viernes, 18 de julio de 2014

R.H. Benson y la Vocación

Iglesia del Monasterio de Santa María del Paraíso,
Hermanas de Belén, Casablanca, Región de Valparaíso
         
Mis hijos han estado disfrutando en casa de sus vacaciones de invierno. A veces la vida se me complica  un poco al tenerlos todo el día dando vueltas por la casa, porque hay momentos en que se aburren. Yo me aburría mucho de niña porque me entretenía con pocas cosas, y leer por aquellos lejanos años, no estaba dentro de mis entretenciones, cosa que lamento ahora que soy vieja. Pero bueno, el punto es que aprovechando la tecnología  y para entretenerlos con algo constructivo les mostramos con mi esposo,  películas sobre hagiografías que se pueden descargar en YouTube. Vieron entre ellas, la vida de San José Cupertino en blanco y negro, con un joven Ricardo Montalbán. La disfrutaron mucho; y otra que les encantó fue la vida de San Pio de  Pietrelcina. Terminada esta última les preguntamos su opinión acerca de la vida del padre Pío y uno de ellos nos dijo lo siguiente: " Él era así porque era santo"; a lo que yo le respondí: "Él fue santo por ser así" La cosa es al revés, como diría Aristóteles: ¿Qué es lo que hace a un hombre virtuoso? Hacer actos virtuosos. Por lo que yo "hago", me "hago" santo y no porque soy santo hago cosas santas. Ahora bien, yo comprendí a dónde iba mi hijo con su respuesta: la santidad pareciera estar reservada a personas que son religiosas y que son bendecidas por Dios con dones extraordinarios que los llevan a vivir conforme a Dios le agrada.
           Pues bien, a propósito de esto mismo  justamente por estos días y por sugerencia de un amigo del blog, estuve buscando algunos escritos de Benson sobre la Vocación, entendida como el llamado a la santidad. Muchos han de creer que el llamado universal a la santidad es un "descubrimiento" de  la Iglesia en estos últimos tiempos, pero no es así, y yo misma me sorprendí al encontrar en Benson algunas palabras al respecto. Escribió un prefacio para un manual de oraciones llamado Thesaurum Fidelium ( del cual no he encontrado ninguna copia). Es a propósito de este libro que cito el siguiente texto que pertenece al padre Martindale en su famosa biografía sobre nuestro personaje:

"Una parte notable de su “dirección” concernía, desde luego, a aquello que es conocido como “la vocación”. La “vocación” fue de las directrices de su existencia. Consideraba que a cada alma Dios le da un llamado definitivo, un llamado que puede conducir a la más alta perfección, incluso en las circunstancias menos claustrales. Y para apoyar la creencia que la palabra “vocación” era “una (palabra, n. de tr.) muy usada” (común, n. de tr.), pero lamentablemente en la práctica era empleada como si Dios no llamara a cada alma excepto para el sacerdocio o la vida religiosa, él escribió el prefacio a un pequeño libro de H.M.K, un carmelita terciario, que estaba destinado a ayudar a aquellos que por enfermedad o salud, u otra razón estaban excluidos de la clausura. La amargamente disminuida noción que considera que las almas no-enclaustradas no pueden llegar a aspirar a la más alta santificación, fue vigorosamente combatida aquí por él. Y para hacer frente al particular peligro  al que aquellas almas esperanzadas parecen estar desprotegidas, desguarnecidas  por el velo o la capucha, fue abordado y suministrado un método. “Indudablemente” – concluye- “las órdenes religiosas y el sacerdocio presentan la vida de consagración: la más fuerte devoción como ninguna otra puede haber…sin embargo, en otro sentido, la totalidad del pueblo cristiano es un sacerdocio y cada alma una esposa de Cristo.  El Thesaurus Fidelium fue complicado para aquellos que realizan esto”.
          Desde luego que la “vida religiosa” estrictamente hablando, era considerada por él como un privilegio trascendente y la vida contemplativa era su corona de triunfo. No necesitamos citar  “La Luz Invisible”, “Los convencionalistas” “El aventador” “No otros dioses” para convencer a algunos de esto. Pero en las páginas de “Soledad” se verá que toda la vida interior de Hugh Benson fue en un sentido claustral o más bien, eremítico."
The life of Monsignor Robert Hugh Benson, Longmans, Green and Co. 1917, p.275.
          Es decir que todos según nuestra vocación en esta vida estamos llamados a imitar a Cristo para alcanzar la santidad. No es tarea fácil y hay que renunciar a muchas cosas, entre ellas, a uno mismo. Coincido con Benson al referirse a la vida consagrada. Tengo especial afecto por aquellas órdenes eremíticas cuya vida- que es sumamente sacrificada y de completa renuncia -  transcurre en el silencio de la oración. Especialmente tengo gran admiración por los Cartujos y por los Monjes y Monjas de Belén, de la Asunción de la Virgen y de San Bruno. Afortunadamente en nuestra diócesis de Valparaíso existe en Casablanca un monasterio de Hermanas de Belén, ejemplo de sacrificio, hospitalidad, caridad y de profunda fe.
         Nosotros, los que estamos en el mundo, no estamos ajenos al llamado divino y para dar respuesta a Dios según cualquiera sea el estado de vida en el que estemos debemos en primer lugar rezar. Si la oración no está presente en nuestro diario vivir,  entonces olvídense de poner toda nuestra más férrea voluntad en alcanzar la perfección. Estamos siempre siendo objeto de tentaciones: del mundo, de la carne y del demonio y si no rezamos y meditamos durante el día lo que Dios quiere de nosotros seremos presas fáciles de alguna de estas tentaciones. No digo que en tiempos pasados las personas fueran menos tentadas que ahora, el problema de los tiempos actuales es que uno sale a la calle, o enciende el televisor, o prende el computador, o la radio y se ve automáticamente bombardeado por tentaciones de todo tipo. Estamos más asechados que antes. 
          En cuanto a la oración,  y lo digo por experiencia propia, cuando mis rezos escasean por a, b o c motivos, todas mis tendencias a ciertos pecados recurrentes afloran y me convierten en una insoportable. Por eso es importante que durante el día, en lo que estemos haciendo por algunos minutos pensemos en Dios y recemos alguna jaculatoria. Es increíble cuánto bien le hace a mi alma pensar durante mi trabajo en la casa, si estoy haciendo lo que Dios quiere, si estoy cumpliendo su voluntad. No es necesario hacer meditación zen o alguna otra cosa estrafalaria para poder vivir en la presencia de Dios, simplemente basta disponer el corazón para escuchar a Dios.
         Siguiendo con Benson, y tal como lo señalé arriba, me ha sido imposible conseguir el Thesaurus Fidelium. Sin embargo, encontré una reseña en  The Sacred Heart Review del 18 de Abril de 1914, y que apunta a lo mismo: incluso en el mundo podemos encontrar tiempo para rezar y para encontrar a Dios en el silencio. He aquí la reseña y con esto termino:
          "Este manual fue preparado para personas que en el mundo deseen llevar una vida llena de oración. El carmelita terciario (H.M.K) es el compilador de este trabajo y en la introducción enuncia el ámbito del libro, los recursos que contribuyeron a su contenido, y las circunstancias que fomentaron su elaboración. Leemos:
“Aquellos que usen este libro verán que está compuesto de algunas instrucciones sobre la oración; sobre la disposición de uno en el diario vivir; sobre las pautas y sugerencias para la oración mental y vocal. A todos quienes usen el libro se les ruega recordar que su objetivo es sugerir ayudas, no establecer reglas y máximas definitivas, y por lo tanto, se espera que cada cual use lo que realmente  le sea útil y  pase por alto aquello que en su caso no parece ser  valioso. Sabemos que dos almas no son iguales, y también sabemos que no existen tentaciones o pruebas que puedan venir a un alma sin que esas mismas no hayan sido experimentadas ya por otra alma, por lo que se espera que estas páginas puedan ayudar a las almas a realizar su vocación y a corresponderla. Tal como es materializada en muchas reflexiones sugeridas por las amplias lecturas y muchas enseñanzas espirituales dadas por alguien que por muchos años ha estado “no muy enfermo, y nunca demasiado bien”, y el cual ha tenido el tiempo para practicar  la oración y la presencia de Dios. Esta práctica no es difícil si  aún tenemos la buena voluntad para aprender a ser, y seguramente nuestro buen Dios nos dará algunas de sus grandes ayudas y alientos en este santo silencio, cuando Él ordene a nuestras circunstancias para que nosotros podamos tener muchas horas disponibles, o cuando Él coloque su mano sobre nuestra puerta y golpee, como San Gregorio dice, por enfermedad.”
         El listado de libros con los cuales han sido hechas las citas son en sí mismo un testimonio del valor de este manual para los lectores quienes pueden no tener tiempo o la oportunidad para consultar trabajos largos. Monsignor Benson, quien escribe el prefacio, tiene unas instructivas palabras sobre la vocación y el significado de la santificación para aquellos cuya vocación en la vida es estar en el mundo”

 

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