martes, 7 de octubre de 2014

Entrevista del New York Times a Mgr. Benson, al inicio de la Gran Guerra


                                                  Los Católicos Británicos
                                                    
                                         Aplauden la guerra 
                                                                   --------------------------
                                            Monsignor Benson lo denomina como

                                Un conflicto de la cristiandad contra el paganismo.
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                                              LOVAINA  ENCIENDE  LA IRA
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                                                   La conducta de los prusianos se compara

                                                  A la de los sarracenos contra los cruzados.
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                                                                    Cable especial para el New York Times. 
                                 
LONDRES, Sept. 29.- Interpretando para el público americano el sentir de los católicos romanos ingleses en dirección “a este conflicto de verdaderos principios cristianos contra el recrudescente paganismo” Mgr. Robert Hugh Benson, en una entrevista especial en el Palacio Arzobispal de Westminster anoche, dijo que era imposible imaginar a algún católico en el mundo que, conociendo la verdad, pudiera dudar sobre qué fuerzas están en el lado correcto. 

                                   Espera que América Permanezca Neutral.

        Mgr. Benson, que es muy conocido en muchas partes de América por sus giras de conferencias, expresó la fuerte esperanza que Estados Unidos pueda permanecer neutral, debido al gran poder que tendría como pacificador al término del conflicto europeo.

        “Sin embargo” - agrega - “supongo que por defensa propia los americanos podrían unirse a nosotros, si los aliados llegaran a ser abatidos, pero ellos no lo serán”.

         Mgr. Benson ve un grave peligro para Alemania en la desaprobación de los católicos alemanes a las barbaridades atribuidas a los prusianos, como ya se ha reportado en la indignación de las tropas bávaras sobre la acción de las tropas Alemanas en Bélgica.

       Él siente que Italia tomará parte en la guerra del lado de los aliados “ella también lo hará” – dijo – “a menos que la voz de la gente sea completamente desoída por el gobierno”.

       A primera vista,  según observa Mgr Benson, el catolicismo debiera estar del lado de Austria, la gran fuerza apostólica en guerra contra la semi-civilizada Rusia, la apóstata Francia y la Inglaterra protestante, “pero” – continuó- “ uno cambia de opinión cuando considera que Austria en un imperio en decadencia y como tal, comenzó la guerra únicamente por el dictado de la ultra-protestante, ultra-fanática Prusia, la cual está ahora hundiendo a Bélgica, la más ferviente nación católica de todos los países. Francia, cuyo pueblo aún adhiere a la fe católica, rechaza la apostasía del gobierno; Inglaterra, donde el catolicismo tiene mucha influencia, y Rusia, la cual es católica excepto por su unión con Roma. Y a la que se le denomina la semi-civilizada Rusia,  se muestra casi sublime en comparación con los crímenes cometidos en nombre de la cultura prusiana. Seguramente ningún verdadero seguidor de Cristo puede errar al darse cuenta que los aliados están peleando por verdaderos principios cristianas ¡contra el recrudescente paganismo!”.

                                Señala que la guerra ha unido a los británicos

         “La guerra no es mala del todo. Piense en lo que ha hecho por los británicos. Se ha unido a los bretones como nunca antes se había hecho. Ha silenciado la acusación acerca de la decadencia inglesa. Se ha echado abajo un crimen con una tremenda rapidez. Si pudieron haber acusaciones contra la guerra de los Boers, aquí nunca ha habido una insinuación de alguien contra el rol que estamos jugando en esta guerra.”

         “Cuán extraordinario es el escenario, y sin embargo, cuán natural para uno que conoce el carácter irlandés, es encontrar a católicos irlandeses unidos a los irlandeses protestantes, con una aprobación unánime sobre los movimientos de Gran Bretaña. Irlanda siempre ha puesto el corazón frente a grandes crisis”

        “¿Cómo se sienten los católicos frente a Lovaina y a Reims?” – se pregunta Mgr. Benson.

        “Estamos tan furiosos que es difícil para nosotros incluso imaginar aquellos actos de diabólica destrucción. Sin embargo, nosotros sabemos que tal increíble vandalismo se espera solamente de gente que se jacta de su paganismo, como claramente se muestra en el libro de  Bernhardi, y el cual profesa abiertamente su rechazo a los sacerdotes como símbolos de la cristiandad, del cual los paganos prusianos albergan un absolutamente deliberada animadversión y odio”.

        “Ocurrió un incidente que me llegó de primera fuente, de un monje benedictino que escapó milagrosamente de ser asesinado en el incendio del Monasterio Benedictino de Maredsous, en Bélgica. A mí me parece que revela con remarcada claridad como los infieles luchan contra la cristiandad. Este monje me dijo que al final él vio a su abab como un dignatario de cabellos blancos, que fue emergiendo solo desde las puertas del monasterio, caminando lentamente hacia las líneas alemanas llevando una bandera blanca, ¡ bajo el pesado fuego de los tiradores prusianos! Por gracia de Dios el abab escapó de lo que parecía una muerte segura, pero no pudo salvar  a su casa religiosa de las antorchas de Atila. ¿Pudieron haber hecho los sarracenos algo peor contra los cruzados en Tierra Santa?”

       Mgr. Benson, que es uno de los hijos del fallecido Arzobispo de Canterbury y el hermano de A.C Benson autor de “Dodo”, espera visitar América nuevamente durante el transcurso del próximo invierno. 

               Entrevista publicada por el New York Times el 30 de Septiembre de 1914.-


jueves, 2 de octubre de 2014

Los Sentimentalistas de R. H. Benson, segunda parte final


          Tenemos, pues, al padre Dick Yolland buscando a su amigo Chris Dell en una casa-pensión de malas pulgas en un  barrio de Londres. Chris queda desconcertado con la visita, y el padre Yolland, haciendo un enorme esfuerzo por ser natural y lo menos emotivo posible, intenta convencerlo a que vaya a pasar una temporada a Foxhurst con Mr. Rolls que ha tenido la amabilidad de invitarlo. Al principio Chris se muestra descolocado, pero dada la insistencia de Dick finalmente sucumbe y se pone llorar de rodillas, preso de la más horrenda crisis de sentimentalismo. La escena es dramática. Le confiesa que ha estado nuevamente en Paris y que la mujer lo ha echado de la casa, humillándolo, que es un pecador y que está perdido…y que además no tiene un penique para pagarle a la casera.
         Chris entonces vuelve a ayudarlo con el pago de la deuda con la dueña de la pensión y al día siguiente parten a Foxhurts donde Mr. Rolls que pone como condición para que Chris de quede, no escribir nada  durante los seis meses que va a pasar en el castillo. Le prohíbe también a Dick visitarlo y escribirle, y le encomienda rezar, pues todo está supeditado a Dios. Tras marcharse el cura,  se da la ocasión para que Chris se dé una vuelta por el castillo. Se le ha dado permiso para que lo recorra entero y en una de las habitaciones se encuentra con un gran espejo, ante el cual hace una actuación con el siguiente monólogo:
¿Quién eres tú? – Exclamó al fin en voz baja – ¡Tú, un extraño venido de la tierra de los sueños! ¿De dónde vienes? ¿Hacia dónde vas? ¿Cuál es la verdadera alma, el verdadero yo que está oculto detrás de esa sombría mirada?
         No deja de llamar la atención que Chris está consciente, aunque no lo reconoce públicamente, que ni siquiera él sabe quién es y que su verdadero yo se encuentra oculto en el fondo de esta cáscara de teatralidades, de poses y de palabras vacías. Mientras esté en el castillo estará dispuesto a ser sumiso y participar de todas las actividades que  disponga para él Mr. Rolls, que era “tan bueno como Dios y tan sagaz como el Diablo”, pero lo hará más por mera representación de un papel que por verdadera convicción:
        “Un placentero panorama comenzó a desplegarse frente a Chris. Estaba ahí como un paciente – se dijo a sí mismo – como un convaleciente físico tal como otros lo habían estado antes según él lo había escuchado. Pero él era más profundamente interesante y su estadía ahí no sería tan larga. Estaba seguro  de que el otro lo entendería. Tal vez mientras tanto podría representar un nuevo rol, cediendo con una dulce melancolía a todo lo que se le prescribiese, y así poco a poco podría ganarse el corazón del viejo, a través de su conmovedora constricción y languidez. Entonces, él sería apreciado hasta convertirse en indispensable, encontrándose a sí mismo en la posición de un amigo íntimo y como alguien mucho más inteligente que el viejo Mr. Yolland quien, y Chris estaba seguro, era la persona más convencionalmente limitada, sin percepciones y perspicacias….Pensó que podría ser una especie de retiro aristocrático.”

          “¡Sí! Él había compuesto su nueva actitud. Todo encajaba muy bien: era un delicado recluso hablando en voz baja, observando con una mirada de profundo arrepentimiento, comprendiendo a los hombres y a la realidad, dándose cuenta del vacío de la vida y de la alegría del espíritu interior y compartiendo el  silencio íntimo con su distinguido viejo.”

         De este modo según creía él, toda su estadía ahí sería una interpretación teatral de un recluso melancólico, llena de poses intentando ganarse al viejo que, según él, terminaría siendo su amigo íntimo. Sería como un placentero retiro espiritual en un lugar maravilloso y en  aquellos bellos paisajes campestres podría además,  encontrar la ocasión para escribir hermosas descripciones que serían su goce y se sentiría pleno consigo mismo.
         Sin embargo, todo este idílico proyecto del retiro aristocrático se viene al suelo.  Tras haber cenado con Mr. Rolls y el capellán benedictino, se encuentran los dos solos, lo que le da a Chris la ocasión de elogiar el castillo y su vida campestre en general, siguiendo siempre su actoral estilo de expresión que esta vez le juega una mala pasada y que se convertirá para Mr .Rolls en la oportunidad para someterlo al tratamiento apelando a su amor propio.
- ¡Naturaleza! – Dijo - ¡Oh gran dios Pan! ¡Un contacto sanador! Casi me olvidé de mí mismo por un instante durante el atardecer en los jardines.
-¿Usted encuentra Mr. Dell?
- ¿Encontrar? Yo vivo en el campo, y en la ciudad solamente existo. Usted no se puede imaginar el placer que me causa a mí estar aquí (…)
- Mr. Dell, ¿puedo decirle algo?
- Lo que usted quiera, Mr. Rolls.
- Se trata de esto: me pregunto hasta qué punto siente lo que dice.
    Aquí es pues donde Chris cae en su propia trampa. Si es tanto lo que le gusta la vida del campo, ¿por qué no trabaja en él y vive como un simple y humilde campesino inglés?  Chris insiste en que le encanta la naturaleza y la vida sencilla del campo, que está aburrido de las etiquetas y convencionalismos y que se conforma con:
“Una habitación simple - ni siquiera con una casa – comida simple, un poco de vino, una cama donde dormir, y trabajo duro para realizar, un campo divino y el silencio de Dios sobre mí. No más que eso.

        El viejo insiste en que no le cree mucho lo que dice y que todo esto no son más que meras palabras. El anzuelo está lanzado…Mr. Rolls le dice que allí en Foxhurst puede llevar a cabo su sueño de una vida sencilla trabajando para él en el jardín como sub-jardinero el tiempo que quiera. Hay que leer la escena para entender a fondo el aprieto en el cual se había metido Chris por hablar de más. Mientras tanto diremos que acepta el desafío e inmediatamente se le conduce a una cabaña donde viven además del jardinero en jefe, el capellán. Se le asigna un cuarto pequeño con lo indispensable, y que más encima tenía una de las ventanas rotas. Despojado de sus ropas, viste ahora como un humilde jardinero inglés con botas y ropa de trabajo. Acostumbrado al sentimentalismo romántico se consuela embelleciendo con sus pensamientos esta sórdida y grosera realidad.
          La teoría de Mr. Rolls se reduce a que únicamente mediante el trabajo duro podrá Chris corregir el sentimentalismo. Los que le aman tienden, sin mala intención,  a  contribuir a que sus vicios se mantengan o aumenten, pues nadie quiere herirlo.
        Por espacio de un mes el orgullo de Chris puede más y está dispuesto a llegar a las últimas consecuencias para mantener su dignidad. Si él ha dicho que ama la vida campestre y que le basta tan poco para ser feliz lo va a demostrar. Sin embargo, esto va a durar hasta que sucumbe por el frío a causa de la lluvia que le ha hecho tiritar en su pequeño cuarto. Humillado y quebrado por las incomodidades, va a hablar con Mr. Rolls para decirle que no es apto para la vida campestre y que está harto de ella. Mr. Rolls desde que trabaja para él, no lo trata ya como a un huésped sino como a un empleado suyo de última categoría y cuando a Chris se le olvida esto último recibe del viejo una seria reprimenda. 
        John Rolls por fin tiene la ocasión de decirle lo que hace tiempo pensaba decirle. Las palabras son duras y al final cuando finalmente Chris se retira – sin renunciar – a su habitación el viejo rompe en llanto. Esto es lo que le dice:
- “Usted vino aquí fanfarroneando y agitándose diciendo que no necesitaba nada más que a la Madre Naturaleza y señalando además una serie de cosas por el estilo (Fue cuidadoso al escoger las frases para herir más todavía con cruel deliberación). Yo pensé que las estaba diciendo como las he oído usar  a menudo en los hombres y por poco me convencieron. Casi creí que era sincero conmigo, y tal como usted recordará, no le insinué nada. Entonces usted insistió en decir su discurso nuevamente y estaba indignado por yo no creerle. Le di por tanto, la oportunidad de probarlo. Y después de un mes viene usted aquí a decirme ¡qué ya tuvo suficiente! ¿Quiere mi opinión acerca de esto? La tendrá quiérala o no….Le diré lo que usted es…usted es un falso, que ha aprendido a decir lo que los otros quieren escuchar, y las palabras no significan nada en su boca. Yo nunca antes había conocido a un hombre como usted, y deseo no conocer a ninguno más. Estoy extremadamente molesto y decepcionado”. (…) “Mejor será que usted vuelva con su mujer y con  su bestial vida, y que se olvide que alguna pensó ser un hombre de verdad. Probablemente usted al menos haya aprendido a no fanfarronear, al menos eso es una lección.  Si lo desea, puede usted regresar y escribir sus cosas, pero no olvidará esto: que usted no es lo suficientemente hombre para tomar una pala.
 O si quiere, puede usted volarse los sesos e irse al infierno. Yo lo hubiera esperado de usted, es una de sus características, y me pregunto cómo no lo ha hecho antes. Debo pensar que usted no lo ha hecho antes a causa de su estupidez y de su debilidad. Puede usted optar por lo que desee.”
       Dolido hasta lo más íntimo de su ser Chris queda choqueado e indudablemente la cáscara ha comenzado a quebrarse.
         El padre Yolland se entera que la niña Annie se ha casado con Lord Brasted y quiere personalmente comunicárselo a Chris por temor a que éste reaccione mal y se vea afectado. Emprende viaje junto con su padre  hacia Foxhurst para buscar a Chris, ya que además se ha enterado de la humillante situación en la que se encuentra y que es comidilla de chismes en el pueblo: que el educado caballero, periodista de Oxford trabaja como sub-jardinero en el castillo y que es tratado como cualquier otro peón de Mr. Rolls. Estas noticias mantienen a Dick en un estado de profunda conmoción y duda si fue una buena decisión dejar a Chris bajo la tutela del viejo.
        Llegados al castillo se entrevistan con Mr. Rolls quien hace llamar al sub-jardinero. La escena del encuentro de Chris con Dick es desgarradora para este último y no quiero entrar en detalles, simplemente decirles que Chris está completamente cambiado. Guarda el respetuoso silencio que tendría un sirviente delante a su amo,  frente al ataque de sentimentalismo del padre Yolland que le suplica con lágrimas en los ojos que se vaya con él y su padre a Amplefield. El cura en un arrebato de compasión intenta hacer reaccionar a Chris que sigue impávido y frío.  Finalmente no se va con Dick, sino que en silencio vuelve a su cuarto tras enterarse además del casamiento de Annie. Inmediatamente John Rolls se pone en guardia, pues intuye que Dell planea algo.
        Sin Chris, padre e hijo Yolland vuelve a su casa. Sin embargo, Dick tras reflexionar se da cuenta de que con su actitud estaba echando a perder todo lo que el viejo Rolls había logrado y sin poder estar tranquilo, vuelve en la noche al castillo para hablar con Chris de otra manera. Ahí se encuentra con Rolls que intenta en ese momento impedir que Chris se suicide, cosa que estaba tramando y que ahora iba a concretar, sin saber que Rolls ya lo había predicho y que había tomado las medidas necesarias para impedirlo. Mr. Rolls obliga al padre Yolland a jurarle que hará todo lo que le ordene, amonestándolo de pasada, por su gran debilidad e instándolo a que rece, que rece fervorosamente el rosario mientras esperan que se desencadene todo. Llega por el fin terrible momento y en el último minuto, Chris es salvado del suicidio, y ha quedado curado mediante la prueba más dura: sorprendido en el acto y se le hace sentir horror al cometer semejante propósito.
        La novela termina con un garden party en la casa de los Yolland. Están todos invitados, Lord Brasted y su señora y por supuesto Mr. Rolls y Chris, que ha vuelto a ser recibido como huésped y que ahora se ha convertido casi en un hijo para Rolls. Será el primer encuentro entre Annie y Dell después que ella lo largara de la casa y nadie sabe cómo va a reaccionar éste cuando la vea ya casada con Brasted. Esto preocupa sobremanera a Dick que no quiere ver a su amigo sometido a semejante bochorno. Lo que ignora es que Chris ya no es el mismo y que efectivamente el encuentro se produce con la más sincera naturalidad: Chris ha quedado curado y ahora emprenderá nuevos rumbos.
         Cuando esta novela fue publicada causó una gran conmoción. Hubo, por una parte,  gente que se sintió perturbada al verse reflejada en los personajes y decían que Benson no debió haber hecho una parodia de los mismos. Por otro lado, hubo gente a la que le fascinó este libro, diciendo incluso que era la mejor novela de Benson.
         Yo por mi parte, quedé encantada con este libro. Descubrimos en esta novela los temas recurrentes de Benson: la redención a través del sufrimiento; la presencia constante de sus amados monjes; la oración como recurso para alcanzar el ideal cristiano, etc, etc. Para quienes puedan leerla en inglés, se encuentra digitalizada en:
  http://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=uc1.$b322699;view=1up;seq=2

 

 

     

sábado, 27 de septiembre de 2014

Los Sentimentalistas de R.H.Benson, primera parte


 


          
             
           Con dolor hemos visto las penosas noticias relativas a lo ocurrido en el obispado de la Ciudad del Este, sin embargo quisiera poder distraer un poco la atención sobre esto, a quienes aún tienen la paciencia de leer lo que publico, con un post que no tiene nada que ver con los temas curiales y con la incertidumbre que se ha apoderado de nuestras almas. Estamos conscientes que la cosa se está complicando y que nosotros, casi como meros espectadores que no podemos hacer mucho, estamos llamados a ser, contra viento y marea, buenos cristianos y a ganarnos el Cielo a pesar del Obispo de Roma y de sus arbitrios.

         En fin, he terminado de leer esta magnífica novela de Mgr. Benson: The Sentimentalists escrita mientras estaba ejerciendo su apostolado en Cambridge en el año 1906.  Tuve la suerte de poder encontrar esta novela en español, y digo suerte porque con el inconstante ritmo de traducción que tengo, difícilmente la hubiera podido leer en inglés de un tirón como lo hice con la traducción al español del padre Juan Mateos. Estuve comparando a vuelo de pájaro la traducción al inglés y debo decir que, si bien es completamente loable el esfuerzo que hiciera para la editorial Gustavo Gili el padre Mateos en el año 1925, hay muchos aspectos que se extrañan de la traducción original. No soy nadie para decir que es una mala traducción, pero comparando los textos, la edición española deja mucho que desear y es deficiente. Y cuando no le calza, agrega frases, aunque con el bien intencionado propósito de transmitir mejor lo que el autor quiere expresar. Intentaré, teniendo como base el texto del padre Mateos, hacer una nueva traducción de esta novela apenas me dé el tiempo y ojalá algún día pueda publicarla. Creo que vale la pena plenamente  hacer este trabajo porque esta novela es simplemente una delicia. Es de aquellos libros que en cada página se encuentra una enseñanza. Además la trama es ágil y no se detiene en descripciones ociosas y tediosas.  Me trajo a la memoria, apenas comencé a leerla, Retorno a Brideshead de Waugh, imposible sustraerse de relacionarla con esta novela, pues sus protagonistas se sitúan en la acomodada clase alta católica inglesa, con sus sofisticados y educados estudiantes de Eton y Oxford. En ambas novelas se plantea el tema de la redención que para algunos, únicamente se alcanza a través del sufrimiento. También me recordó en ciertos aspectos más banales a la actual Downton Abbey con sus lacayos, garden party, y todos los convencionalismos de aquellos primeros años del siglo 20.
 
       Sin embargo, más allá de estos pintorescos detalles sociológicos lo que interesa es la historia que está detrás y la enseñanza que nuestro querido autor quiere dejar: algunas personas solamente logran la purificación y la redención de sus almas mediante la aniquilación completa de los  subjetivismos y de aquello que los mantiene esclavizados a sí mismos. El carácter se forma en el sufrimiento, en la austeridad y en la renuncia a aquellas tendencias que nos convierten en sujetos sentimentales llevados más la subjetividad de las emociones que por la objetividad de la verdad. Existen ciertos personajes que para reformarse necesitan caer en lo más hondo del foso para poder resurgir renovados y este es el propósito fundamental del libro.

         Voy a intentar resumirles la novela insertando además algunos fragmentos que me ayudarán con esta tarea. La novela comienza  con la visita de un enigmático personaje, Chris Dell,  a su viejo amigo de la época de Oxford, Dick Yolland, amigo que ahora es sacerdote católico. Chris es el clásico tipo afectado, un poseur, como le llama Benson.

“Christopher Dell era sin duda alguna lo que los franceses llaman un poseur, es decir, un perpetuo actor de gestos y maneras estudiados; no obstante, a la vez era también mucho más que todo eso”.

       Lleno de mañas, de refinamiento y de estudiados modales, me hizo recordar por un momento al desagradable personaje de Anthony Blanche de Retorno a Brideshead, aunque Dell no era homosexual, es más todo lo contrario: el tipo tenía buen arrastre con las mujeres que veían en él a un caballero fino y de mundo, más allá de todos sus teatrales maneras. Tenía ese modo de hablar que arrastra espantosamente las palabras, ridículamente exagerado para todo. Benson reconoce – según cita Martindale – que el personaje de Chris Dell es una grotesca caricatura, una violenta parodia de algunos individuos que, siendo en el fondo muy buenos,  son tremendamente histriónicos, teatrales en sus modales, en su hablar y que no están dispuestos a renunciar a sus caprichosos gustitos por nada del mundo. Suelen hacerse las víctimas, como niños mimados que hacen pataletas, y nunca tienen la culpa de lo que les pasa, sino que es el mundo que no los entiende. No me cabe la menor duda que Benson conoció a muchos de estos Chris Dell y que lejos de ser parodias de los mismos, estas personas existen y son tal cual.

        Dell se había convertido al catolicismo en su época de Oxford y  a pesar de ser sincero respecto de su catolicismo, vivía prendiéndoles velas a los dioses griegos, a Hermes y a cuanto dios griego más, y llevaba para todos lados un ejemplar de Bocaccio, casi como un pagano con estúpidas prosopopeyas, o como diríamos en Chile, un siútico. Tenía además la sospecha de una reputación de un vividor y libertino,

 “pero Chris había tenido siempre el buen acuerdo de no hablarle del asunto, y el sacerdote se había guardado muy bien de preguntarle: aquello era demasiado repugnante”.

          Había llevado una licenciosa vida en Italia y en París, lugar este último donde había convivido con una mujer, y habiéndolo perdido todo  en negocios poco limpios vuelve a Inglaterra. Caído en desgracia llega a pedirle ayuda a su amigo sacerdote y cuando él le ofrece alojamiento y pasar además unos días en la casa de su padre, Chris se muestra agradecido y sincero. Dick incluso piensa pedirle a su padre que le dé algún trabajo para que el hombre se gane la vida, mientras encuentra algo más estable.

       Después que Dick le comprara ropa decente en una lujosa tienda de Londres,  aquellos trajes finos y pijamas de seda que tanto le gustaban, parten al día siguiente a Amplefield donde vive el padre de Dick, que le dará a Chris trabajo como bibliotecario para que ponga en orden la enorme biblioteca que se encuentra lastimosamente desordenada. Cerca de la casa paterna viven los Hamilton, familia compuesta por la viuda, la hija y un sobrino, Jack Hamilton (que el padre Mateos traduce como Juanito Hamilton) un joven de diecisiete años estudiante de Eton.  También estaba siempre presente en la casa un antiguo amigo de la familia Lord Brasted que habiendo sido muy amigo del esposo de la viuda, ahora pasaba algunas temporadas para acompañarla a ella y a su hija. Muy cercano al círculo de los Hamilton está el reverendo anglicano del lugar, muy querido por ellos, el vicario James Stirling el cual tenía su particular mirada sobre sus “colegas de la comunión romana”:

“otra de las opiniones del reverendo Stirling sobre el clero católico, era que cuanto más condescendiente y enemigo de controversias se mostrara un sacerdote romano en su conversación, tanto más segura y temible era su habilidad en el arte de conquistarle prosélitos”.

        Me causa gracia esta observación de Benson, que provenía del ambiente anglicano,  y que por tanto, sabía muy bien como ellos miraban a los católicos y los recurrentes comentarios desconfiados que se hacían de éstos.

         Ambos amigos van de visita a esta casa, donde Chris se luce con sus historias sobre Italia y se gana el aprecio y la admiración de todos excepto de Lord Brasted. De vuelta en la casa de Dick, reciben la visita de un extraño viejo medio ermitaño, amigo de Mr. Yolland, que tiene fama de ser medio místico y de ser por otra parte, un penitente que purga los pecados de una  antigua vida disoluta que trajo como consecuencia la muerte de su esposa. Era el último descendiente de una antigua familia católica escocesa que vivía  en un enorme castillo, Foxhurst, solo, acompañado únicamente por sus sirvientes, el capellán y de vez en cuando algunas visitas que buscaban en el viejo sus consejos. Este señor, Mr. Rolls, es un espigado viudo de mirada melancólica que pasaba largas horas en su capilla, en oración.  Después de haber cenado con él en la casa de los Yolland, a Chris no le causa una buena impresión.

        Durante unos meses entonces encontraremos a Chris trabajando como bibliotecario en la casa de Amplefield. Por un asunto de conciencia y de preocupación por el futuro de su amigo, Dick consigue para él un trabajo como periodista en un diario. A todo esto Chris se ha comprometido en matrimonio con la joven niña Hamilton – Annie – a la que le dobla la edad. Tiene que esperar un par de años para casarse con ella, pues es menor de edad. Chris queda prendado por la inocencia de la niña y ella está maravillada con este hombre de mundo que le habla de las maravillas de Italia. Esta relación a Dick le causa inquietud y expectación.

 “Por una parte Annie era protestante, rica heredera de una gran fortuna, muchacha de inocencia inmaculada y de nada vulgar belleza. Chris, al contrario, no podía hacer valer otros títulos que los de católico vagabundo, más pobre que una rata, y más corrido y baqueteado que titiritero de feria”.

        La  verdad es que a nadie le gusta este noviazgo: ni a la madre, ni a Lord Brasted, ni a Dick, ni al Sr. Yolland. Chris, que  no le contó ni a la madre ni a la hija algunas de sus aventuras pasadas, finalmente cae en desgracia cuando Lord Brasted se entera de sus correrías en París, de la mujer con la que ha convivido y decide desenmascararlo frente a Annie. Durante la escena, en la cual también está presente el padre Yolland, Chris ofrece un nuevo espectáculo melodramático, con un ataque de histeria. Enfrentado a la familia y a la niña, ella decide echarlo y él explota con una serie de frases blasfemas y llenas de resentimiento, culpando a Dios. Si el perdón existe y yo ya confesé mis pecados, entonces ¿por qué se me juzga de esta manera? Si se me rechaza de este modo, parece entonces que el perdón no existe, ni tampoco Dios:

“Me voy entonces, donde les he dicho y los dejo a ustedes y a su Dios, juntos. Me suicidaría si creyera en Él, para decirle lo que pienso.  Entre todos ustedes han hecho una gran cosa: ustedes han arruinado un alma…Y a ti, padre Yolland, no tengo nada más que decirte…me has mentido sobre Dios, no existe el perdón, ni ninguna otra cosa más en el mundo.”

 (La traducción de este párrafo es mía porque la del padre Mateo casi no tiene nada que ver con el original en inglés)

        Cabe señalar que el padre Yolland era un buen cura, pero le faltaba carácter para imponerse a estas manifestaciones teatrales de Chris, y que mal entendía el afecto por un dejar hacer lo que quisiera a su amigo para no herirlo, incluso cayendo él mismo también en sentimentalismos, pues se dejaba llevar por la emoción y por los convencionalismos más que por la razón. ¿A quién no le ha pasado alguna vez que por creer herir a alguien al decirle la verdad, omite y finalmente todo se arruina a causa de nuestros falsos respetos humanos? Por miedo a romperle el corazón a alguien, lo dejamos ser, cuando debiéramos hacer lo contrario por su propio bien. Y estas cosas no solamente pasan a nivel individual, sino también a nivel social, cuando frente a un error nos quedamos callados para  equivocadamente, no ofender.

        Gracias a Mr. Rolls la niña Annie se libra de caer en la histeria que le provoca esta gran desilusión amorosa y el caballero de mirada melancólica logra curar sus heridas mediante algunas largas conversaciones a solas con la chica. Al mismo tiempo, Chris, que había vivido en Londres con Dick por algún tiempo, finalmente se pierde de vista  por dieciocho meses. Deambula por París donde había vuelto con la mujer que termina por echarlo nuevamente y acaba viviendo en un barrio de mala reputación donde se ha dedicado a escribir algunos artículos para diarios y alguno que otro poema.
          Preocupado por la suerte de Chris, Mr. Rolls cita a su casa al padre Yolland a fin de proponerle un plan para salvar a Chris. La única manera de rescatar a este poseur según Mr. Rolls es hacerlo añicos, idea que espanta a Dick:

“-Él sólo necesita una cosa, tal como usted o como yo, padre. No necesito decir lo que es. Pero el camino por el cual la Gracia llega es otro asunto y está en nuestras manos. El camino puede ser el Amor o la Ira, y pienso que en este caso es la ira. Recuerde que él ha vivido una vida repugnante e indecente.
- ¿Y bien, señor? – La voz de Dick tembló mientras hablaba.
- Pienso que este hombre debe ser hecho trizas. (This man must be broken to pieces, I think)”

        Dick no puede creer lo que está oyendo y le insiste a Mr. Rolls que es todo lo contrario lo que hay que hacer para poder sacar a Christopher adelante:
- Mr. Rolls yo jamás hubiera telegrafiado hoy si hubiera pensado…si yo hubiera imaginado que usted pensaba todo eso…Él…Él necesita amor…y ternura…y…y…levantarse de a poco. No es que me olvide de sus faltas…pero por el amor de Dios no diga que…
- ¿Sí padre?
- ¡Oh Dios! ¡¿Acaso usted no entiende?! ¡¿No entiende?! – exclamó Dick apasionadamente.

        Sin poder entender lo que estas palabras “hacerle trizas” significan y bastante perplejo y apesadumbrado, Dick a pesar de no estar muy convencido, acepta a ciegas las condiciones que le impone Mr.Rolls y a pedido de él va a buscar a Chris para traerlo al castillo de Foxhurst a pasar unos meses con el viejo, pues el mismo Mr. Rolls se encargará del tratamiento de este enfermo del alma, que necesita un golpe duro que rompa el molde cristalizado y solidificado por la fantochería dramática que oculta su verdadero ser natural, y para lograrlo apelará a su amor propio. ¿Cómo será el encuentro del padre Yolland con Chris después de tanto tiempo? ¿Aceptará venir con él al castillo?

                                                               Continuará……

       

       

viernes, 19 de septiembre de 2014

Sobre los católicos divorciados vueltos a casar

Carta de San Jerónimo a San Amando de Burdeos
Sobre los católicos divorciados vueltos a casar

Carta de San Jerónimo, en la que el Doctor de la Iglesia explicaba la cuestión de los católicos divorciados vueltos a casar a un sacerdote francés que le preguntaba por un caso real:
 
“Encuentro adjunto a tu carta de preguntas un breve escrito que contiene las siguientes palabras: ‘pregúntale si una mujer que ha dejado a su marido por ser un adúltero y un sodomita y se ha visto obligada a tomar otro marido mientras el primero todavía vive está o no en comunión con la Iglesia sin hacer penitencia por su pecado’. […]

A la hermana […] que pregunta esto sobre su estado no le des mi sentencia, sino la del Apóstol: ‘¿O es que ignoráis, hermanos, - hablo a quienes entienden de leyes - que la ley no domina sobre el hombre sino mientras vive? Así, la mujer casada está ligada por la ley a su marido mientras éste vive; mas, una vez muerto el marido, se ve libre de la ley del marido. Por eso, mientras vive el marido, será llamada adultera si se une a otro hombre; pero si muere el marido, queda libre de la ley, de forma que no es adultera si se casa con otro’ (Rm 7,1-3). Y en otro lugar: ‘La mujer está ligada a su marido mientras él viva; mas una vez muerto el marido, queda libre para casarse con quien quiera, pero sólo en el Señor’ (1Co 7,39).

Así el Apóstol ha zanjado cualquier alegación y ha declarado que, si una mujer se vuelve a casar mientras su marido está vivo, es una adúltera. No hace falta que me cuentes historias sobre violencia, la insistencia de una madre, la severidad de un padre, la multitud de parientes, los trucos y la insolencia de los criados o las pérdidas de bienes. Mientras su marido esté vivo, aunque sea adúltero y sodomita, esté manchado por todos los crímenes y se haya divorciado de su esposa movido por sus propias maldades, sigue siendo su marido y no puede casarse con otro. No es el Apóstol quien decide esto por su propia autoridad, sino Cristo que habla a través de él. Pablo simplemente recuerda las palabras de Cristo, que nos dice en el Evangelio:

 ‘Yo os digo: Quienquiera repudie a su mujer, si no es por causa de fornicación (1), se hace causa de que se cometa adulterio con ella; y el que toma a una mujer repudiada, comete adulterio’ (Mt. 5,32).

Fíjate en que dice: ‘el que toma a una mujer repudiada, comete adulterio’. Ya sea ella la que ha dejado a su marido o su marido el que la ha dejado a ella, quien la toma comete adulterio. Eso explica por qué los Apóstoles, al contemplar la dura carga del matrimonio, exclaman: ‘Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse’ (Mt 5,10).Nuestro Señor les responde: ‘El que pueda entender, que entienda’ (cf. Mt 19,10.12) y mediante el ejemplo de los tres eunucos, inmediatamente muestra la bienaventuranza de la virginidad, que no está encerrada en ningún vínculo de la carne […]

Así pues, si esta hermana […] desea recibir el Cuerpo de Cristo y no ser considerada una adúltera, debe hacer penitencia. Al menos desde el momento en que emprenda una nueva vida, todas las relaciones conyugales con su segundo marido deben cesar. Sería más correcto llamarlo adúltero que marido. Si encuentra que esto es difícil y que es incapaz de dejar a un hombre al que ha entregado su amor, si pone los placeres sensuales por encima de nuestro Señor, que tenga en cuenta la afirmación del Apóstol: ‘No podéis beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios. No podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios’ (1 Co 10,21). Y también dice: ‘¿Qué unión hay entre la luz y las tinieblas? ¿Qué armonía entre Cristo y Belial?’ (cf. 2Co 6,14-15).

Por lo tanto, te ruego que la confortes y la animes a buscar la salvación. La carne que está enferma debe ser cortada y cauterizada. No hay que culpar al tratamiento sino a la herida si el cirujano muestra una severidad misericordiosa que resguarda no resguardando de la verdad y sólo es cruel para hacer el bien”.

Carta de San Jerónimo a San Amando de Burdeos (en torno al año 394).
Nota
1 No quiere decir que en el caso de adulterio de la mujer el marido tenga el derecho de casarse con otra, sino solamente apartar a la adúltera. El vínculo del matrimonio subsiste hasta la muerte de uno de los contrayentes. (Comentario Mons. Dr. Juan Straubinger).