domingo, 11 de junio de 2017

Otro libro de R.H. Benson traducido: La Luz Invisible


 

Parece que me demoré demasiado tiempo en traducir La Luz Invisible, ya que la BAC acaba de publicarla, con la traducción de nuestro buen conocido Sergio Gómez Moyano. Me faltaban sólo dos capítulos para acabarla...en fin, igual la terminaré. Me servirá  además para comparar mis limitadas traducciones con de un experto en R. H.  Benson. Esta es la portada del libro y su reseña:

A R. H. Benson le encantaba el mundo de los cuentos de miedo, como bien puede deducirse al analizar su vida y sus obras. Pero en las, descripciones sobrenaturales que pinta en sus relatos también existe una intencionalidad: quiere situar al lector dentro del ámbito espiritual a lo bestia, introducirlo sin anestesia en ese espacio que no es evidente para los sentidos. Y lo hace con ciertas evidencias sensibles, proporcionadas por los relatos de un anciano sacerdote en La luz invisible y por una serie de personas, la mayoría                                                                                                    también sacerdotes, en Un espejo de Shalott.


ACTUALIZACIÓN: Me ha llegado el siguiente enlace de la Editorial Trébedes quienes también han publicado La Luz Invisible, les dejo el enlace donde podrán encontrar además, una reseña del mismo:

La irrupción de lo sobrenatural en lo natural

“La invisible luz” es una novela que explora la irrupción de lo sobrenatural en lo natural. El narrador va hilando una serie de historias que le va contando un anciano sacerdote, historias de fantasmas, visiones y presencias invisibles, que nos llevan al mundo fronterizo entre la realidad tangible de lo natural y la realidad invisible de lo espiritual.
Como sugiere el título de la obra, esa realidad invisible se convierte en luz para la vida material, y estas historias extrañas se transforman en testimonio de fe, porque si creemos que “el Eterno se manifiesta a sí mismo en términos de espacio y tiempo”, no podemos extrañarnos de que “el mundo «espiritual» y los personajes que lo habitan se expresen algunas veces de la misma manera que lo hace su Creador”.
Aunque este libro se publicó originalmente en 1903, su contenido no ha perdido actualidad. Sorprende, por ejemplo, su afinidad con la doctrina de la encíclica “Laudato si” del papa Francisco. La naturaleza aparece como un sujeto vivo, dotado de un espíritu propio que lucha entre el bien y el mal y donde la acción del hombre se define como decisiva para interceder en esa tensión, actuando como un mediador que inclina la balanza hacia el bien.
En ese sentido aparece otro aspecto decisivo en esta historia, el carácter sacerdotal de la acción de todo hombre. El anciano sacerdote se debate en ese papel intercesor, por los inocentes, por la creación, por los pecadores: “Inocentes entre los hombres, los pájaros, las bestias, las flores; y yo seguía mi propio camino o me sentaba en casa al calor del sol, y ahora ellos vienen a pedirme a gritos que rece por ellos. ¡Qué poco he rezado!”. Él, que tienen una especial capacidad para ver lo sobrenatural de forma inmediata, ve alarmado la urgencia de esta intercesión y, a la vez, la pobre respuesta: “…¿qué has hecho tú para ayudar a tu Señor y a Sus criaturas? ¿Has vigilado o te has dormido? ¿No puedes velar conmigo una hora? ¿Qué parte has compartido de la Encarnación? ¿Has creído por aquellos que no pueden creer, esperado por los desesperados, amado y adorado por los de corazón frío? Y si no pudiste entender ni hacer nada de esto, ¿has al menos acogido con alegría el dolor que te habría hecho uno con ellos? ¿Te has compadecido alguna vez de ellos, o has ocultado tu cara por temor a afligirte demasiado?…”
El sacerdote protagonista de la historia ve claramente su papel en esa vocación intercesora. Ante los reproches de su amigo sobre su exposición al sufrimiento de otros, el protagonista contesta: “Sí, sí, (…) pero usted no lo entiende. Yo soy un sacerdote.” Poco después, extiende esta responsabilidad sacerdotal a todo cristiano, que debe estar en el punto de confluencia entre la dramática necesidad que produce el pecado y la gracia de Dios que viene a repararla: “yo debía ser el punto de encuentro, como cada sacerdote debe ser, de la necesidad de la creación y la gracia de Dios, como cada Cristiano debería ser en su posición.” Esta visión del sacerdocio común sorprende en una novela de 1903.

Otro punto de actualidad es la aproximación a esta temática a partir de historias de visiones y fantasmas, algo que últimamente se está poniendo de moda: zombies, vampiros, fuerzas sobrehumanas… Este relato nos recuerda que la visión cristiana de la realidad no esquiva lo sobrenatural, al contrario, toma de ahí su más profundo sentido de la realidad.

8 comentarios:

  1. ¿Vio esto, Beatrice? http://www.religionenlibertad.com/senor-del-mundo-novelapesadilla-benson-esta-verificando-57304.htm

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí estimado. Una buena amiga me envió ayer el link. Gracias.

      Eliminar
  2. "en fin, igual la terminaré."
    Muy buena noticia, pues disfruto bastante de la lectura de sus traducciones. Gracias Beatrice!

    ResponderEliminar
  3. Hola Amiga !!! Esperando y deseando que vos y los tuyos anden bien , les mando un inmenso saludo en Cristo ,Nuestro Señor y Su Santísima Madre.Me gustaría mucho leer tu traducción.
    Desde el otro lado de la cordillera

    criollo y andaluz

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias Marcos por tus palabras. Todos muy bien por acá con el favor de Dios.
    Te mando un gran abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Estimada Beatrice, aquí tienes otra traducción que publicamos en Ediciones Trébedes y la reseña en el blog: https://www.edicionestrebedes.com/la-invisible-luz-de-robert-h-benson/ Cualquier comentario será bienvenido.

    ResponderEliminar
  6. Muchísimas gracias. Lo agregaré a este mismo post.

    ResponderEliminar