viernes, 10 de abril de 2020

Romances de mi Cristo Rey (II) por José A. Ferrari

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Cristo con la Cruz, Juan de Valdés Leal

Romances de mi Cristo Rey (II)

Te diré mi amor, Rey mío,
trastabillando en la pena
de ocasos y desatinos,
debilidad y carencia.

Manos impuras que aprietan
el dolor de la revuelta;
nunca vencido el deseo
por muy angosta la senda.

Te diré mi amor, Rey mío,
y una sonrisa bermeja
cruzará bosques sombríos
de esclavitud e insolencia.

Serás el tenor del viento,
las lágrimas de la niebla
forjando nuevos semblantes
sobre mejillas de piedra.

Te diré mi amor, Rey mío,
 dulce prever de colmena,
jubilosos derroteros
hasta el confín de la tierra.

O con ayes lastimeros
envejecerá mi lengua,
aunque reluzca el azote
no cederá la contienda.

Te diré mi amor, Rey mío,
bordando una primavera
de victorias rebosantes,
de envergadura profética.

Por dentro clavijas duras
tensando a sangre las cuerdas
del hombre nuevo prendado
de canción y de promesas.

Te diré mi amor, Rey mío,
como la viuda pobreza,
son dos monedas de cobre
lo que traigo para ofrenda.

Por sincera y generosa
podrá relumbrar la entrega
siempre velada, silente,
inquebrantable y doméstica.

Te diré mi amor, Rey mío,
removiendo por la fuerza
escollos y desalientos
para alcanzarte en la brecha. 

Mis andrajos serán yelmo
por tu divina encomienda,
 tu trajinar nazareno
querrán imitar mis huellas…
                                              José A. Ferrari

jueves, 9 de abril de 2020

El Juicio, por Mgr. Ronald Knox


"El Sumo Sacerdote le interrogó diciéndole: "¿Eres tú el Cristo, hijo de Dios bendito?" Y Jesús le contestó: "Yo soy." Entonces el Sumo Sacerdote, rasgando sus vestiduras, dijo: "¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Ya habéis oído la blasfemia." Mc. 14, 61-64.

          Jesús de Nazaret, el Hijo de María, afirmó ser el Hijo eterno de Dios. Sus actos fueron deliberadamente calculados para identificarle con el Mesías prometido. Ya he recalcado que sus palabras, cuando le cogen, por decirlo así, desprevenido, son las palabras de un Dios que habla en la forma externa de un hombre. He recalcado que las indicaciones que deja caer en sus parábolas y en las comparaciones que usa son propias de la divinidad consciente. He recalcado  que su silencio y el silencio que impone a otros durante su vida terrestre son un testimonio aún más elocuente de su origen divino que sus actos, palabras o insinuaciones. Ahora nos falta examinar las escenas finales de su vida natural, durante las cuales aquel su extraño silencio encuentra su culminación y finalmente se rompe.

          Durante toda la duración de su proceso, su silencio se impuso a la atención de sus acusadores. "Guardó su paz y no contestó nada", dice San Marcos del Juicio ante el Sumo Sacerdote. (Mc 14, 61) "Herodes - dice San Lucas - le dirigió muchas preguntas. Pero no le contestó nada." "Pilato le dijo - éste es San Mateo -:" No oyes qué grandes testimonios se alegan en contra de ti?" Y no le contestó ni una palabra, de lo que el gobernador quedó sumamente maravillado". (Mt 28, 13-14) Ese silencio durante su juicio es la corona de una vida de silencio. Tenemos que acertar enigma; Él no nos lo dice. Sin duda, podéis comprender lo que quiere decir por las mismas acusaciones que aquellos desconcertados testigos a sueldo están haciendo contra Él. "Destruid este templo y yo lo volveré a alzar en tres días." (Jn 2, 19) ¿Es que no podéis ver que habla de sí mismo? Los jueces están confundidos, y el secreto que el amor descubrió tiempo atrás, cuando Pedro hizo su confesión, no puede aún ser captado por el odio. Observad que todo el juicio conduce a la pregunta del sumo sacerdote y todo el resultado depende de ella. Su paciencia se gasta al fin; se vuelve hacia el prisionero y le conjura por el Dios viviente que le diga si pretende ser..., ¿qué? ¿Un profeta? ¿Un reformador? ¿Un jefe nacional? ¿Un perturbador de la paz pública? ¿Un rey, descendiente en línea recta de David? No, ninguna de estas cuestiones agita o puede agitar a un público como éste. Pero ¿afirma que es el Cristo? ¿Afirma que es el Hijo de Dios bendito?

          ¿Y la respuesta? Guardaremos a los críticos todas las consideraciones; nos dirigiremos a su documento favorito, su documento primitivo: el Evangelio de San Marcos. Y Jesús le contestó: "Yo soy" (Mc 14, 62), La misma afirmación que en otro tiempo bajó envuelta en el trueno por las laderas del Sinaí rompe ahora el silencio de la sala de juicio. San Lucas nos facilita este comentario: "Si os lo digo, no me vais a creer, y si os pregunto, no me vais a contestar". Lc 22, 67-68 Ha pasado el tiempo en que podían haber descubierto el secreto por sí mismos y caído a sus pies con el Príncipe de los Apóstoles; ahora es demasiado tarde. ¡Dios nos proteja de ese terrible estatuto de limitaciones que impone a sus gracias! Ese ojo omnividente, frente al cual ningún corazón humano puede guardar su secreto, ha leído de una vez en las almas marchitas que tiene enfrente y las ha encontrado confirmadas en el mal; no hace falta, pues, más misterio: ya puede descubrirse. Y al hacerlo, el sumo sacerdote desgarra las vestiduras de su ahora usurpada autoridad y la sala se llena con los gritos de "Blasfemia". Se pasa la consigna a los que mejor saben mover las simpatías de la multitud. El asunto está ya zanjado; sólo falta asustar un poco, para acallar sus escrúpulos, al ineficiente gobernador, y el carpintero que pretendía ser Dios será precipitado a su muerte.

          ¡Pero esperen!...¿De quién es esa voz que atravesando el clamor pide la anulación del veredicto y la absolución? Sin aliento, intranquilo, pero confiando en la justicia de su acto, apretando contra sí su precioso montón de documentos, se presenta...el crítico científico. "¡Alto, alto! - grita -. Dejadme que os explique; se trata de un trágico error. Vuestros testigos han interpretado mal los hechos o tal vez los han presentado mal deliberadamente. El acusado que está ante vosotros no ha blasfemado nunca. Se llama a sí mismo el Cristo, esto es, el Mesías, que es un título general para el gran héroe nacional que ha de surgir y liberar a Israel de sus dominadores extranjeros. No es la Escritura, sino una interpretación especial de la Escritura la que reviste de circunstancias de divinidad a ese prometido Liberador. El dice ser el Mesías, esto es, el introductor de un nuevo orden, de una revelación más completa de Dios al hombre. No debéis hacerle responsable de todas las asociaciones de las ideas teológicas que el empleo de ese lenguaje puede hacer que nazca en vosotros. Es cierto que se hace llamar también el Hijo de Dios, pero es que todos somos hijos de Dios. No hay uno de nosotros que no proclame a Dios como a su padre, por mucho que nos hayamos apartado de Él, por muchas que sean las infidelidades con que le hayamos ofendido. Este hombre, por tanto, vuestro prisionero, proclama a Dios como su padre en virtud de un derecho común de la humanidad. Lo único es que hay grados diversos de filiación; cada uno de nosotros, en la medida en que ha comprendido el hecho de la paternidad de Dios y ha hecho suya su lección practicando y predicando la ley de la fraternidad humana, se apropia en una forma especial del título de hijo. Creedme, señores: este hombre está más cerca de Dios de lo que pensáis. Vosotros, fariseos, con vuestra heroica lealtad a las tradiciones de vuestra raza; vosotros, saduceos, con vuestra amplitud de miras para apreciar las tendencias modernas y una civilización que no es la vuestra; vosotros, los escribas, con vuestro estudio meticuloso de la letra del Antiguo Testamento: hay algo que todos vosotros no habéis visto, y este hombre lo ha encontrado. No os confundáis por su empleo de títulos sonoros, por la imaginería oriental con que os pinta los terrores de un futuro juicio; reconoced en él, como lo hago yo, a un Maestro enviado por el cielo que ha recibido la iluminación divina (¿no podríamos incluso llamarla inspiración?) en un grado muy especial, aunque no sea diferente por la especie del barro con que estamos todos hechos. Matarle sería convertirle en un héroe, tal vez incluso (pues la superstición popular es así) deificarle. Olvidad vuestros escrúpulos, prestadle reverencia como a un Maestro y dejad que vaya en paz."

Jesús en casa de Anás Museo del Prado José de Madrazo.jpg
          Así habló el crítico científico ante aquel tribunal del odio, y yo confieso que, aunque los rostros de los jueces eran siniestros, por su crueldad, encuentro que hay algo noble en el desprecio que le muestran. ¿Cómo? ¿Ofrecer esta triste apología a un tribunal tan parcial? Podían no estar de acuerdo sobre una cuestión de hecho, y no lo estuvieron hasta que el mismo confesó. Pero en una cuestión de interpretación de la ley, ¿no se puede confiar en que esos escribas, que se han dejado los ojos en el estudio de los documentos sagrados, podrán decidir si "Hijo de Dios" es o no un título blasfemo? Si concedemos que los fariseos estaban cegados por el odio, no es un fariseo, sino un saduceo, el que desgarra sus ropas y grita: "¿Para qué necesitamos más testigos?" El sumo sacerdote, como enemigo de los fariseos, se ha alegrado tal vez de aquellas diatribas contra la hipocresía y el formalismo que no había afectado a su propia casta; por algo se ha convertido de repente de juez imparcial en acusador fanático. ¿No indica nada a los críticos el hecho de que un hombre así se ponga blanco de ira al oír el nombre del Mesías? El tribunal no tendrá en cuenta esa defensa ni el acusado la necesita. Creedme, las vacilaciones de Pilato no eran menos fútiles, y Pedro, cuando negó tres veces a su Señor, no le hizo un desfavor más grande.

         Ahí está aguardando paciente, y no necesita nuestra interferencia. Está siendo juzgado no solo delante de los judíos, sus contemporáneos, sino ante todas las generaciones de los hombres; pueden juzgarle mal, si quieren, pero tienen que juzgarle. Y tienen que aceptar su propia definición de la cuestión en litigio, no  tratar de halagarle con títulos semidivinos, que serían demasiado para un loco y no son nada para un Dios. Afirma no solo desafiar a la muerte y despreciarla, sino haberla vencido. "Destruíd ese templo - dice (y no necesitábamos que San Juan nos diga que se refiere a su propio cuerpo) - y en tres días lo volveré a levantar" Jn. 2, 19, con lo que quiere decir; "Dios lo volverá a levantar", "mi Padre celestial lo volverá a levantar", no "Yo lo volveré a levantar". El reto es perfectamente directo; solo San Juan registra la ocasión en que realmente se produjo, pero los testigos del juicio han conservado el hecho y los jefes judíos han creído a esos testigos: "Señor, hemos recordado que aquel impostor dijo, cuando aún estaba en vida, que después de tres días resucitaría" Mt. 27, 63. Ahora bien, si Jesús de Nazaret pretendiera ser un rey, o un jefe popular, o un profeta, o un reformador, este reto carece de sentido. Lo único que le da importancia es el hecho de que afirmaba ser Dios. "Matadme - parece decir -, y si soy sólo humano, os libraréis de mí, pero si soy más que humano, tendréis que reconocer por fuerza la justicia de la prueba." Podéis llamarle impostor o podéis  aclamarle como a Dios, pero en cualquier caso la historia del Evangelio tomará rango de tragedia. Pero si no decís que nunca hubo reto alguno, que no hubo ninguna prueba, y que solo un pálido fantasma salió de la tumba del jardín en la mañana de Pascua, es no dejarnos ni una tragedia ni una teología; es tan solo echar a perder un relato.

         Me diréis tal vez que la tragedia de la Pasión os parece tanto más real como tragedia si se os permite suponer que su actor principal estaba en realidad indefenso, que no podía, aunque hubiese querido, salvarse. "Ciertamente - decís -, si es verdad que el crucificado del Calvario estaba allí por su propia libre voluntad, escogiendo deliberadamente su muerte en cada momento de aquellas tres horas; si solo se separó de su Madre para dos breves días de ausencia, y confortó al ladrón arrepentido contra los terrores postreros que él mismo no podía sentir, y cedió en su cansancio a una desolación que estuvo cerca de la desesperación, habéis creado entonces una hermosa ceremonia del Calvario, pero el interés humano ha desaparecido. Para mí - añadís - el verdadero pathos de la situación, el elemento que hay en ella que provoca mis lágrimas, es esa completa impotencia y desesperanza que vuestro Dios-Hombre no podía atraer sobre sí ni sentir. Me basta con creer que un hombre que vivió generosamente por lo que creía ser su misión murió heroicamente por lo que creía ser la verdad. ¿No es esto bastante - preguntáis - para hacer que los hombres doblen la rodilla en homenaje a la divina inspiración que pudo hacer algo tan noble de nuestra débil humanidad? Dios me perdone si pierdo totalmente el sentido de la reverencia, pero me parece que vuestra historia, aunque sea conmovedora, no es ni muy notable ni muy nueva. Palabra por palabra, paso por paso, la historia de Jesús de Nazaret parece, tal como la contáis, que es la historia de Savonarola, y antes diría mis oraciones a  Savonarola que a vuestro Cristo."

          Pero sí ese Dios-Hombre que los católicos adoramos pisó realmente la tierra, si lo Inmutable se revistió de humanidad, y lo Impasible sufrió, y lo Inmortal murió, digo entonces que para mí las tres horas del Calvario son más tragedia, no menos, para la personalidad divina que durante esas horas se vela y se revela. Si había realmente legiones de ángeles que estaban a su alrededor, con la mano en la mano espada, dispuesta a intervenir en la historia a la primera palabra de su protagonista - palabra que nunca fue pronunciada -, entonces no hay detalle en la historia, no hay circunstancia en ella, bien del odio judío o del desprecio romano, que no esté saturada de ironía. ¿Y qué es la tragedia si no es ironía? Un visionario odiado, un hombre inocente condenado sin justicia, un hombre desamparado llevado a la muerte: ésta sí que es una historia vieja, una historia de todos los días. Pero ¡Dios rechazado por su propio pueblo! ¡La Justicia eterna llevada ante un tribunal humano!¡El Autor de la vida exhalando el último suspiro de un alma humana! ¡Digamos, si quiere, que es sólo un cuento y que somos niños si creemos en él, pero no trate de contárnoslo quitándole su esencia!

          Él juzgó y juzga a los hombres que se hicieron jueces suyos. Su sentencia será pronunciada cuando haya pasado el momento en que puede haber dolor o cambio de opinión o excusa. Dividirá en dos clases, solo dos: los que le han confesado y los que le han negado. Nos señalará uno de dos destinos, sólo dos: ser confesados o ser negados ante su Padre celestial. Juzgad honradamente, pues, ya que ante Él todos los corazones están abiertos; juzgad con toda seriedad, porque sois vosotros los que recibiréis la sentencia.

                                      Sermón predicado en Nuestra Señora de las Victorias de Kensington en 1921.

Imagen inicio:
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Imagen centro:
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lunes, 16 de marzo de 2020

La Oración, por Ronald A. Knox

Aunque yo sea polvo y cenizas, me he propuesto hablar a mi Señor, y hablaré.
Génesis 18, 27.


         ¿Qué es lo que hacemos cuando decimos nuestras oraciones? Si puedo daros una comparación muy sencilla, con el fin de aclarar las cosas, dejad que os sugiera que estamos haciendo un "aparte" al público. Si habéis trabajado en alguna función de teatro aficionado, probablemente habréis tropezado al aprender vuestro papel con una instrucción escénica que decía: "Actor X (aparte, al público." El resto de la compañía tenía que pretender no darse cuenta de lo que hacíais, y vosotros os acercabais a las candilejas, os tapabais seguramente la boca con la mano, y decíais: "No sabe que es mi hermano, tanto tiempo perdido", a algo semejante. Por una vez abandonabais la ficción - no es más que una ficción - de estar hablando a los otros actores, gentes vestidas con ropas extrañas y que representan, como vosotros, a personajes imaginarios; y hablabais, en cambio, a la gente verdadera sentada ante vosotros en la oscuridad.
         
         No hacía falta ser un actor y dramaturgo como Shakespeare para decirnos que "todo el mundo es un escenario y todos los hombres no son sino actores". Lo mismo hemos sentido nosotros al volver de alguna fiesta donde hemos pasado toda la tarde hablando a una serie de desconocidos. "Todo esto me resulta irreal - nos decimos-. Parece como si volviéramos del teatro." Y desde luego estábamos en lo cierto, y toda la vida es así. Cuando trabajáis en el teatro nada os parece real en ese momento, salvo el espacio brillantemente iluminado de unos poco metros cuadrados en que os encontráis; más allá no hay sino gran oscuridad que parece un puro vacío. Pero en esa oscuridad está la gente de verdad, para cuya satisfacción estáis trabajando; buscáis su aplauso, y no el de los otros actores. Cuando, dirigiéndoos a esa oscuridad, decís vuestro "aparte", estáis hablando por una vez a la gente de verdad. Y esto mismo es la oración; significa emplear vuestros medios de palabra, pensamiento y voluntad para poneros en comunicación con aquel mundo de verdad que nos parece oscuro, el mundo sobrenatural, en lugar de malgastarlas charlando con otros cómicos de la función.

         Hay una diferencia evidente. Cuando el actor se acerca a las candilejas y dice: "No sabe que es mi hermano, tanto tiempo perdido", está comunicando al público algo que no sabía. Pero cuando decimos nuestras oraciones no le decimos a Dios nada que no sepa; nuestros pecados son para Él informes atrasados, nuestras necesidades son algo que no hacía falta decir. Si un ser humano que hubiese sido educado, en caso de que ello fuera posible, sin ninguna noción de religión, os viera arrodillados junto a la cama y murmurando palabras a la colcha, os tomaría por un loco. ¿Por qué hablamos de "decir" nuestras oraciones, por qué no simplemente las "pensamos" - como hacemos a veces -, en lugar de decirlas? Si pensamos en ello, tendremos que admitir que hacemos este trabajo de mover nuestros labios en la oración no porque Dios lo necesite, ni porque la Virgen y los santos lo necesiten, sino porque lo necesitamos nosotros. Queremos sentirnos seguros, queremos acostarnos sintiendo que hemos dicho nuestras oraciones, y si no hiciéramos más que pensarlas, tendríamos miedo de irnos a la cama creyendo nada más que las habíamos pensado.

         Pero, naturalmente, si decís todo eso, no habréis satisfecho la curiosidad de vuestro amigo ateo. "Aunque vuestros labios no se muevan - o dirá -, estáis ahí formando ideas en vuestra mente acerca de lo agradecido que estáis a Dios, de lo mucho que lamentáis vuestros pecados, de qué necesitamos estáis de esta o aquella gracia. ¿Por qué habría Dios de querer, por qué habría de esperar, que hagáis eso? El sabe lo que necesitáis mejor que vosotros, y si lo considera conveniente, ya os lo dará sin necesidad de que se lo pidáis." De esto hablaremos más adelante. Por el momento, lo que queremos aclarar es que la oración no significa necesariamente pedir cosas. Los cristianos creemos que Dios realmente nos concede favores especiales en respuesta a nuestra petición. Pero, aunque no lo hiciera, aún sería posible rezar, y sería nuestro deber rezar, y aún desearíamos rezar. Porque la oración en su esencia no es pedir cosas a Dios, sino simplemente hablar con Dios. Le hablamos, y nuestras necesidades y las de nuestros amigos van saliendo por sí solas en la conversación.

          No necesito decir que nuestro crítico no nos dejará tranquilos con esto. Cuando decimos que "hablamos con Dios", ¿no estamos usando una metáfora? ¿No estamos representando una comedia cuando nos apartamos de la compañía humana y nos ponemos de rodillas, diciéndonos que queremos estar solos con Dios y hablar Él? Cuando dos seres humanos se hablan hay un intercambio constante de ideas, noticias y chismes; cada una de las partes comunica a la otra algo de sus propias apreciaciones, de sus entusiasmos, y cada una, a su manera, trata de conocer a la otra mejor. Pero en la oración, ¿qué intercambio de pensamiento puede haber? A no ser que Dios considere conveniente darme una revelación sobrenatural, cuando me levanto a rezar sé exactamente lo mismo acerca de Él que sabía cuando me arrodillé. Y Él lo sabe ya todo acerca de mí; no le puedo decir nada nuevo. ¿No es, pues, un abuso de lenguaje el decir que en la oración estamos "hablando con Dios"?

          Es fácil rebatir esta dificultad. Incluso en los asuntos comunes de la vida humana hay que decir algunas veces las cosas más obvias. El hombre que os hace un regalo generoso no dudará de que os sentís agradecido; sin embargo, es costumbre decírselo. Y si habéis pisado a una señora, es fácil que ella suponga que lo sentís, pero la cortesía exige que vuestro sentimiento se exprese con palabras. ¿Y no vamos nunca a molestarnos en dar las gracias al Dador de todos los bienes, en pedir perdón al Dios a quien todas las culpas ofenden? Pero esto es tan sólo una respuesta dialéctica, en parte porque reduciría el contenido de la oración a un mínimo formal y en parte por un motivo más íntimo. Algunas personas que han vivido en más estrecho contacto con Dios han descubierto que, en la medida en que llegaban a conocerle mejor, su oración se simplificaba; podían ahorrarse las palabras e incluso los pensamientos, o al menos los pensamientos consecutivos y claramente articulados. El campesino francés a quien se preguntó qué ocurría cuando se sentaba a rezar delante del tabernáculo, y contestó: "Yo le miro y Él me mira", había dado sin duda con el secreto de la cuestión. Una mera adhesión del alma a Dios, a un Dios que no se representa a la mente por medio de imágenes, sino velado en una oscuridad que sin embargo es luminosa a los ojos de la fe; sin multiplicidad alguna de actos, de tal modo que una mística declaró que nunca decía nada en sus oraciones salvo la palabra "Sí": esto es oración, y oración de un orden muy elevado, tal vez del más elevado. ¿Y dijimos que no había conversación sin intercambio de ideas? Tal vez no en la conversación humana ordinaria, pero nuestra conversación tiene lugar en el cielo.

          ¿Qué es, pues, de nosotros, que rezamos de un modo tan poco simplificado y tan lleno de imágenes? Y no sólo de imágenes piadosas, sino de recuerdos y lamentaciones de nuestros ensueños, que brotan en medio de nuestras oraciones y constantemente las distraen. ¿Estamos simplemente perdiendo el tiempo al charlar con Dios Todopoderoso en lugar de guardar silencio en su presencia? No creo que tengamos que verlo de esta manera. Los pensamientos que corren por nuestra cabeza, cuando estamos de rodillas, aun los menos santos, podrán no ser esenciales en la oración, pero son su acompañamiento natural. Como paja, si queréis, que flota en la corriente, o mejor aún, como motas de polvo que bailan a la luz del sol y que sirven de apoyo y sustancia a sus rayos. Al rezar, damos constancia de alguna resolución para el mejor ordenamiento de nuestra vida; nos resignamos a la voluntad divina en alguna prueba que está cerca; nos acordamos de la necesidades de algún amigo, demasiado olvidadas; descansamos en la contemplación de algún misterio predilecto o en la idea de algún santo cuya protección nos atrevemos a reclamar, y todo ello son símbolos donde vuestro deseo de llegar a una mayor intimidad con Dios se envuelve y toma forma. Las cosas de la vida común se transforman, como las motas iluminadas por el rayo del sol, al ser acogidas en vuestra oración. Del mismo modo, los cien chismes sin importancia que llenan la carta de un amante se transforman, para quien la lee, porque son el símbolo de su amor. Únicamente en este caso la transformación se verifica sólo para nosotros; no podemos saber lo que estos símbolos nuestros le parecerán a Dios; no podemos decir lo que ninguna cosa le parecerá a Dios.

          Al mismo tiempo, hemos de recordarnos que la oración no es simplemente una actitud o un ejercicio por nuestra parte. Significa hablar con Dios, apartarnos de la cháchara que los seres humanos mantenemos en la vida común, para dirigirnos a un público que todo lo ve y todo lo oye, y que está en la oscuridad. Pero esto no es todo; la oración significa pedir cosas y conseguirlas. La petición no es precisamente la esencia de la oración. El modelo de todas las oraciones cristianas es el Padrenuestro, y en el Padrenuestro hay más de un cincuenta por ciento que no es petición. Lo que pedimos, visto en sí mismo, es de importancia secundaria; es sólo el símbolo mediante el cual expresamos nuestra plena dependencia de Dios y nuestra total confianza en Él. Cualquier símbolo sirve para ello; un chico que pide unos patines nuevos puede rezar tan bien como una madre que ruega por la salud de su hijo. Ni tampoco termina todo aquí. Dios, en su sabiduría, ha unido algunas de sus bendiciones, no sabemos de qué manera ni en qué medida, a nuestra confianza y a nuestra paciencia para pedirlas. Quiero que recemos y sabe que algunos de nosotros lo hacemos con pereza; quiere que los cristianos seamos buenos vecinos, y por eso ha establecido este amable lazo de las oraciones que nos unen unos a otros y a la Santa Iglesia. Pedid y recibiréis; no quiere que nos torturemos la cabeza sobre el funcionamiento de todo ello; quiere que vayamos a Él como niños, que no nos avergoncemos de decir lo que desea nuestro corazón. Pero, al final de todo, el objeto de la oración no es hacer que Dios quiera lo que nosotros queremos, sino hacer que nosotros queremos lo que Dios quiere. En su voluntad reside nuestra paz.

                                                                                                                Mgr. Ronald A. Knox
                                                                                               Tiempos y fiestas del año litúrgico

miércoles, 22 de enero de 2020

Del Aguila del zar a la bandera roja


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Hace una década atrás un buen amigo argentino me envió por pdf un libro que él hacía leer en forma obligada a sus hijos cuando eran adolescentes. El libro resultó del Del Águila del Zar a la Bandera Roja y fue escrito nada menos que por el Atamán General Krassnov, abuelo del general chileno que está pagando por ser nieto de quien es. Pude después comprar sus tres tomos y en ellos se cuenta el desarrollo de la revolución rusa a través de su personaje principal, un joven perteneciente al ejército del Zar. Tres tomos que van narrando todo el proceso revolucionario desde la génesis de la guerra hasta ejecución del Zar y del triunfo de los soviets, esto es, de las asambleas...sí, las mismas que ahora sufrimos en Chile. Una de las ideas presentes en el libro, y que lleva a la ruina al protagonista es la omisión, la omisión de los buenos, la complacencia y la ceguera de los aristócratas que condujo al pueblo ruso a sufrir a estos revolucionarios.

Les recomiendo la lectura de este libro. Si pueden comprarlo les aseguro que vale la pena. Aquí lo pueden encontrar y los deriva a los otros tomos: https://www.iberlibro.com/buscar-libro/titulo/del-aguila-del-zar-a-la-bandera-roja-en-plena-anarquia/Y para muestra un botón, verán que las consignas que hoy escuchamos eran, son y serán siempre las mismas. Lean bien lo que sigue y verán que es exactamente lo que estamos viviendo en Chile y en América Latina, es cosa que cambien ustedes el nombre a los personajes que aparecen a continuación y se darán cuenta.

           "Lenín tenía piernas cortas y el cuerpo superior bastante largo, con pecho robusto saliente. Su corpulenta cabeza calva y semblante feo, se apoyaba sobre un cuello de cortas dimensiones. Su aspecto exterior no denotaba la sangre rusa, ningún rasgo napoleónico tenía. Sablin le pareció distinguir algunos rasgos de anormalidad en aquel semblante, cuando sonreía con cierto aire de idiotez.

          Ya estaba junto a la balaustrada, estiró los brazos y contempló, callado, durante largo rato, la inmensa muchedumbre a sus pies.

       - ¡El poder pertenece a los soviets! - comenzó su peroración. Hablaba con una dicción desagradable, empleando frases cortas, que repetía frecuentemente. Sablin adquirió la impresión de que este hombre de aspecto idiota hacía penetrar en los cráneos de sus oyentes sus sencillos argumentos de rapiña.

        - ¡Todo el poder pertenece a los soviets! - repitió -, pues representa verdaderamente al pueblo. El poder pertenece a los pobres descamisados, al proletariado. Los capitalistas han esclavizado al pueblo durante centenares de años, le han chupado su sangre. Ha llegado la era del derecho y de la igualdad. Lo que uno posee, no le pertenece, pues lo ha robado a los demás. ¡La propiedad es un robo! Sólo reinará la igualdad sobre la tierra, cuando nadie posea algo y todo sea propiedad de la comunidad. Por eso procede bien el que roba a otro, pues este ya lo había robado anteriormente. ¡Robad al ladrón! Así reinará orden en todo. ¡ Esta es la verdadera obra de la revolución!

         La muchedumbre escuchaba reteniendo la respiración. Un soldado situado junto a Sablin, que masticaba semillas de girasol, en su arrobamiento olvidada escupir las cortezas.

       - Ciertamente... - continuó Lenin -. Remordimientos...¿Habéis oído hablar de remordimientos, de la conciencia? Los popes os engañan, cuando os hablan de Dios. El gobierno que hasta ahora ha mantenido el pueblo en la esclavitud y los capitalistas que le explotaban, han imaginado la religión. La religión es el opio de la muchedumbre. Despertad y comprended que los templos dorados son edificios inútiles. ¡Abajo los popes! Os inducen a pensar en cosas sagradas, para que olvidéis las penas de la tierra y resistáis su yugo. ¿Por qué lucháis? ¿No sufre también el obrero alemán bajo la férula de los capitalistas, el aldeano alemán no gime bajo el látigo de los yunkers? ¡El Kaiser sediento de sangre también les arrastró a la guerra! Tirad los fusiles y estrechad la mano del pueblo alemán, no os avergoncéis vosotros, ni vuestros cabecillas. Ayudadles a derribar a Guillermo, como vosotros habéis derribado al sangriento Nicolás. Libertad, paz y trabajo os aseguran los soviets y el partido de los bolcheviques. Por eso nos llamamos bolcheviques, porque ofrecemos al pueblo más ventajas que los demás partidos.

        Sobre su semblante de idiota, a intervalos flotaba una sonrisa satánica.

        - ¡Este habla como el Anticristo, compañero! - dijo un viejo obrero-. ¡Tan groseramente de la religión!

        -¡Diablo de hombre! ¡Un espía alemán atreverse a esta manera!
        _¡Calla compañero! ¡Habla de la cuestión de las tierras!

        - La tierra nos pertenece. Tomadla y poseedla. Si alguien lo impidiera, luchad contra él. Vosotros, o sea el pueblo, tiene la libertad y el poder para ello. ¡Adoptad un gobierno que os ayude en esta empresa!

         - Esto no es más que una excitación al pillaje y al  pogrom - dijo sorprendido un señor vestido decentemente. Las rojas lamparillas del balcón brillaban a intervalos con mayor intensidad, arrojando reflejos sangrientos sobre el semblante y la calva de Lenin.

         -El pueblo lo posee todo para ser feliz. Debéis ver las cosas con toda sencillez. Os dicen: ¡la pena de muerte no es necesaria! En efecto, nosotros también somos contrarios a la misma, pero arrojaremos de nuestro camino a quien nos resista. La humanidad dará un gran paso adelante. De los estados independientes pasaremos a la vida internacional común de las multitudes obreras. El que no nos comprenda, no debe permanecer aquí, hay que expulsarle. También arrojaremos todos los generales que piensen en la prolongación de la guerra, todos los propietarios de tierras y latifundios, todos los explotadores de la industria. ¡Las tierras pertenecen al pueblo, las fábricas a los obreros, el capital al estado y el mundo a la humanidad doliente!

          Se apagaron la lamparillas. El balcón quedó sumido en la oscuridad.

         - ¡Compañero! - dijo una voz indignada -. ¡Compañero! No tiene sentido común. ¡Es un espía alemán! Es un traidor al imperio ruso. ¿No os parece?

         -¡Cierra la boca! ¡Calla! ¡Abajo!

         - Ves - decía Maznew a Sablin al regresar-. Esto se repite varias veces por día. Esta gente van desparramando y transmitiendo el incendio y otra muchedumbre oirá de nuevo las arengas del bribón, de cara idiota.

         - ¿Y el gobierno?

         - El gobierno al llegar estos agradables sujetos en un vagón blindado, los detuvo con la intención de procesarlos, pero fueron puestos en libertad por orden de Kerenski.

         - ¿Kerenski? ¿Con qué objeto?

         - Preparar un partido. En el fondo todos pertenecen a un mismo partido y el partido para ellos es superior a la patria".

                                        Del Águila del zar a la bandera roja, tomo III, La Revolución soviética
                                                                                                                            General P.N. Krassnov
 


domingo, 19 de enero de 2020

18 de Octubre de 2019, Chile la Revolución Definitiva, parte 2, por José Luis Uribe Fritz

CONTEXTUALIZACIÓN POLÍTICO METODOLÓGICA DEL NUEVO PROCESO REVOLUCIONARIO


REGLAS Y ESQUEMAS DE METODOLOGÍA ANALÍTICA


Existen en política, una variada serie de elementos, factores y reglas de procedimiento que constituyen el fundamento necesario para una correcta metodología analítica. Ante la imposibilidad de profundizar en el desarrollo de dichos elementos, mencionaremos algunos con el fin, de a grandes rasgos, sentar las bases para un básico, decisivo y adecuado método de intelección requerido, en orden a concebir, conocer, entender, descifrar, decodificar, distinguir, interpretar, juzgar, valorar y relacionar en su justa naturaleza, carácter, dimensión, objetivos, magnitudes, fines y alcances, las ideas y las acciones más relevantes del proceso revolucionario en curso en nuestro país. Algunas de estas reglas de metodología que es necesario tener presente siempre, son las siguientes.

1.-LA REVOLUCIÓN ES PERMANENTE Y DEBE SER POR LO TANTO ININTERRUMPIDA.

De acuerdo a este principio ideológico marxista, se debe establecer desde un comienzo las bases del análisis sobre la existencia y el crecimiento evolutivo del cauce político, histórico y cultural, del proceso ideológico comunista, desde su origen hasta el presente (neo socialismo). Es decir, se debe proyectar la decodificación de las categorías ideológicas del análisis, dentro y a partir de la lógica interna del desarrollo del necesario proceso revolucionario que las origina, explica y justifica a lo largo del tiempo. De esta manera, se debe adoptar siempre el concepto de proceso ideológico y revolucionario permanente, como fuente de los conflictos ideológicos de la actualidad, descartando de este modo, la falsa “espontaneidad” de los mismos para conectarlos a su vez, dentro de la evolución programática de etapas y la superación de las mismas, que se producen por el perfeccionamiento y la reformulación táctico-estratégica de dichas etapas, dentro del constante devenir revolucionario en función del objetivo de construcción de una sociedad íntegramente socialista.

2.- LA MATRIZ IDEOLÓGICA DEL COMUNISMO Y SU FIN SON SIEMPRE LOS MISMOS.      NO      ESTÁN      SUJETOS      A      TRANSFORMACIONES.      SOLO  PROFUNDIZACIONES EN SUS CATEGORÍAS FILOSÓFICAS.

Establecer el origen y la naturaleza -siempre inmodificable- de las ideas que son la matriz ideológica del proceso revolucionario y por tanto, el substrato subsistente de su dialéctica, de su teoría política, de  su  lenguaje  conceptual,  denominación  organizacional  y  su  praxis   revolucionaria. Siempre sujetas estas últimas cuatro particularidades, a revisión y cambios, al confrontarlos en su eficacia para la transformación social. Lo que equivale a decir, que se deben mostrar como útiles y eficaces para implementar y consolidar la revolución. En consecuencia, se deben definir las áreas del pensamiento donde se ha reformulado una nueva teoría política, fuente a su vez, de nuevas prácticas revolucionarias.

3.-ESTABLECER LA NATURALEZA Y EL CARÁCTER DEL CONFLICTO IDEOLÓGICO.

Por un lado; de acuerdo a su coyuntura formal en el presente (sumatoria de circunstancias, protagonistas y factores que inciden sobre él en un cierto momento histórico). Y por el otro; su relación con la etapa o ciclo que le corresponde dentro del proceso de acuerdo a la teoría política y su expresión revolucionaria, implementadas y adaptadas a las nuevas modalidades de la guerra revolucionaria que justifican el surgimiento de dicho conflicto.

4.- FACTORES SUBJETIVOS Y OBJETIVOS QUE INTERVIENEN EN EL CONFLICTO.

Se deben hacer presente las propiedades y características de los factores objetivos (materiales: armas, cuadros políticos operativos, etc.) y subjetivos (espirituales: creencia, cosmovisión, cultura, etc.) que son connaturales a la matriz ideológica de los principales actores que intervienen como antagonistas en el conflicto, de manera de establecer las diferencias esenciales entre ellos, los planos o estadios donde se enfrentan (cultura, economía, moral, social, lucha armada, etc.) y los niveles de asimetría o simetría que se dan en estos distintos estadios de confrontación.

5.- DEFINIR LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA REVOLUCIONARIAS EN CURSO.

Establecer los objetivos tácticos y estratégicos de la teoría y praxis revolucionaria (siempre sujetos a revisión y cambios) mediante los cuales se pretende alcanzar el fin ideológico último - SIEMPRE INMODIFICABLE- y decodificar su estructura formal de acuerdo al modelo revolucionario que las impulsa y sostiene en la actualidad.

6.- PROYECCIÓN DEL PROCESO REVOLUCIONARIO DE ACUERDO A SUS NUEVAS

CATEGORÍAS IDEOLÓGICAS. Conocida y entendida la esencia y carácter del conflicto ideológico que activa el ciclo revolucionario, proyectar el proceso revolucionario en curso de acuerdo a los posibles escenarios de resolución del conflicto principal. Conflicto que es de por si, el eje del ciclo revolucionario y que se decidirá en una de sus dos vertientes naturales. Primero, de acuerdo al diseño propio implementado por el poder hegemónico de la vanguardia ideológica principal y los escenarios proyectados para su resolución de acuerdo a sus intereses. Segundo, de acuerdo a la re configuración de escenarios nuevos surgidos a partir de la calidad y cantidad de resistencia generada naturalmente como oposición al fin ideológico y a la “particularidad” de su “vía revolucionaria”. Lo que significa la reformulación y activación de nuevas tácticas que permitan superar los “sub conflictos” surgidos a partir de esa resistencia y que pudieran detener el proceso o en el peor de los casos desarticularlo.

7.- ESTABLECER LOS CÓDIGOS MEDIANTE LOS CUALES SE REPRODUCEN LAS

CATEGORÍAS IDEOLÓGICAS DE LA REVOLUCIÓN. Situado y demostrado el proceso ideológico como fuente impulsora del proyecto de transformación de la sociedad, conocida y entendidas su teoría y praxis revolucionaria, se debe establecer cuales son y cual es, la naturaleza de los códigos mediante los cuales dicho proceso, en su práctica revolucionaria, se va desarrollando. Cabe recordar que todo proceso revolucionario marxista de transformación política, social y cultural, ya sea del antiguo o el nuevo modelo revolucionario; puede ser investigado y conocido por medio de sus códigos ideológicos. Y estos códigos se distribuyen en en cuatro grupos: "las ideas, los conceptos, los actos y los símbolos".



Todas estas reglas señaladas aquí, están implícitas en todo el documento presente. Por lo tanto, no es necesario abundar en explicaciones sobre ellas. Sino simplemente tomarlas como lo que son; puntos de referencia inamovibles e insustituibles por medio de los cuales establecer las premisas correctas para encauzar acertadamente el análisis político ideológico, independientemente del tipo de sociedad en que la revolución opere.
Sin embargo, una circunstancia es necesario tener en cuenta al momento de comenzar a proyectar el análisis a partir de estas reglas: el origen y la naturaleza de la información que se requiere procesar como materia prima del análisis mismo. Aquí es necesario distinguir tres centros como fuentes desde donde recabar la información requerida.

1.-Centros de gestión ideológica.

2.-Centros de transmisión política. 3.- Centros de propagación masiva.
Es de Perogrullo, que la información requerida para conocer, explicar y difundir los conflictos ideológicos a partir de la veracidad tanto de su origen como así mismo de su naturaleza y el fin que persiguen, no los encontramos jamás expuestos en toda su magnitud en los canales informativos “oficiales” de los medios de comunicación. Los que dicho sea de paso, no alcanzan a cubrir más que un escasísimo porcentaje del acontecer nacional y de todas las aristas de muy variada índole, que guardan una relación directa con el proceso revolucionario. Es de público conocimiento, que las noticias llegan al conjunto de la sociedad, a través de ellos, editadas de manera pre-fabricada. O lo que es lo mismo, ya procesadas, listas para ser “digeridas” y que su objetivo inmediato no solo es “desinformar” en el sentido de ocultamiento de la verdadera información, sino que al mismo tiempo, crear una opinión pública dirigida a aprobar determinadas y específicas “políticas”, a no cuestionarlas e inhibir respuestas naturales a cuestiones de índole ideológica de por sí...simplemente antinaturales. Como por ejemplo, el aborto, la eutanasia, las “nuevas sexualidades”, las “nuevas familias homoparentales”, etc. Esto


último, debe ser entendido en la amplitud ontológica de lo natural y la ley que las rige. Es decir, desde la concreción existencial propia de los seres (el hombre como una unidad consubstancial de cuerpo y alma expresados en un hombre y una mujer), las cosas (la política como medio tendiente a asegurar los medios para los fines propios del hombre) y los organismos sociales (familias, naciones y gobiernos como accidentes substanciales propios del desarrollo de la naturaleza humana), en su especificación ya sea individual o colectiva, inferidas a partir del carácter propio o inherente a sus “esencias”, hasta el principio metafísico que las explica y la fuente espiritual que como causa primera las sostiene insuflándoles el “ser” y el “existir”. Lo que vale a intelegirlas tal cual como salieron de las manos de Dios y no como el desquiciamiento mental de una minoría fáctica revolucionaria nos la re-presentan espúriamente en estos fatídicos tiempos, por medio de la modificación de las categorías trascendentales del pensamiento metafísico para forzarnos a vivir una nueva “realidad”, a partir de una concepción inmanente de las esencias y las formas absolutamente ajenas y contrarias a ellas.
O. Spengler señala con respecto a la manipulación de la información; “El lector se entera de lo que DEBE SABER y una voluntad superior informa la imagen de su mundo”. Sentencia, además, una práctica que se ha masificado exponencialmente desde su época a la nuestra: “Puede la prensa condenar a muerte a una verdad; bástele con no comunicarla al mundo”. En definitiva, si hacemos la misma relación que Spengler, esto es, observar la concordancia entre la “libertad de prensa moderna” y la “libertad pluripartidista”, ambos subproductos de la democracia liberal, llegamos a la misma conclusión lapidaria e irredargüible: “SE ES LECTOR Y ELECTOR, ESTO ES, DOS VECES ESCLAVO”. De esta manera, al ser “maquilladas-manipuladas” las noticias en su carácter y tergiversadas en su esencia y finalidad, la realidad se va modificando progresiva y sustancialmente sin mayor conocimiento de esta transformación (anulando la posibilidad de una resistencia) y lo más grave; sin el consentimiento por parte de la mayoría de las personas, que desconocen el origen, naturaleza, objetivos y fines de los principios ideológicos que propician esta transformación a la que son empujadas. Los que en definitiva, permanecen ocultos e imperceptibles en su conexión con la expresión de normalidad o gravedad, según sea el caso, con el que se re-presentan y llegan al público en general, dichas cuestiones ideológicas vitales (Centros de propagación masiva). En consecuencia, conocer y entender la esencia de estos principios y la identidad de quienes los sostienen, divulgan y utilizan de manera prolífica (centros de gestión ideológica y transmisión política), es el fundamento ineludible que nos impone la necesidad de “indagar”, es decir, averiguar y examinar la verdadera información destinada a descubrir o a hacer patente y “visible” aquellos aspectos no conocidos y entendidos como los factores que sí permiten una verdadera aprehensión de la concepción de la realidad tal cual es en sí misma y de los distintos niveles donde interactúan los seres que la pueblan.
Una información relevante y de primerísimo orden que debemos adquirir, pues es la base a partir de la cual entender la dinámica del proceso revolucionario, es el ya señalado conocimiento y entendimiento del origen y naturaleza de las ideas que lo inspiran. Es necesario comenzar por la idea, por la doctrina, la persuasión intelectual previa a la acción y fuente de la misma. El hombre es movido por ideas, en consecuencia, manifiesta sus creencias al actuar. Y sería muy difícil conocer su interior y las ideas que lo mueven, si no estudiáramos al mismo tiempo su conducta y la conducta política de la agrupación la que adhiere como principio justificador de la suya. Ya que como afirma O. Spengler; “todo hombre, quiéralo o no, es miembro de ese acontecer militante, ya como sujeto, ya como objeto; no cabe una tercera posición”. Por otro lado, en el ámbito de la exteriorización de los postulados ideológicos que justifican la necesidad de un determinado nuevo orden político, se desarrolla un conocimiento específico que expone una argumentación elaborada a partir de un conjunto de pruebas y datos por los cuales el “sujeto militante” considera que su saber político es “válido” y “necesario” para la “transformación” de la sociedad hacia un “nuevo orden”. Se debe llegar entonces analíticamente, a la serie de creencias ideológicas que sustenta ésta y otras conclusiones, como la permanente “critica” que pretende hacer creer a las personas en general, que el orden social presente es “defectuoso e injusto”. Pues es desde allí...desde la crítica que expone y visibiliza la necesidad de “cambios estructurales”, que la izquierda crea y sustenta la necesidad de su propia existencia. En este nivel del análisis, la importancia de la especulación intelectual, estriba en advertir, que el objeto del entendimiento es “comprender” y ante una comprensión completa...la crítica se desvanece.
En consecuencia, el verdadero y único análisis objetivo e imparcial de la política, comienza por reconocer la circunstancia fundamental, de que si se modifica la forma de “conocer” en primer término; la naturaleza humana, se modifica la forma de entender, de ser y de obrar del sujeto cognoscente. Y que además, si se modifica la naturaleza humana, se modifica todo lo que hemos señalado como prolongación substancial de su ser, la familia, la sociedad y el Estado. Parafraseando a C. Joudain, podemos asegurar, “que el espíritu humano es como el “original” que cada sistema de pensamiento trata de reproducir, necesario es pues conocerlo para comprender bien, y sobre todo, para juzgar tantas doctrinas en las cuales se ha depositado el conocimiento de sí mismo. Sin este conocimiento, la naturaleza de una época queda reducida a un catálogo estéril” de fechas de calendario, de donde nada productivo podrá jamás salir.” Pues en general, el espíritu de una época depende de las doctrinas  que en ella han prevalecido, y las vicisitudes que se observan en las leyes y en las costumbres de las naciones tienen por causa primera el trabajo interior que ha tenido lugar en las ideas.”
Finalmente, todo acercamiento a la comprensión de los fenómenos político-ideológicos, supone reconocer que las personas lo hacen desde tres enfoques de razonamiento argumentativo. Que es por lo demás, la única manera que tiene el intelecto humano de alcanzar la verdad, dado que el conocimiento humano no es intuitivo como los espíritus puros, sino indirecto y la verdad debe ser alcanzada, como ya señalamos, por la demostración en base a pruebas y evidencias desarrolladas en un argumento, que valga la redundancia...pruebe y demuestre como requisito primario para formar el juicio y convencimiento sobre la naturaleza, carácter y razón de ser de una cosa. Es así, que  esta comprensión señalada, la manifestamos solo y unicamente desde el punto de vista del análisis a partir de lo que hemos establecido como tres modalidades o estadios de la lógica. No quiere decir esto que existen tres lógicas como manifestación formal de la verdad. Pues solo existe una. Unicamente queremos sentar como parte del método analítico, la circunstancia de que existen tres estadios de comprensión del proceso revolucionario y cada uno de ellos desarrolla su propia lógica para llegar establecer la veracidad del conocimiento específico que tiene o ha alcanzado de dicho proceso. Que esta comprensión guarde una relación coherente con el pensamiento formal y la lógica del proceso revolucionario, constituye el “quid” de la cuestión analítica que pretendemos dejar sentada como precedente metodológico.
1.- LÓGICA INTERNA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO: Es la que establece en primer lugar, la relación correcta, directa y obvia; entre la naturaleza misma de la revolución y su especificación práctica como teoría y doctrina política, tendiente a transformar la realidad en todas sus manifestaciones de acuerdo al fin ideológico que es propio de la cosmovisión y teoría del conocimiento de quienes han dado forma y contenido con ellos, a un determinado proceso revolucionario para alcanzarlo. En este caso puntual, el neo-marxismo o nuevo socialismo. En segundo lugar, es en el mismísimo proceso de renovación del comunismo donde es más patente el desenvolvimiento de “su lógica interna”. En efecto, lo que media entre las principales características del antiguo modelo revolucionario y las peculiaridades de este nuevo modelo que se liberó formalmente al mundo con...no la “caída”...sino el “abandono” de los socialismos reales; es precisamente esa lógica implacable apañada por el procedimiento de la “crítica interna” y el principio teórico comunista, de la “correcta lectura de las condiciones objetivas para la revolución”. De manera que es absolutamente metódico porque es de manual; la evolución lógica del proceso revolucionario por medio de la profundización de sus categorías ideológicas. Es decir, que exista y sea posible el abandono de ciertas teorías y experiencias revolucionarias que demostraron ser un obstáculo para la construcción del socialismo. Que a fin de cuentas burocratizaron y anquilosaron la revolución; como así mismo, que existan y sea posible el asumir nuevas teorías y prácticas revolucionarias surgidas a la luz de la natural subjetividad para el pensar y el hacer, de una doctrina que asume la permanente evolución como principio justificador y ordenador de la realidad. Lenin, uno de los principales teóricos de la revolución lo afirma taxativamente: “el factor decisivo para aceptar o rechazar una idea, está dado por la utilidad de la misma en los planes del partido”. En conclusión, quien no asume el conocimiento y entendimiento del neo marxismo, de su nueva conceptualización teórica y de praxis revolucionaria, a partir de su “lógica interna”, no solo no va a entender nada; sino que además se situará en una posición que estará anclada al pasado y a una falsa, incompleta e incorrecta interpretación del proceso revolucionario moderno.



2.- LÓGICA EXTERNA DEL PROCESO REVOLUCIONARIO: Dice relación con la
comprensión siempre subjetiva de la política y que tiene su origen en una asimilación falsa de la misma. Que descansa sobre un conocimiento y entendimiento que no guarda relación con la concepción propia de aquellos que siendo sus autores y teóricos; en el caso de la revolución, son los que originalmente han establecido su naturaleza, carácter, medios y fin. De allí, de esa posición que aplica una lógica externa propia de un criterio subjetivo y distinta de la del proceso revolucionario, surgen crasos errores como los siguientes:
1.- Tomar como cierta y segura la “información oficial”.
2.- Reproducir categorías ideológicas prefabricadas que no se entienden en su verdadero carácter, fin y alcance ideológico, ni en los distintos planos que operan.
3.- Estructurar el análisis del proceso revolucionario a partir de la formalidad tanto de la política como del proceso en sí mismo sin llegar a su esencia.
4.- Repetir “conceptos” para explicar la realidad, cuyo significado está dado por el poder hegemónico de la revolución, es decir por su ideología, y no por el significado propio de uso habitual de las palabras. Por ejemplo, en los textos de la renovación socialista de acuerdo a la resignificación del lenguaje a partir de Gramsci, se llama a hacer “socialismo sinónimo de democracia”. Por lo tanto, cuando la ex presidenta Bachelet en su momento señaló que “debemos profundizar nuestra democracia”, debemos entender que a lo que se refiere es a “profundizar el nuevo socialismo”. Pues todas las reformas en educación, justicia, administración estatal, etc. han sido orientadas efectivamente en ese sentido.
Sin ir a las fuentes del pensamiento de quienes crearon, propagan y ejecutan la revolución, no es posible entender su dinámica ni desarrollo. Ni es posible llegar a la esencia ideológica que es la fuente de la racionalidad de sus acciones revolucionarias. Por lo tanto, desde una lógica externa que se desarrolla sobre un conocimiento parcial, no es posible emitir un juicio plenamente informado, sino solo una opinión; que es una simple estimación general sobre algo que “se cree que es”.
3.- LÓGICA FORMAL: El origen del juicio que dirime lo falso de lo verdadero para la especulación filosófica marxista, no está asentado en la verdad tradicional aristotélico- tomista que afirma que: “las cosas existen fuera de nosotros y su conocimiento depende de dos factores; de la existencia del sujeto conocido (estímulo) y de la existencia de un conocedor (sujeto cognocente)”. Como la misma experiencia sin mayor problema confirma. Para el marxismo no existe una realidad externa distinta del ser humano. Todas las concepciones sociales, económicas, políticas, morales y culturales  que elabora su dialéctica, obedecen a una matriz claramente inmanente, en la cual nada es fijo sino que todo está sujeto a un cambio propio de las supuestas “contradicciones internas” que porta en sí todo organismo. Puesto que la materia es la fuente de todo y está en permanente evolución, el hombre está sujeto a un determinismo materialista que lo encierra en un único ciclo de vida...el de su cuerpo. De esta forma el hombre nace, crece y muere. No hay otro mundo ni nada espiritual o superior al hombre que determine su naturaleza como un principio distinto y externo al hombre mismo. De esta manera, el hombre es un “ser cerrado” que no puede alcanzar el conocimiento de una realidad anterior y superior a él. Así, es completamente incongruente por ejemplo, que un marxista hable de “libertad”, “espíritu”, “justicia”, “bien”, “verdad”, etc. cuando de acuerdo precisamente a la “lógica formal”; no puede existir libertad en un sistema de pensamiento “determinista” o un “espíritu” allí donde la materia, que es lo opuesto al espíritu, es considerada la causa de todas las cosas. Por su parte, la lógica formal establece las formas del raciocinio humano, se preocupa de que los argumentos por medio de los cuales se establece o demuestra la naturaleza de las cosas, estén en consonancia con las leyes de la lógica. La verdad es de por sí absoluta y objetiva y se manifiesta de tres maneras, lógica o formal (naturaleza del raciocinio), ontológica (naturaleza de los seres y las cosas) y moral o lingüística, pues descansa en las palabras que afirman la verdad. Se debe establecer entonces, la veracidad de la argumentación neo marxista, de acuerdo a las manifestaciones de la verdad y en relación a la naturaleza del hombre, el Estado, la sociedad y el gobierno que se da a sí mismo un Estado Nación. Solo desde esta posición entonces, es posible hacer un análisis integral. Plantear una argumentación válida para un juicio objetivo que pruebe y demuestre la falsedad de la dialéctica marxista y reconozca que su lógica interna nada tiene de sustento en la lógica formal del pensamiento verdadero, sino en la lógica propia de un materialismo determinista que reduce al hombre a materia pura. El aborto tiene por ejemplo aquí su justificación plena. Pues para el neo marxismo; el hombre no nace, pues “no es creado”, sino que “se hace”. Es un “constructo social”. De esta forma los vericuetos de la re enfocada dialéctica neo marxista, eliminan a Dios no en sí mismo y por si mismo, en la negación de su existencia y en la prohibición de su creencia; sino que ahora lo hacen a partir de la negación de la obra de Dios tal cual como salió de sus manos. 

MARCO METODOLÓGICO ARGUMENTATIVO 

Sobre la política se ha ido acumulando una pátina falsa, que a la par de ocultar su verdadero rostro, deja traslucir una paradoja con visos de tragedia, dados los aciagos tiempos que vivimos. Esto, porque nunca antes en la historia del mundo, la política había alcanzado los grandes niveles de influencia a escala planetaria como en este siglo que recién comienza. Pero esta aseveración no es inferencia del alcance e instantaneidad de las comunicaciones modernas, que han transformado al planeta en la manoseada consigna descriptiva cliché “una aldea global”. A lo que apunta como natural deducción, es a la constatación ineludible de que nunca antes se habían podido registrar hechos históricos de índole ideológica de una gravedad tan trascendente en contenido y extensión. Se advierte hoy en día, en efecto; el diseño, la planificación y la puesta en marcha, de incuestionables arquetipos ideológicos destinados a influir al mismo tiempo y transversalmente, en continentes, naciones, Estados, universidades, escuelas, familias, organizaciones nacionales e internacionales, sociedades, comunidades y culturas; en un fluir constante de ideas y acciones homogéneas, que van desde lo “local” a lo nacional, de lo nacional a lo internacional y viceversa. Todo ello registrado en un proceso revolucionario neo marxista de nuevo cuño, más radical y más subversivo. Depurado ideológica y doctrinariamente, con nuevos contenidos y con nuevas tácticas y estrategias en su accionar, lo que ha determinado que su radio de influencia en el presente sea inconmensurable y muy complejo de diagnosticar y decodificar.

Peor aún, el ejercicio de la política hoy en día demuestra de manera irrefutable, que está desnaturalizada, deshumanizada y desnacionalizada, y por lo tanto, desprovista de principios y hechos que sean capaces de producir aquellos lazos de efectiva y natural correspondencia, identidad e integración; con el ser que la genera y la sustenta y la agrupación que lo acoge e identifica: el hombre y su sociedad nacional. Y he aquí la gran contradicción. Por un lado, precisamente ahora en que la naturaleza y finalidad de los conflictos ideológicos nunca habían sido tan agudos y la curva de su influencia tan dilatada, por el otro; en contraste, la esencia de sus postulados nunca fue tan groseramente desconocida, infravalorada y peligrosamente relativizada.
Es así que en estos tiempos de multiplicidad de conflictos políticos y manifiesta convergencia ideológica de los mismos dentro un mismo y persistente proceso revolucionario que ha explayado las fronteras de su dialéctica, es extremadamente difícil y complejo su análisis por una serie de factores que en un resumen muy esquemático podemos constreñir en cuatro puntos.
1.- La naturaleza y compleja composición ideológica de dichos conflictos y su nueva formalidad. Constituye este aspecto que llamamos composición ideológica, un área ignota en la mayoría de los análisis, pues es tratada de manera muy superficial. En efecto, solo para aclarar este punto, que no podemos desarrollar aquí en profundidad, diremos que escapa a la observación de ciertos conflictos ideológicos puntuales y en el desarrollo de distintos aspectos del proceso revolucionario neo marxista, la confluencia que se produce en estos, de ciertos lineamientos teóricos y de praxis, que no solo no se condicen con la vieja y original escuela de la rigurosa doctrina comunista, sino que además, son parte de los postulados doctrinarios de sus enemigos “formales“ en lo ideológico como lo son, la social democracia, el anarquismo y el socialismo utópico entre otros. Carlos Altamirano ex secretario general del Partido socialista chileno e ideólogo de una de las experiencias revolucionarias históricas más importantes del comunismo del viejo modelo unipartidista soviético estatal; la Unidad Popular del gobierno de Allende, expresa en 1989 que “después de todo, en aquellos que calificábamos peyorativamente como reformistas (social demócratas), existía -potencialmente- una fuerza de cambio“. Aceptando de esta manera como legítima para el nuevo modelo revolucionario, la praxis de las reformas paulatinas desde dentro del sistema político democrático capitalista-burgués y por lo tanto, como vía legítima de construcción del socialismo. Quedando superada entonces, la aguda dicotomía “reformismo (socialdemocracia) o revolución (comunismo)” por la reformulación del concepto “cambio revolucionario”.
Otra fuente a venido a constituir, los dirigentes y teóricos expulsados y excomulgados por el partido, siendo sus teorías anatematizadas como “desviacionistas“ en relación a la linea oficial y hoy plenamente rehabilitados en lo personal y doctrinario. Mención aparte e imposible de desarrollar acá, es el acto de asumir, no creíble para algunos, de plena racionalidad diremos nosotros, aquellos aspectos más importantes de la Civilización Cristiana Occidental; en lo económico, en la organización social, en el asumir la acción en y a partir de la conciencia individual, en el evitar actuar sobre los accidentes substanciales (familia, sociedad) e ir directo a las esencias (naturaleza humana), por ejemplo y en otros de mayor complejidad como el sentido de universalidad e integración a un orden superior elaborado en torno a una gnoseología del conocimiento humano, como primerísimo estadio del proceso de “desalineación” necesaria que siempre ha propugnado el comunismo, como mecanismo de ruptura con el “viejo orden”, pero ahora elaborada bajo una nueva matriz. Al respecto, Konrad Low en su obra “La Fascinación del Comunismo”, estudia este tema dentro del contexto de la evolución histórica del cristianismo mediante el dogma y las escrituras y hace un paralelo entre cristianismo versus marxismo, en el sentido de la suplantación que hace éste último respecto del primero, de su mensaje de “reforma” del hombre y la sociedad. Claro que con las propias palabras de Low, nosotros también afirmamos que “se podría negar en igual forma la igualdad de los esqueletos del mono y del hombre, como la igualdad de estructura del marxismo y la cosmovisión cristiana”. Es así que tal vez la lectura más superada de este paralelismo impío y el afán de suplantación de la doctrina cristiana por parte del marxismo; su principal y único enemigo mortal, es ese mesianismo determinista sobre el inevitable advenimiento del socialismo, acompañado de ese materialismo de manual de colegio, que Gramsci se encargó de sepultar y que en su reemplazo logró dar a la inmanencia materialista una real dimensión de estrategia práctica revolucionaria enormemente efectiva, a partir de la resignificación del lenguaje y la anulación de su sentido metafísico trascendental cristiano.
A toda esta externalidad de nuevos agentes que reformulan y amplían enormemente la teoría y praxis revolucionaria, dotándola de una eficacia y profundidad insospechadas, se debe agregar su mismo proceso crítico de reformulación de sus categorías ideológicas esenciales y fundacionales. La escuela de Frankfurt, el freudismo marxista, A. Gramsci, G. Luckacs, P. Togliatti, J. Mariátegui, son en una primera etapa, algunas de las instituciones e intelectuales marxistas que sepultan el antiguo modelo revolucionario marxista-leninista a partir de 1989 y permiten el surgimiento del llamado Euro comunismo (neo socialismo) que arribó a nuestras costas en el equipaje de los exiliados del 73 que fueron a aprender en las mismas fuentes de la renovación marxista, las nuevas y mortíferas pestilencias que sutilmente actualizaron las viejas aspiraciones comunistas de crear a un nuevo hombre y una nueva sociedad hechos a su medida.
2.- La carencia de estudios analíticos integrales. Lo que vendría a traducirse como ausencia de análisis rigurosamente profesionales y que en la mayoría de los casos o toma como premisas referentes analíticos ideológicos equivocados, extemporáneos o simplemente focalizan el análisis desde una arista contingente o coyuntural que redunda en una parcialidad analítica o una sobre valoración de esta misma arista, perdiéndose así la visión integral del proceso revolucionario, tanto desde su origen, su nueva y adaptada formalidad conflictiva y el desarrollo y proyección de la misma en el tiempo, en pos de un fin ideológico predeterminado. De esta forma, dicho análisis entrampado en la contingencia, no pasa de ser una especulación intelectual de escritorio disociada por lo tanto de todo realismo político. Ningún análisis que se quede solo en la interpretación de la formalidad de los actos revolucionarios de la contingencia, podrá traspasar los distintos niveles de la realidad donde interactúan y mucho menos podrá -lo reiteramos por su importancia- proyectar en el tiempo esa formalidad de la acción revolucionaria en vistas a tomar las medidas para anular la proyección del proceso ideológico y evitar su consolidación. Y aquí surge una nueva complejidad en el análisis. Ninguna de las acciones revolucionarias son determinadas en su naturaleza y trascendencia; específicamente las de vanguardia, por una sola interpretación de la misma. Es decir, determinadas acciones revolucionarias pueden ser conceptualizadas en distintos esquemas analíticos, porque su campo de influencia traspasa el mero acto de formalidad revolucionaria con el cual surgió en un determinado proceso ideológico o en una etapa decisiva del mismo. Tomemos como ejemplo la original revolución molecular disipada. La decodificación de la guerra molecular disipada puede ser realizada desde variados puntos de vista, como su naturaleza, función y objetivos. Es así que solo desde la particularidad de su naturaleza, podemos afirmar como ya lo señalamos, que esta nueva modalidad de violencia revolucionaria, no es más que la reformulación de la “vía armada al poder” surgida en un escenario teórico post Escuela de Frankfurt e implementada en el contexto socio político del capitalismo tardío o moderno según esta misma escuela. Además, en segundo lugar esta “nueva formalidad” de la vía armada al poder, también es una nueva caracterización de la guerra subversiva que se da a su vez, dentro de la reconfiguración gramsciana de la lucha de clases. Esto es, “sociedad civil” (proletariado) versus “sociedad política” (burguesía).
La multiformalidad conflictual ideológica como expresión de una nueva teoría-praxis revolucionaria, exige no solo la permanente necesidad metodológica de desagregar parte por parte los variados componentes de un determinado conflicto ideológico para su estudio, sino que además al mismo tiempo, remontarse a la matriz originaria en sí misma, esto es; en su esencia y carácter irreductible de cosmovisión ideológica DOCTRINARIA que explica al hombre, al Estado y a la sociedad para así poder discernir, cuales de sus atributos esenciales -siendo naturaleza (materialismo) y forma (comunismo) los principales- permanecen inalterables o renovados y la razón de su evolución cuando esta es efectiva, en su intento persistente de imponerlos a como de lugar a toda la sociedad. Carlos Altamirano, ex secretario del partido Socialista chileno y pionero en Hispanoamérica de la renovación socialista, lo expresa de la siguiente manera: “No es que haya cambiado una verdad por otra, sino que cambié la forma de aproximarme a NUESTRA VERDAD“. Por lo tanto, un análisis desde la perspectiva neo marxista sobre cualquier conflicto moderno, sea cual sea el carácter del mismo, debe saber explicar esa “aproximación“ de nuevo modelo revolucionario a la vieja verdad marxista y no  quedarse en la coyuntura de la contingencia política en su “formalidad“. Con esto queremos dejar recalcada la idea de PROCESO IDEOLÓGICO Y REVOLUCIONARIO sujeto a una revisión y corrección interna PERMANENTE, como marco referencial ideológico analítico de todo conflicto político. Y el concepto “marco referencial” en rigurosa acepción idiomática, no es más que aquello por medio de lo cual se “describe objetivamente algo...ateniéndose a la realidad”. Y esta realidad en su dimensión política se debe tomar y estudiar a partir del desarrollo de la vida del hombre en un espacio, tiempo y cultura determinada. Tengamos presente aquí la máxima de Lenin: “EL CARÁCTER DE LA ÉPOCA, DETERMINA EL CARÁCTER DE LA REVOLUCIÓN“.

3.- Modificación o anulación de las categorías trascendentales del pensamiento metafísico. Tal vez el factor de mayor dificultad, lo constituye la ausencia en el común de las personas receptoras de estos análisis, de las categorías del pensamiento necesarias para interpretar y decodificar todas aquellas ideas y argumentos gneseológicos que es imprescindible al menos conocer en forma superficial, para concebir los conflictos políticos modernos en sus justas dimensiones de origen, esencia, forma, símbolos y finalidad ideológica. Circunstancia ésta de suyo compleja, pues implica nada menos que la capacidad de inteligir (concebir, conocer y entender) el mundo y los seres que pueblan e interactúan en los distintos planos que conforman la realidad, a partir de absolutos trascendentales metafísicos que ya no se enseñan. Añádase aquí como agravante, lo  que el genial R.P. O. Lira denomina como mentalidad borreguil: “aprender para repetir, en vez de aprender para COMPRENDER”. Y que no es otra cosa que la porfiada negativa moderna del hombre, a pensar con propiedad para obtener un conocimiento cierto, seguro y necesario, sobre aquellos problemas más urgentes de la vida humana y su positiva resolución para vivir una vida realmente plena por medio del uso consciente y responsable de todas sus potencias y facultades. Y tal vez lo más importante, la relación metafísica que subsiste entre toda cosmovisión ideológica y su correspondiente intento por informar el sentido de la vida personal y social. Pues otra cosa no es y no significa más, que INFORMAR EL PROCESO DE LA VIDA HUMANA, el concepto gobernar. El que desgraciadamente se confunde con la formalidad de la política, esto es, copar “democráticamente” por un periodo determinado de años los cargos administrativos estatales en la concepción de organización político jurídico administrativa superior que se le atribuye al Estado en sí mismo. El fracaso de los “socialismos reales” tal vez sea el ejemplo más claro de estos equívocos sobre la definición correcta de los términos POLÍTICA y GOBIERNO, en sus áreas de influencia y alcances; y en el complemento y enfoque de ambos conceptos para la resolución de los fines mediato y remoto de la vida del hombre en sociedad, por medio del bien común, poniendo para ello en funcionamiento los procesos, métodos y medidas necesarias para lograr alcanzar su armoniosa  ejecución. En otras palabras, se equivocan enormemente quienes creen que el fracaso del comunismo fue su imposibilidad de llevar a la práctica de manera efectiva por medio del control estatal total, sus postulados socioeconómicos para la construcción de una sociedad más justa. Pues nada tiene que ver la economía con la construcción del socialismo como lo aclaró en su momento Gramsci. Debemos reiterar aquí, que estos “equívocos”, fueron resueltos positiva y exitosamente por la izquierda, dando vida a un nuevo y refinado “corpus” ideológico y sus correspondientes teorías, praxis, concepciones táctico-estratégicas, sus nuevos agentes de subversión, su nueva utopía y nuevos “paradigmas/arquetipos” enmarcados en un nuevo modelo revolucionario conocido como: euro comunismo, neo marxismo o neo socialismo. No podemos decir lo mismo de sus oponentes o de quienes creen ser oposición consciente y verdadera al  nuevo proceso revolucionario moderno. Los cuales las más de las veces, tienen no solo una idea equivocada sobre el comunismo (no lo conocen ni en sus nuevas formas ni en sus verdaderas fuentes ni en sus reales alcances) sino que además, no están al tanto de todo el proceso y mecanismo de autocrítica interna de renovación ideológica marxista, de los factores históricos-doctrinarios y la superación -o el perfeccionamiento según sea el caso- de sus teóricos o estrategas que incidieron ostensiblemente en dicha renovación. Necesario es entonces que junto al marco referencial ideológico mencionado

anteriormente, se desarrolle un imprescindible marco metodológico analítico- argumentativo que nos permita calzar cada pieza histórica de la experiencia marxista, en el lugar que le cupo en el proceso de renovación junto a otros factores también determinantes. Como así mismo, decodificar las nuevas experiencias y su importancia en la conformación de la nueva y avasalladora hegemonía ideológica del neo marxismo.
4.- La verdadera naturaleza y fin del comunismo que persisten inalterables en el nuevo modelo revolucionario. Un último inconveniente no menor que vendría a cerrar el breve esquema del marco metodológico analítico-argumentativo esbozado en el punto anterior y que continuamos en este, lo constituye el cúmulo de errores que nacen de la ignorancia intelectiva del cuerpo doctrinario de ideas (ideología neo marxista), la lógica bajo la cual operan y la gravedad que se desprende de ellas en cuanto están destinadas a su vez, tanto ayer como hoy; a informar de manera específica el proceso revolucionario encaminado a trasformar de forma radical, la matriz político-cultural de una determinada sociedad. Proceso que necesariamente pasa por el cedazo de la teoría revolucionaria para que luego, mediante una táctica y estrategia consecuentes, se externalicen en la praxis revolucionaria puesta en acción por los agentes subversivos del “cambio epocal“ (Lenin). De esta forma, no es posible bajo un punto de vista parcial, develar la correcta relación causa-efecto de ciertos fenómenos ideológicos, sino se puede ascender, porque se desconocen; desde esos “nuevos agentes subversivos del cambio” (homosexuales, lesbianas, indígenas, animalistas, ecologistas, et.), hacia sus nuevas fuentes ideológicas que explican su nueva formalidad revolucionaria. O para ser más precisos, relacionar siempre doctrina, teoría y praxis revolucionaria como las únicas fuentes correlativas verdaderas de los fenómenos políticos contingentes y de esta manera, catalogar como peligrosa irresponsabilidad aquella liviandad con que se les trata, pues se infiere de esta misma irresponsabilidad, una lectura que relega la causalidad de la fenomenología política a la ausencia de una intencionalidad intelectual preconcebida. Como si los hechos concernientes a los procesos revolucionarios fueran producidos por “generación espontanea” u obedecieran a la naturaleza “de una época”. Esto es, como si la “época” que nos tocó vivir, fuera un ente susceptible de racionalidad y por tanto de intencionalidad volitiva que busca generar cambios por si misma a partir de si misma. Esta irresponsabilidad que no es más que una ignorancia desidiosa por parte de quienes tienen el deber de velar por la integridad y los destinos de la Nación, es fuente de tremendos peligros para su subsistencia. Genera además, la inevitable inseguridad, desorientación y dilación que dificultan en sumo grado la necesaria resistencia en regla al último y violento ciclo del proceso revolucionario que nos afecta desde el 18 de octubre.

Por otro lado, la complejidad de los fenómenos políticos revolucionarios en lo que tienen de profundos agentes de subversión y transformación social y el consecuente nuevo orden que persiguen generar, debe ser asumida en rigor, de acuerdo a una jerarquía ontológica y axiológica por los alcances metafísicos y teológicos que de suyo tiene todo proceso revolucionario y en particular el moderno. Lo que significa que la prioridad analítica al conflicto ideológico del presente, obedece o está subordinada necesariamente a la naturaleza de aquellas ideas que forman parte del poder hegemónico (Gramsci) que sustenta la contingencia, la proyecta en el tiempo y es al mismo tiempo la inequívoca fuente del poder político formal (izquierda parlamentaria) e informal dominante como fuente de la subversión (izquierda extraparlamentaria. La calle: guerrilla subversiva) y el fin ideológico que sustenta este conato revolucionario de “refundar a Chile” (la revolución desde arriba). Es así que conflictos como los creados por ejemplo, por el movimiento indigenista, el aborto, las políticas de género y las sexualidades “modernas“, como parte integrante de la renovada ideología neo marxista deben calzar necesariamente con plena lógica revolucionaria y coherencia ideológica dentro de una nueva formalidad del mismo proceso político revolucionario que ha sido sostenido en el tiempo, desde la macabra, atea, genocida y anticristiana revolución francesa cuyas “ideas” siempre tendieron hacia el mismo fin que ha hecho suyo el comunismo; - entendiendo que el comunismo se declara hijo ilustre y continuador de la revolución francesa-, fin que no es otro que la anulación de todo lo espiritual trascendente cristiano en el hombre y su reemplazo por lo existencial inmanente y anticristiano.
  Ahora ¿donde reside la originalidad del planteamiento de este análisis? No precisamente en el acto de levantar el dedo para señalar un conflicto y motejarlo nominalmente como “neo marxismo“. Aunque abundan los que no son tomados como tal con todo el peligro que ello implica. La originalidad está dada por una cuestión de simple metodología analítica y que más o menos se infiere de todo lo señalado hasta aquí. Y para ser sinceros, esta metodología analítica no solo es el imperativo profesional de quien elabora determinadas tesis politológicas a desarrollar, sino que además, nace forzada por la realidad misma del presente revolucionario como sustrato analítico. Esto significa que en primer lugar, se debe explicar y demostrar que el fenómeno de la revolución neo marxista en su totalidad no es más que la reformulación y profundización de sus premisas ideológicas fundacionales y no la superación de las mismas por el “abandono“ de ellas en pos de un pseudo proceso de avenimiento democrático que suavizó sus categorías ideológicas más radicales como la vía armada al poder, la extinción de la religión y la supresión de la propiedad privada. O a la absurda afirmación de que el comunismo “reconoció” sus errores o peor aún, asegurar como lo hace la mayoría, sean legos o profesionales de la política: que el comunismo es la ideología de los fracasos. Quien conoce un poco la doctrina comunista, sabrá que para un comunista de verdad, el “error” nunca reside en la teoría revolucionaria. Pues ésta tiene un fundamento inamovible e inmodificable...el socialismo científico. El “error” siempre estará en la “praxis revolucionaria“. Es decir, en la incorrecta interpretación de la premisa ideológica como fuente de la acción.
En otro sentido complementario, se debe recordar lo afirmado por Lenin: “el proceso revolucionario está constituido no por uno sino por muchos intentos de construcción del socialismo

Es bajo éste lineamiento doctrinario que se entienden entonces las palabras pronunciadas por la extinta secretaria del Partido Comunista chileno Gladys Marín, en el año 2013, fecha del 30 aniversario del 11 de septiembre de 1973. Palabras que fueron dichas ante el pleno de la “renovada“ izquierda hispanoamericana (incluida toda la guerrilla Hispano Americana) reunida en el edificio Diego Portales de Santiago de Chile: “fuimos derrotados más no aplastados en nuestro intento de construcción del socialismo y lo volveremos a intentar las veces que sea necesario”. Esta es la orientación ideológica táctico-estratégica revolucionaria rigurosamente leninista, que explica en parte, este “nuevo asalto” que sufre nuestra patria por construir en ella una sociedad socialista. Que este asalto sea en propiedad el definitivo, es lo que pretendemos demostrar y lo que inspira al mismo tiempo la tesis central de este escueto análisis. Sin embargo, lo definitivo de este proceso revolucionario, no viene dado ni por la violencia ni por la formalidad de la nueva guerra subversiva (revolución molecular disipada) a pesar de su manifiesta gravedad. Ambos no son más que meros accidentes tácticos, que siempre han sido el apoyo necesario para el proceso revolucionario de su vanguardia doctrinaria. Tampoco lo definitivo viene dado por el cambio en la formalidad de un “gobierno liberal por uno socialista”. También mero accidente formal en la estructura político jurídica administrativa superior que es en sí mismo el Estado. Lo definitivo de este proceso revolucionario, viene dado por la anulación y destrucción del hombre mismo en cuanto tal. Con todas sus potencias y facultades. Es decir, en cuanto a organismo dotado de una unidad consubstancial de alma y cuerpo, poseedor de un origen y un fin divinos que lo hacen trascender toda realidad terrena y su reemplazo por una “estructura funcional de órganos que se complementan con otros órganos”, sin determinación metafísica alguna externa distinta y superior. Sin determinismo ontológico alguno. Peor aún...sin siquiera la idea de “organismo humano” como referencia concreta sobre la cual sentar algún grado de distinción y supremacía jerárquica con respecto al mundo circundante. Esta circunstancia da cuenta de la profundización dialéctica ya mencionada y que ha dado paso a la sacrílega superación de la negación de DIOS. Ahora lo que se afirma en esta nueva escuela de pensamiento revolucionario, es la MUERTE DEL HOMBRE (M. Foucault Escuela de Frankfurt) Finalmente, debemos consignar que lo complejo del análisis politológico moderno en general y del proceso revolucionario que vive nuestro país en particular, es precisamente hacer “visible” los “accidentes revolucionarios” de este nuevo proceso revolucionario y su perfecta unión racional con las inmodificables pero actualizadas concepciones metafísicas que le dieron origen. O la negación de las mismas para ser más exactos y que llevan a una anulación total del hombre en esencia y forma. Y si cambia la esencia misma del hombre...cambian en consecuencia, todos los accidentes substanciales que nacen de su mismísima y singular naturaleza, esto es; se modifican la familia, la comunidad de vida y de trabajo, la sociedad, el Estado y el gobierno que se da a sí misma la sociedad en su estructura jurídica superior de orden y bien común que es el Estado.
En síntesis, podemos afirmar que las concepciones más avanzadas de los procesos revolucionarios marxistas a lo largo de la historia, no han fracasado, porque hasta aquí no han sido más que etapas. Cada una de ellas ha sido un mero punto de reposo sobre una marcha ascensional, que retoma desde ese nuevo punto de referencia, llamado a ser la base de una nueva idea teórico-estratégica; la dinámica ideológica destinada a su vez a enriquecer y a ampliar, lo reiteramos nuevamente; el mismo y único proceso revolucionario. Cuando se conoce la verdadera matriz ideológica del comunismo, su naturaleza y su fin, se puede afirmar con pleno conocimiento lo que acabamos de decir. Y sírvase entender lo recién expresado, como lo que es: inferencia lógica de una premisa de metodología analítica que perfilaremos en lo medular para cerrar nuestro marco teórico y que distingue este cuarto punto del tercero. En el anterior remarcamos la idea de proceso

integral el cual necesariamente debe reflejarse en el análisis y acá insistiremos en la idea de la metodología necesaria tanto para el análisis en cuanto tal de dicho proceso, como también para la exposición argumentativa mediante la cual se debe dar a conocer.
En segundo lugar, se debe explicar y demostrar que el nexo entre el comunismo clásico y el neo socialismo. descansa sobre los siguientes elementos:
1.- Entre comunismo clásico y neo socialismo., subsiste el mismo macro fin ideológico o fin último.
2.- Entre comunismo clásico y neo socialismo., permanecen inalterados los cuatro objetivos tendientes a lograr alcanzar el fin último.
3.- La única diferencia real consiste en una “divergencia“ táctico-estratégica de la “formalidad“ en la implementación de los cuatro objetivos señalados, que está dada como ya señalamos, por una profundización de sus categorías ideológicas y que son: A) el fin de toda religión e idea de Dios y específicamente la extinción de la religión católica. B) La extinción de todos los Estados-naciones y de todo sentimiento de patriotismo. C) La desaparición y substitución de la familia tradicional como núcleo social básico. Y D) La supresión de toda propiedad privada.
Sírvanos aquí para ilustrar esta cruda realidad que surge de la nefasta ideología neo marxista, la afirmación del P. Virgilio Filipo hecha hace varias décadas atrás y que no a perdido nada de actualidad: “Los revolucionarios no son adversarios de opiniones accidentales, sino enemigos de principios esenciales“. Y estos principios esenciales, OBJETIVOS HISTÓRICOS A DESTRUIR POR EL COMUNISMO, no son otra cosa que los fundamentos de la Civilización Cristiana Occidental. Es por este lado de las ideas metafísicas y teológicas e intenciones y objetivos revolucionarios inmanentes, antinaturales y anticristianos, que se debe entender la consigna: “REFUNDAR A CHILE”, a partir de una nueva formalidad revolucionaria y sus nuevos agentes subversivos. Que la punta de lanza para activar este decisivo ciclo revolucionario neo marxista que está ad portas de cerrar el último proceso revolucionario comunista comenzado hace 30 años en nuestro país, sea el majaderamente reiterado discurso de la “desigualdad social” que genera su pseudo antagonista ideológico, el liberalismo; no debe ser subestimado pues no es ni casual ni superficial, ya que en estricto rigor obedece a la implacable lógica dialéctica de la dinámica revolucionaria con la cual comienzan todos los ciclos “definitivos” de los procesos revolucionarios; esto es... LA LUCHA DE CLASES YA COMO ABIERTA GUERRA DE CLASES.