martes, 8 de agosto de 2017

Crecer jugando con barro y agua

        
   "Ustedes han visto un niño, cómo se excita con la flor, con un insecto, porque ve un milagro en esas cosas; y es que todas las cosas son un milagro. Una hormiga es un milagro, sencillamente, ese cuerpecito diligente sostenido por seis patitas minúsculas, y que las seis patitas llegan al suelo...(Maeterlinck hizo la experiencia de cuánto vivía una hormiga, tuvo una hormiga ocho días dentro del agua y, cuando la sacó, estaba viva todavía.) Y el niño va sacando de los pájaros, y de la hojita, y del sol, una sugerencia. 

         La infancia es la época receptiva por excelencia; va el niño formando lo que se llama el subconsciente, y después sacará todo eso a flote. Es en la infancia cuando se forma ese subconsciente, y después, eso alimenta a la inteligencia, cuando la persona llega al uso de razón. Cosas que él no va a saber. Como es el caso de Paul Claudel, que se salvó gracias a su comunión  con la tierra. Se forma bien al niño en su infancia, recoge eso el subconsciente, y después el hombre va a saber distinguir la luz de las sombras; va a tener como un instinto de la luz en todos los órdenes. Bueno. Éste es un punto verdaderamente importante y hay que hablarlo hoy en tono de elegía, de muerte.

         El hombre antiguo estaba en medio del universo sensible, como el pez sumergido en el agua; de ahí las grandes culturas que han nacido y los procesos artísticos que han surgido de los egipcios, de los griegos. Estuvieron en contacto con la tierra, con las aguas, con el universo. Y eso estaba empapando su vida con mil sugerencias, con misterios luminosos.

         Nunca identifiquen "misterio" con "sombras" sino con "luminosidad". Es cuando llegamos a mirar las cosas en sí. Nos esforzamos hasta llegar a la esencia de la cosa, y después cuando vemos la cosa en sí, ya está: estamos en la posesión del misterio. El misterio hombre, y el misterio mujer; y el misterio cielo, y el misterio ángel, y el misterio Dios. El hombre antiguo hacía así, y de ahí que daba esa floración tan diáfana.

         El hombre moderno, qué es lo que ha hecho: se ha aislado de la naturaleza, porque partió de un punto falso. Todavía rebelado, (creyó que no) es la naturaleza la gran amiga del hombre. Y el hombre ha creado un mundo de acero, y todo es áspero, y no sabe sino matar a sus niños. Ese ambiente sin sol, sin cielos, sin aves, sin barro, sin agua. Tiene que haber una reacción, o por lo menos una potente nostalgia, que lleva al hombre a ese contacto con las cosas creadas, de las que acepta el hombre la sabiduría".

                                                                 Fray Mario José Petit de Murat, El amanecer de los niños

                       Nota de Beatrice: la foto que ustedes ven arriba corresponde a dos de mis hijos con sus pies en la acequia que cruza nuestro campo. El agua está a no más de 5 grados celcius, pero a pesar del frío,  no hay cosa que disfruten más estos pequeños salvajes que estar con el agua hasta la rodilla, con los pies llenos de barro, y nuestra perrita corriendo como un verdadero perro de agua en el arroyo.. Dichosos los que vivimos en el campo. Bendito sea nuestro Señor, que nos regala estos pequeñas gracias que convierten a los niños en hombres hechos y derechos.

2 comentarios:

  1. Interesante. Yo vivo en una ciudad grande, gris y ruidosa. Creo que es mejor vivir más rodeado de naturaleza. Pero los sacerdotes y laicos que conozco me miran con lástima cuando hablo al respecto. Creo que en general los teólogos no ven un problema en la ciudad. Aunque a nadie se puede imponer irse.
    ¿Usted cree que la vida es menos plena en las mega urbes?

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  2. Creo que la vida en las grandes urbes modernas dificulta llevar una vida espiritual, por el ruido, por el agetreo, por lo demencial que está la sociedad con sus modas, su música, su prepotencia. Y cuando se tienen hijos pequeños se complica más la formación. Con todo, también creo que depende de cada uno cómo lleve su vida espiritual en el lugar donde Dios le ha puesto. Se puede vivir como si Dios no significara algo en la vida en el campo o en la ciudad. Lo importante es hacerse el tiempo donde quiera que estemos para hablar con Dios durante el día, incluso haciendo nuestro trabajo. Y en el plano más práctico, si vive en un piso o en un departamento, habilite una pequeña huerta en el balcón y cultive un par de plantas o un par de vegetales para comer, le aseguro que ese ínfimo contacto con la tierra le hará bien a su espíritu.
    Gracias por comentar.

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