miércoles, 20 de marzo de 2013

Apotegmas


He estado hojeando el libro Los dichos de los Padres del Desierto. Ahora que nos acercamos a  Semana Santa he andado en búsqueda de algún apotegma que sirva como meditación y que me sirva sobretodo a mí como plan de vida.
A veces pasamos por la vida demasiado apresurados, llenos de actividades, bombardeados con un sin número de noticias que nos llegan por todos lados que hacen que la ira nos ciegue y nos quite la paz. Se nos suman los problemas que no faltan para perturbarnos el ánimo, y pareciera que mil cosas nos quisieran alejar de lo que realmente importa y que es el tiempo que debemos durante el día dedicar a Dios.
No voy a ser hipócrita con ustedes y reconozco que a la oración no le dedico el tiempo que debiera. El día se me hace corto, la casa y los críos me absorben y termino arrastrando los pies, pensando al final del día solamente en descansar. Mis raros de oración se reducen a repetir durante el día jaculatorias, me santiguo, rezo mientras hago las cosas de la casa por aquellos que he prometido hacerlo, pero siempre me queda la sensación de que no es suficiente. No soy muy aficionada a las devociones y mi mente divaga cada vez que intento rezar el rosario. En fin, ya que Dios nos conoce mejor que nosotros mismos, confío en que tendrá en cuenta las cortas e intermitentes oraciones de esta dueña de casa.
Orar no significa - al menos para mí y me van a disculpar si no es así - repetir y repetir frases con la mente dispersa en cualquier otra cosa. Para mí rezar es estar en la presencia de Dios con la mente y el corazón incluso revolviendo el puchero para el almuerzo. Dios quiera que sea así y que perdone mi negligencia si estoy equivocada. Debiera estar rezando en vez de estar escribiendo un post...por favor, tengan piedad. Escribir es para mí como respirar, y si no escribo aunque sea una línea, me derrumbo.
Y puesto que ya se ha hecho costumbre en este blog dejar algunos párrafos para meditar, les doy a dejar unos apotegmas de los padres del desierto.  El libro contiene muchos y muy bellos, y es muy difícil elegir unos pocos.  El último que cito es una profecía y nos atañe a los actuales momentos, especialmente a aquellos que pensamos que es hora de atrincherarnos para mantener la Fe cuando vemos cómo el mundo no hace lo que Dios pide y se deja arrastrar por el mal.

"Dijo Abba Juan: Yo quiero que el hombre tome un poco de cada virtud. Así cada día, al levantarte por la mañana, toma el principio de todas las virtudes y mandamientos de Dios, en la mayor paciencia, con temor y longanimidad, en el amor de Dios, con todo el celo del alma y del cuerpo, y con mucha humildad, soportando la aflicción del corazón y la vigilancia, en la oración respetuosa y abundante, con gemidos, en la pobreza de la lengua y la vigilancia de los ojos. Deshonrado, y sin enojarte; pacífico, sin  devolver el mal por mal; sin mirar los pecados ajenos; sin compararte, poniéndote más bien por debajo de toda criatura; renunciando a la materia y a todo lo carnal, en la cruz, en el combate, en la pobreza de espíritu, en la voluntad y la ascesis espiritual, en el ayuno, en la penitencia y el llanto, en la lucha, en el discernimiento, en la pureza del alma; tomando lo que es bueno; practicando el trabajo manual en la hesiquía; en las vigilias nocturnas, en el hambre y la sed, en el frío y la desnudez, en los trabajos. Cierra tu sepulcro, como si estuvieses muerto, para considerar a toda hora que tu muerte está cerca".

"Dijo el mismo Abba Isidoro: La prudencia de los santos es esta: conocer la voluntad de Dios. En la obediencia a la verdad supera el hombre a todo, pues es imagen y semejanza de Dios. De todos los pensamientos, el peor es seguir su propio corazón, es decir, su propio pensamiento en lugar de la ley de Dios, y por ello, se llega al dolor, porque no se conoció el misterio ni se encontró el camino de los santos, para esforzarse en él. Este en el tiempo de obrar para el Señor, porque la salvación está en el tiempo de la aflicción, como está escrito: En vuestra paciencia poseeréis vuestras almas"
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 De Abba Lucio. "Unos monjes, de los llamados euquitas, fueron una vez donde Abba Lucio, en el Ennatón, y el anciano les preguntó: ¿Qué trabajo manual hacéis?. Ellos respondieron: "Nosotros no hacemos trabajo manual, sino que, como dice el Apóstol, oramos incesantemente". El anciano les dijo: "Acaso no coméis?". Y respondieron: "Sí". Les preguntó: "Cuando coméis, ¿quién ora por vosotros?". Y después les dijo: "¿Acaso no dormís?". Y respondieron: "Sí". Y les dijo el anciano: " Y  mientras dormís, ¿quién ora por vosotros?". Y no encontraban qué responder a lo que les decía. El les dijo: "Perdonadme, pero vosotros no hacéis lo que decís. Yo os enseñaré cómo oro, mientras trabajo incesantemente con las manos. Estoy sentado con Dios, tejiendo mis pequeños ramos y haciendo esteras con ellos, y mientras tanto digo: Perdóname, oh Dios, por tu gran misericordia, y por tu gran piedad borra mi pecado." Les dijo: "No es oración esto?". Le respondieron: "Sí". Él les dijo: "Cuando he pasado todo el día trabajando manualmente y orando, reúno más o menos dieciséis monedas. Doy dos de ellas en la portería, y con las restantes, como; y el que toma las dos monedas, ora por mí mientras yo como o duermo. De este modo, por la gracia de Dios, se realiza en mí aquello de orar incesantemente".

De Abba Isquirion. "Los santos Padres profetizaron acerca de la última generación. Decían: "¿Qué hemos hecho nosotros?". Y uno de ellos, el gran Isquirion, respondió: "Nosotros hicimos los mandatos de Dios". Le preguntaron: "¿Qué harán los que vendrán después de nosotros?". Y dijo: "Llegarán a hacer la mitad de nuestro trabajo". Preguntaron nuevamente: "¿Y qué será de los que vengan después de ellos?". Les respondió: " Esas generaciones no harán ningún esfuerzo, y se alzará con ellos la tentación, y los justos que se encuentren en ese tiempo serán hallados más grandes que nosotros y nuestros Padres"

Los dichos de los Padres del Desierto, Ediciones Paulinas, Buenos Aires, 1986.-


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