, la Salve ( o lo que corresponda) y se omiten los demás rezos. ¿El motivo? Lo desconozco, pero en pedir no hay engaño y creo que debieran rezarse sobretodo ahora en estos tiempos con mayor razón.
    Saludos,
    Beatrice

    ResponderEliminar