sábado, 22 de junio de 2013

De la amargura al odio


  A veces se torna muy difícil no caer en el odio cuando estamos siendo permanentemente sometidos al hostigamiento de quienes nos rodean. Dicen las Sagradas Escrituras que el enemigo está en la casa y no deja de ser cierto.
No se elige a la parentela, y menos a los parientes del marido. Cuando estos mismos parientes se ensañan contra lo que uno más ama en su vida por injustas reivindicaciones patrimoniales y uno ve como esa persona sufre, resulta muy fácil caer en la odiosidad contra estas personas. Pero como cristiano que somos sabemos que no debemos hacerlo. No tengo nada de ascética, ni de paciente, y por el hecho de ser mujer mis emociones y sentimientos a veces nublan mi razón.
Es trabajo de toda la vida limar el carácter. Hay cosas que con el tiempo y con la madurez que dan los años  se van moldeando y dominando, pero otras están ahí, como brazas encendidas debajo de la costra del hollín que al ser removidas vuelven a encenderse.
 Orar por el adversario es algo que me cuesta y mucho. No es fácil rezar por alguien que no nos simpatiza...soy sincera en esto, no pretendo dármelas de perfecta cristiana, porque no lo soy. Tengo mucho por crecer en mi vida cristiana y una de estas cosas que me quedan por superar es lo de ser muy "picada" y no es bueno "negarle" los rezos a nadie.
Todo este gran problema por el cual atravesamos como familia me ha llevado a reflexionar, no directamente con el problema mismo, sino a mirarme desde mi reacción. A partir de aquí he sacado algunas conclusiones: resulta muy difícil llegar a una vida ascética y contemplativa cuando se está metido en el mundo, con sus afanes y trabajos, problemas y preocupaciones. Pienso que una santidad perfecta se alcanza solamente cuando se aparta del mundo y se llega al trato permanente con Dios mediante la oración. ¿Cómo puede estar uno en presencia permanente de Dios, sin bulla interior y exterior, cuando  se está tan metido en el trabajo, en la vida del mundo? Habrá gente que logra esto, eso de santificarse en el trabajo, pero dada la vida moderna, dados como son los trabajos modernos y todo lo demás que ya sabemos, es bien difícil la cosa; o por lo menos a mi se me hace complicado. No se puede santificar en lo cotidiano, si antes no se ha logrado la mística o la ascesis suficiente que le permita estar pleno de Dios. Solamente logrado esto se están en condiciones de llevar la santidad a la vida terrenal para a su vez santificarla, es decir, para santificar el medio en el cual se está inserto.
Mientras tanto yo por mi parte tengo la tarea de transformar esta amargura que me lleva al odio mortificando mis impulsos, racionalizando mis emociones, y sobre todo confiando en que Dios  escuchará nuestras oraciones y nos arreglará el problema si trabajamos con caridad buscando la justicia.
Les dejo entonces este texto que medito en mi corazón para calmar mi alma, aunque estoy lejos de poder por el momento suavizar mi espíritu para hacer lo que dice San Máximo Confesor. Pido humildemente sus oraciones por esta familia. Es una prueba que Dios una vez más pone en nuestro camino.

 "Si padeces una prueba causada por tu hermano, y la amargura te lleva al odio, procura que el odio no te venza, y vence tú al odio con la caridad. Lo vencerás de este modo: orando sinceramente por él, aceptando sus excusas o cuidando tú mismo de excusarlo, asumiendo en ti la responsabilidad de la prueba y llevando todo con grandeza de alma, hasta que pase la nube.
Tiene grandeza de alma quien espera el fin de la prueba y alcanza la gloria de la constancia.
Si sucede que un hermano tentado habla insistentemente mal de ti, no te dejes arrancar del estado de caridad por este mismo demonio malo que te turba la mente. Y nunca te arrancará si, cuando eres injuriado, bendices, y cuando eres atacado, te muestras bondadoso. Este es el camino de la sabiduría de Cristo; quien no lo sigue nunca gozará de su compañía.
Un alma racional que alimenta odio contra un hombre, no puede estar en paz con Dios, que es quien estableció los mandamientos. Dice éste efectivamente: Si no perdonareis a los hombres sus deudas, tampoco vuestro Padre celestial perdonará vuestras deudas (Mt 6, 14). Y si tu prójimo no quiere hacer la paz, tú guárdate de odiarlo, y ora sinceramente por él, y no hables a nadie mal de él.

                                                            San Máximo Confesor, Centurias sobre la Caridad

2 comentarios:

  1. Mi estimada hermana;
    la infinidad de veces que me planteé el problema que usted plantea, me sentí sin aliento para poder "solucionarlo". Es difícil permanecer unido a Dios en medio del ruido. Pero creo que es más difícil si uno se "prefabrica" la idea del "ideal" (si no rezo el rosario diario, asisto a misa todo lo que puedo, rezo todas las novenas, leo media hora de biblia todos los días, "no rezo"...).
    Si bien está claro que en la vida cristiana el ideal es la unión con Dios y Jesucristo en nuestro modelo a imitar... creo que de alguna manera nos han taladrado por centurias que hay ciertas cosas que "no van" con la oración y la vida de santidad.
    No voy a desautorizar a los millones de autores sabios que recomiendan el tiempo de oracion, no es eso a lo que me dirijo. Pero creo que es hora de que alguien tome la posta y pueda aplicar a la actualidad que vivimos.
    Mientras tanto, lo que intento hacer es procurar una vez en la semana un ratito en el que esté de verás a solas con El. Quizá no sea más que un cuarto de hora, pero intento que tenga la mejor calidad. Luego durante la semana, rezo jaculatorias, y asi voy desgranando mis oraciones durante el día: entre las aplastaduras de tren y colectivo, tareas del trabajo y las domesticas. Lo más perfecto para mi, es lo que la voluntad de Dios dispuso para este día. Y en la medida que lo cumpla con mejor amor, voy a hacer mejor mi oración ¿qué piensa? Quizá estoy equivocada, y es poco el tiempo que rezo, pero hasta ahora me ha dado resultado. Porque sigo en la lucha, y no está muerto quien pelea.

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  2. Querida Cristera:
    ¡Qué alegría tenerla comentando por estos pagos! Mi post es medio caótico porque tenía muchas cosas en mi cabeza y cuando uno está medio embromado habla desordenadamente. Son dos cosas las que quise decir y en esto de la oración estoy completamente de acuerdo con usted. Trato de tener presente durante el día a Dios en todo momento con pequeñas jaculatorias y algunos momentos de oración. Siempre le pido que me ayude a "soportar" el día porque a veces se me hace muy dura la carga. El otro punto que quise comentar es que cuando a uno lo están golpeando una y otra vez, cuando uno ve a la familia sufrir a causa de los mismos parientes es difícil no pasar al odio. Hay gente que Dios nos pone en el camino para probar la fe y si no estamos compenetrados con una vida de piedad, con la vida de oración, que llena cada célula de nuestro ser, es muy difícil soportar la prueba. He quedado literalmente agotada tratando de controlar mi furia frente a este problema y si he logrado vencer o calmar la animadversión es únicamente mediante la entrega de este dolor a Cristo en la Cruz diciéndole: ¡eres el único Señor que nos puede ayudar ahora! No sé si logré explicarme...el que explica se complica, ya ve.
    Un abrazo muy grande para usted y para el neotradi de su esposo,
    Beatrice

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